| pensamiento.
De la ‘Biblia’ y la libertad
José Francisco Molina Crespo
El ser humano tiene el privilegio de la razón, hecho que nos brinda la capacidad de autocuestionamiento. Lo que significa que todos, en mayor o menor grado, vivimos esa hermosa aventura personal de la búsqueda de nuestra identidad. Y de ese afán de descubrirnos a nosotros mismos, aunado al hecho que el ser humano es un ser social por definición, nace la necesidad de pertenencia. Aquella nos incita instintivamente a buscar refugio en el seno de sociedades o instituciones con ideas y concepciones afines a las nuestras. Conducta perfectamente sana y muchas veces necesaria en esa búsqueda interior. Sin embargo, esta decisión debe provenir única y exclusivamente del individuo al que afecta. Esto no debe ser debatible, puesto que lo contrario atenta contra el bien más preciado del ser humano: la libertad.
Sin embargo, en nuestra sociedad panameña ocurre muchas veces todo lo contrario. Ejemplos hay muchos: una dictadura militar, una ocupación extranjera, racismo, abusos de poder, persecuciones políticas, entre otros. Algunos superados, otros tantos aún persisten, y sin embargo nuestra sociedad parece no aprender de sus errores, ya que surgen nuevos ejemplos que añadir a la lista. El más reciente destaca la imposición descarada de un mes a nivel nacional dedicado a la promoción, difusión, lectura y reflexión de la Biblia. ¿Será que olvidamos que no todos los panameños compartimos la misma creencia religiosa?, ¿será que nuestros gobernantes ya no respetan ni siquiera la Constitución y el derecho de libre fe?, O ¿será que el Estado está sucumbiendo a un nuevo tipo de dictadura: la religiosa? Son tristes interrogantes y peor la verdad que descubren. Y pensar que es tan simple como recordar las reglas básicas de urbanidad y convivencia, que adaptadas a la nación, al continente, y al mundo; permiten que la infinita gama de expresiones sociales conviva en armonía.
Es lamentable ver las ideas retrogradas que imperan en las mentes de nuestros líderes. Todo pensamiento es dogmatizado y nuestra sociedad crece con mentes estrechas que muchas veces terminan siendo intolerantes. Por regla general la educación panameña, desde la básica hasta la avanzada, lejos de estimular el pensamiento crítico y la formación de juicios propios acerca de los conceptos básicos que componen estructural y esencialmente la vida, se encierran en estereotipos rígidos de enseñanza, muchas veces obsoletos, que termina con atiborrar las mentes de información carente de contenido.
El individuo que se atreve a pensar diferente, a concebir la vida de un modo distinto, a explorar creencias y formas de vida diferentes de las que fue expuesto cuando niño, es tildado de raro, perdido y pobre de espíritu. Es incomprendido por su familia y la sociedad.
Nuestros líderes políticos y religiosos hablan de un mes dedicado a un solo libro, que nos brinda sólo una exclusiva forma de pensamiento. Justifican su causa en el hecho de la pérdida de valores que afecta nuestra juventud. Sin embargo, no se dan cuenta que estamos privando a nuestros jóvenes y a nosotros mismos del valor más sublime de todos: la libertad.
El autor es médico interno - Hospital Santo Tomás
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