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Reportaje especial
Panamá, viernes 23 de diciembre de 2005
 

privilegios.

Honorables por derecho propio

Edgardo Lasso

Se dice que, lo que no está prohibido, está permitido, basándose en este dicho, se cometen grandes injusticias y atropellos contra personas honestas, en su gran mayoría cuidadanos de origen humilde.

Las leyes confeccionadas para proteger a los honestos y a los respetuosos de las mismas, son utilizadas por los deshonestos para burlar los intereses de la gente honrada.

Los llamados "juicios amarillos", donde se documentan actos y hechos falsos, aparentando una legalidad que no existe, afectando los intereses de los verdaderos dueños.

Mientras la Constitución de la República de Panamá estipula que "no habrá fueros ni privilegios", algunos leguleyos piensan que, si existe una ley o reglamento que permita exoneración del impuesto de introducción al territorio nacional, de automóviles para usos y "abusos" de los diputados, así como de los magistrados de la Corte Suprema y del Tribunal Electoral, están autorizados "legalmente" a recibir ese privilegio.

Si además se agrega el poder recibir cierta suma de dinero para la "compra" de gasolina, les da la ventaja en "compensación" por su "gran sacrificio" al no poder efectuar otro trabajo particular, de no tener que pagar impuestos sobre la renta, ni cuotas del seguro educativo o del seguro social, sobre el monto recibido para el combustible de sus autos exonerados. "Lo que no está prohibido, está permitido".

A pesar de las protestas ciudadanas por esos privilegios injustificados, y del intento de eliminarlos de algunos diputados, muy pocos por cierto, a través de varios períodos gubernamentales, los "honorables" se resisten a renunciar a sus "conquistas laborales".

En la época de mis padres y abuelos, ser honorable significa ser un ejemplo de honradez comprobada, sin el más mínimo grado de cuotas, si en algún momento, por cualquier medio, apareciera algún comentario adverso a su hombría de bien, no se descansaba hasta aclarar a satisfacción ciudadana, toda duda o sospecha.

En esos tiempos se practicaba el dicho de que, no solo hay que ser honesto sino parecerlo.

Por eso me llama la atención, cuando algún magistrado o diputado, beneficiario de injustos privilegios, trata de explicarlos con argumentos mercantalistas.

Panamá no es un país rico, como algunos extranjeros y nacionales comentan, en nuestro país hay mucha miseria, gente pasando hambre y sin un lugar decente donde vivir, los abusos de funcionarios públicos recibiendo en exceso emolumentos, es una afrenta al rostro desnutrido de los más pobres.

Las leyes deben ser para proteger al débil, no para burlarse de él.

Exijamos, antes, durante, y después, de cada período eleccionario, honorabilidad y respeto de la integridad moral de cada uno de los candidatos a puestos de elección, sólo así, se justificará la eliminación de la palabra honorable antepuesta al cargo de diputado o representante, pues éstos lo serán por derecho propio, ganado por méritos personales.

El autor es ciudadano panameño


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