Presidente Torrijos, usted pudo lucirse y, en cambio, nos madrugó. La designación de los integrantes de la Corte Suprema de Justicia no es más que la confirmación oficial a la continuidad del establishment.
Las figuras seleccionadas tienen delicados antecedentes que podrían comprometer el futuro desempeño y probidad de la Corte. ¿Podrán los nuevos magistrados alejarse de la conocida y pública práctica de protegerse los unos a los otros? ¿Logrará un magistrado que sale del seno de la Asamblea juzgar a sus ex-jefes?
¿Conseguirá un funcionario que ha permanecido por más de 30 años en la Secretaría General de la Procuraduría de la Administración, hacer el giro necesario para sanear la Corte?
¿Será que una suplente de magistrado que tiene más de 35 años vinculada a la función pública –y directamente al Órgano Judicial– responderá al llamado de adecentar la Sala que por años administró? Son cuestionamientos válidos que dejan angustias… solo nos resta confiar en que los nuevos miembros de la Corte juzgarán con imparcialidad y no de acuerdo a sus preferencias o lealtad política. |