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Perú: crucigrama político complicado
Roberto Díaz Herrera
El Perú y sus más o menos 26 millones de habitantes, se encuentran en pleno ring side, observando y actuando en uno de los escenarios más complejos e interesantes de las últimas décadas, ya bastantes recargadas de historias especiales.
El país, con su extraordinaria cultura milenaria, sus riquezas y potenciales e igualmente con todos los golpes recibidos, se encuentra definiendo un futuro muy inmediato en un programa electoral lleno de intrincadas tendencias y matices, desembocando en las próximas elecciones generales "a tiro de biombo".
Los candidatos y sus partidos son ampliamente conocidos, salvo el nuevo fenómeno que representa el militar Ollanta Humala, el cual en los tres últimos meses ha logrado saltar a los titulares, a las polémicas, y a toda clase de análisis y especulaciones.
La primera en las encuestas, esas fotografías del momento, es la abogada y política ya experimentada Lourdes Flores, quien lleva las insignias de la Democracia Cristiana. Balanceada, de un buen discurso, refleja además de sus capacidades innegables, un rostro de mujer, que en el sur no es nada malo, observemos lo de Chile, y nos reafirmamos.
Algunos analistas sostienen sin embargo que su techo de crecimiento está algo estancado, aunque hoy parece con amplias posibilidades de competir por la presidencia en la segunda vuelta.
Alan García, representando al partido más antiguo y militante de Perú no necesita de mayores presentaciones. Controversial, criticado y admirado pendularmente, mantiene el título de ser el orador más hábil y recursivo de los candidatos. Sus adversarios son punzantes para señalarle las drásticas medidas contra el empresariado y la banca que asumió en su anterior presidencia, y según las encuestas él recibe la mayor cantidad de rechazos entre los aspirantes. A la vez, su maquinaria partidista, diseminada a lo largo y ancho de la heterogénea geografía física y social del Perú, posee la organización más firme a la hora de recoger votos.
Valentín Paniagua, abogado, mesurado, analítico, de verbo tranquilo y articulado, representa un centro que no tiene dificultades para conversar con varios sectores de la izquierda,aunque se le nota débil, tal vez porque puede faltarle carga emocional.
Estos tres candidatos mencionados parecían reflejar las posibilidades del próximo presidente de la república, hasta que se asomó el joven militar Ollanta Humala, protagonista rutilante de todos los medios de comunicación en las últimas semanas. Es la verdadera sorpresa.
Este hombre es hoy día en el Perú la máxima noticia, atacado a fondo, temido hasta el pánico por algunos sectores, y aclamado en plazas públicas del país por miles de rostros contagiados de emociones inesperadas. Humala es el anti stablish man, que plantea un discurso que él mismo definió hace unas semanas aceptando que todavía no tiene planes de gobierno, aduciendo que éstos pueden variar mucho en meses. Nos parece, y esto no es nada extraño, que la mayoría de los seguidores del militar, lo siguen por emoción o fe ciega, utilizándolo para censurar, protestar y castigar. Nada de esto debemos observarlo con luces cortas, en un escenario de Sur América que ha llevado al poder a Luiz Inácio Da Silva en Brasil, a Tabaré en Uruguay, a Evo Morales en Bolivia, además de los presidentes caídos en Argentina, la propia Bolivia, en Ecuador, todos por protestas de calle. Además de una presencia de Hugo Chávez, claramente definida para bastantito tiempo, en un país polarizado, donde la oposición no ha logrado articularse y hacer un frente sólido.
La América Latina, no hay duda, parece distanciarse de los modelos neoliberales y de la guía de las instituciones financieras. ¿Hasta dónde llegue eso?, está por escribirse. Lo cierto es que todos los partidos de la región deben aprender que las masas débiles han buscado desquites sociales de colores muy diferentes a las ofertas tradicionales.
Como fenomenología social, el laboratorio político del Perú de hoy no es tan extraño, en un país, que como en otras áreas del continente la distribución del ingreso es lacerante, por lo cual la política no resulta tan coherente, ni muy racional. Las emociones están mandando.
¿Quién será presidente o presidenta del Perú? Los analistas más duchos dicen que todavía no se puede apostar, y sin embargo puede ocurrir lo más imprevisible.
El autor es abogado y embajador de Panamá en Perú
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