| CONVERSACIONES.
La agenda con Washington 2006
Betty Brannan Jaén
PANAMÁ, R.P. - A estas alturas del año pasado, estaba claro que el presidente Martín Torrijos tendría que hacer una visita a Washington en 2005 pero no era para nada predecible que George W. Bush haría una visita recíproca a Panamá. Estaba claro que la embajadora estadounidense, Linda Watt, sería remplazada a la conclusión de su periodo de tres años en el país pero no era predecible que el nuevo embajador, William Eaton, proclamaría a Panamá como a bright spot in the region (un sitio brillante en la región). Se sabía que la Organización de Estados Americanos (OEA) tendría que escoger un nuevo secretario general y que se celebraría una Cumbre de las Américas en Argentina, pero no era predecible que esos dos eventos hemisféricos revelarían divisiones regionales que -según funcionarios panameños-colocarían a Panamá en aquel rol de conciliador que el gobierno de Torrijos desea tener.
A lo largo del 2005, el canciller Samuel Lewis Navarro habló en varias ocasiones de elevar el perfil de Panamá en el escenario global y de crear un rol para Panamá como mediador internacional. En abril, en Washington, Lewis dijo que "debemos estar siempre propiciando el consenso y reiterando que somos un país neutral" y expresó el deseo de que Washington volviera a tener a Panamá en su "pantalla de radar". Luego, tanto en la OEA como en la Cumbre de las Americas, Lewis describió el rol panameño como uno de "armonizar posiciones".
Lamentablemente, ese es un rol que se desenvuelve totalmente a puerta cerrada, lo que hace imposible confirmar la actuación de Panamá. En la Cumbre de las Américas, se sabe que Panamá circuló una posición que agradó a Washington e irritó a Caracas, y que los norteamericanos expresaron públicamente su agradecimiento, pero no se conocen los detalles. En la elección de la OEA, Lewis insiste en que Torrijos tuvo un rol importante en resolver el impasse pero no se ha dicho públicamente cual fue ese rol. En agosto le pregunté de eso al canciller:
"¿Qué fue, exactamente, lo que hizo el presidente Torrijos? ¿Comenzó a llamar a presidentes? ¿Ideó algún mecanismo de concertación? ¿Qué hizo?".
"Usar su relación con los distintos actores para iniciar conversaciones que no se estaban teniendo en ese momento", fue la respuesta vaga que recibí.
En todo caso, el próximo gran reto en Washington es la ratificación del tratado de libre comercio (TLC). Me dicen que cuando Bush estuvo en Panamá, él le dijo a Torrijos que "ustedes [los propios panameños] tendrán que venderle el TLC al Congreso". Además de que Bush parecía lavarse las manos del problema, del lado panameño hay el temor de que aun si Bush quisiera gastar capital político en el TLC con Panamá, ese capital político ya está agotado. Bush está en el momento más débil de su presidencia y hay mal clima en Estados Unidos para nuevos acuerdos de libre comercio.
Eso explica que el gobierno de Torrijos este pensando contratar nuevos cabilderos en Washington. Ya tiene bajo contrato al bufete Arnold and Porter (que cobra más o menos un millón de dólares por año) y al panameño Raúl Romero (que cobra 27 mil dólares al mes) pero la ex congresista republicana Susan Molinari dice también tener "un acuerdo oral" con Panamá. En documentos estadounidenses, ella indicó que Panamá le pagará 25 mil dólares al mes por 15 meses para promover el TLC y mejorar "las relaciones militares Estados Unidos-Panamá".
Sin embargo, Lewis me dijo el jueves que "no hay, en estos momentos, un contrato con la señora Molinari", aunque "esto es parte del esfuerzo que nos corresponde hacer [con respecto] al tema comercial y nuestras relaciones con el Congreso". Él negó que a Molinari se le haya asignado la tarea de mejorar relaciones militares entre los dos países, puntualizando que "aquí no hay militares".
El otro gran tema es la limpieza de los polígonos y de Isla San José. El lado norteamericano me dice que ese tema sigue cerrado por más que Bush haya dicho en Panamá que de esto "podemos seguir hablando... como amigos". Lewis me dijo el jueves que "yo no soy quien para contradecir lo que el presidente Bush dijo con toda claridad ante los panameños". Agregó el canciller, "no he recibido de ningún funcionario una negativa de que sigamos hablando".
Pero del lado estadounidense, precisamente, lo que me señaló el Departamento de Estado es que "Panamá puede seguir hablando y Washington seguirá escuchando, pero nada ha cambiado".
La autora es corresponsal de La Prensa
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