| TRADICIÓN. Navidad en Calle Belén.
¿Berta no ha llamado?
Al inicio, Calle Belén definía las navidades de la ciudad; luego siguieron otras. Hoy, Panamá está toda iluminada.
| LA PRENSA/Nicolás Psomas |
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| ESPÍRITU. El esplendor que Berta Medina sembró vive, lo sentirá quien visite Calle Belén.610987 |
Berna de Burrell
Especial para La Prensa
vivir+@prensa.com
"Oye, ¿la tía Berta no ha llamado?" Esa frase se escucha en Calle Belén desde el mes de agosto, si doña Berta Medina no ha iniciado los preparativos navideños. Ella conoce a sus vecinos personalmente, recuerda los cumpleaños y acude en momentos tristes. Tiene el don irreal de querer a todo el mundo y ser ampliamente correspondida.
A sus 95 años, sigue siendo símbolo vital en Calle Belén y la creadora de su hermosa tradición. Difícil no asociar la Navidad a esa pequeña gran dama que por 45 años, cada diciembre, caminó la calle de arriba a abajo, con lluvia o sol, de día y de noche, preparando el cumpleaños de Jesús. Hasta hace poco, con la espalda curvada por los años, pero con la agilidad que impele el alma, iba detrás de los trabajadores y de los niños, haciendo la lista de las familias que tendrían posada y la de los regalos que entregarían los reyes magos, llamando al pintor para retocar imágenes, al corregidor para la vigilancia policial.
Siempre dijo: "quisiera que algún día para esta época todo Panamá fuera un Belén". Lo logró. Al inicio, Calle Belén definía las navidades de la ciudad; luego siguieron otras calles. Hoy es un placer pasear por la ciudad iluminada.
Recuerdo dos navidades: una en la que llovió a cántaros, lo que no impidió que, resbalando por el lodo, cortáramos pencas para techar el pesebre de la calle. Otra, la de 1989, en que la invasión impidió a algunos vecinos comprar su cena navideña, pero compartimos y hubo abundancia de todo.
Los tiempos han cambiado, las Marías y los Josés de las posadas de antaño se han ido a formar sus propios hogares; el esplendor de Calle Belén se atenuó, pero la tradición no ha muerto. He visto pasar cada noche a María, en su burrito; y a José, pidiendo posada mientras los pastores inundan el ambiente con sus villancicos.
Dicen que las cosas mueren para que renazcan otras. La semilla no cae muerta del árbol, está más viva que nunca sin la ostentación de la flor. Asimismo, el esplendor que Berta Medina sembró vive, lo sentirá en su corazón quien visite Calle Belén.
Hoy, a la tía Berta la alegría se le ha tornado un poco en tristeza. Cuando la visitan, especialmente los jóvenes, les hace prometer que la tradición no morirá. Al verla acurrucadita entre almohadones, con el alma intacta asomándosele a los ojos, pienso en el verdadero valor humano: hacer todo el bien posible y cumplir con humildad la tarea que nos toque, sea la que sea.
Le pregunté: ¿qué es lo que más te gusta de la Navidad?, a lo que contestó: "la gente que cree en ella".
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