| prioridades.
La vivienda popular
Martín Isaac Donderis
Una parte importante de lo que se realiza en nuestro país para dar respuesta al problema habitacional del sector popular, es lo que construye la gente, sin ayuda ni financiación y por su cuenta, con gran esfuerzo y con excelentes resultados en relación a los recursos empleados. Pero estos resultados son insuficientes. Son varias las interpretaciones que se hacen de esta insuficiencia - entre las más aceptadas - es la que expone la mala distribución de la riqueza y el poder en nuestro medio y propicia soluciones basadas en una redistribución con aportes desde otros sectores.
La respuesta es múltiple: hay quienes plantean que estos aportes no deben darse porque hay que lograr un mercado económicamente fuerte, de manera que cada cual pueda comprarse o pagar el alquiler de una vivienda; otros plantean el logro de Estado económicamente fuerte, que dé a bajo precio viviendas a la gente.
Hay quienes sostienen que en el estado actual de nuestra sociedad, la vía hacia una u otra situación llevará décadas, o que éstas son inalcanzables, y que la condición infrahumana de miles de personas podrá superarse mediante un aporte desde los sectores donde están los recursos para hacer esa transferencia dentro de la misma.
La forma adoptada para ayudar consistió en que el Estado construyese viviendas y las entregase terminadas a las personas más necesitadas, a cambio de un reembolso en cuotas. En la práctica y en la mayoría de casos, ésta ha sido nula e insuficiente. Gran parte de las viviendas fueron habitadas por familias con situaciones económicas superiores a la del sector social que no tiene alternativa para solucionar el problema.
El sistema nunca "cerró": las viviendas deben ser pagadas por quienes las habitan, o bien ser subsidiadas con un costo tan alto que los presupuestos disponibles no cubren una cantidad de casos que tenga significado en relación a la necesidad real.
Las salidas para esta situación habitacional intentan ser varias: bajar los costos mediante mejoras tecnológicas, reducir el tamaño, reducir la calidad o, simplemente, hacer la reducida cantidad de viviendas con el presupuesto disponible, postergando la solución del problema.
Otro enfoque pone énfasis en la complejidad y dificultad de control del sistema generador de viviendas, que genera un alto costo agregado y presenta puntos de pérdida, de desajustes o de filtraciones debidas, bajo ciertas circunstancias, a exceso de beneficio, o a ineficiencia o a negligencia técnica. La solución es aplicar controles haciendo este sistema eficiente, eficaz y dándole un saneamiento apropiado.
Todos estos enfoques buscan la reducción de costos y la eficiencia. Hasta ahora no se ha conseguido, con los recursos disponibles, un avance significativo en la solución de las carencias habitacionales del sector popular.
Por respeto y consideración a las personas que trabajan en buscar tecnologías más eficientes o en el saneamiento de las entidades y mecanismos de producción, no debemos afirmar que estos enfoques no son válidos, pero sí poner en valor nuestras dudas y partir de planteamientos diferentes.
Uno de ellos consiste en no insistir en el perfeccionamiento del sistema productivo de lo que es la solución supuesta y ver cuáles son las características del problema - las agudas necesidades que tiene la gente - bajo una premisa de trabajo diferente: Si bien una vivienda completa es la solución perfecta de los problemas habitacionales, no es la única solución en las condiciones de escasez crónica de recursos públicos.
Si analizamos el problema en sus niveles de mayor gravedad y en la enorme cantidad de personas que lo padece, podemos desarmar la solución habitacional ideal en sus componentes, definir cuáles de éstos responden directamente a las necesidades más graves, y centrar la ayuda en la transferencia de los mismos a la mayor cantidad de gente.
Un sistema de agua potable y sanitario para una familia que ha venido usando agua traída en tanques desde una fuente de agua pública a 50 ó 60 metros, o la regularización de la propiedad de su terreno, es más urgente que las fachadas, vidrios en las ventanas, azulejos o zócalos.
Una política de vivienda basada en componentes de mayor a menor nivel de prioridad y la ayuda escalonada en base a las mismas, es un esquema de respuesta adecuado al problema, a la insuficiencia crónica de recursos, y a las prioridades de la gente.
La investigación en esta línea dejó atrás el supuesto de que los políticos y los profesionales de orden multidisciplinario pueden definir una escala de necesidades y de prioridades de solución.
Son verificables los resultados de esta participación en el proceso de producción de sus viviendas y a distintos niveles de responsabilidad: decisión, administración, etc.., a diferencia de los procedimientos vigentes, en que los usuarios juegan un papel pasivo y sin opciones.
Actualmente, las decisiones clave de una política habitacional son tomadas por pocas personas, pero es la sociedad en su conjunto la que genera la atmósfera para que se tomen esas decisiones. De manera directa o indirecta, es la sociedad la que decide cuáles de sus problemas quiere resolver y los que puede ir postergando. Incluso cuáles no quiere ver pensando que de esta manera logran que no existan.
Si la sociedad piensa que es posible evolucionar y prosperar, manteniendo una parte de la misma en condiciones de miseria extrema, se podrán ignorar esos problemas o postergarlos mediante soluciones que no son tales, y evitarse el producir cambios que producen molestias, pero que conducen a propuestas de eficiencia.
El autor es arquitecto e ingeniero civil
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