El laicismo –entendido como el reconocimiento de la autonomía de lo político respecto a lo religioso– es un principio indisociable de la democracia. Se trata además de una de las mayores conquistas de la civilización occidental, por la que se derramó mucha sangre, desde la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, inspirada en la declaración de independencia estadounidense de 1776 y en el espíritu filosófico del siglo XVIII.
Por ello, la irresponsable actitud de los diputados de la Comisión de Educación, que aprobaron en primer debate el proyecto que declarara septiembre como el mes de la Biblia, revela la regresión intelectual que sufren hoy algunos políticos que, o pecan de ignorantes, o tienen una solapada agenda religiosa que sobre una inocente declaratoria esconde un peligrosísimo precedente.
No juguemos con fuego, que la religión y la política no deben mezclarse. El principio laicista postula como hito histórico irreversible, la protección de la conciencia libre del individuo y de su privacidad. Confiamos en que el pleno recapacite y que se rechace un proyecto que pone en peligro la libertad de cada uno de los panameños. |