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Corrupción con vínculos panameños
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Brannan Jaén
PANAMÁ, R.P.- Hace dos semanas, el congresista republicano Randy Duke Cunningham lloró al declararse culpable de haber recibido 2.4 millones de dólares en sobornos de dos empresas contratistas a quienes él les conseguía contratos millonarios con el Pentágono. Ambas empresas -ADCS y MZM Inc.- han tenido vínculos con Panamá. Hasta circula por internet una foto de Mireya Moscoso (entonces Presidenta de Panamá) con Mitchell Wade (entonces presidente de MZM Inc.), durante una recepción ofrecida por USPA (Consejo Empresarial Estados Unidos-Panamá).
La caída del poder de Cunningham es un escándalo grande en Washington por su perfil personal y por el daño político que esto implica para el Partido Republicano.
Al llegar a la Cámara de Representantes hace 16 años, los republicanos consideraron que Cunningham era una "estrella" porque que él había sido uno de los pilotos héroes de la Guerra de Vietnam, al punto que se dice que él fue la figura que Tom Cruise llevó a la pantalla grande en la película Top Gun.
La historia comienza con un tipo llamado Brent Wilkes, que trabajaba con una empresa llamada Audre, especializada en la digitalización de documentos (es decir, trasladar documentos a formato computarizado). Audre deseaba obtener contratos militares, pero el Pentágono ya tenía su propia tecnología para digitalizar documentos. La solución de Wilkes fue darles fuertes donaciones de campaña a los congresistas que tenían poder para aprobar o desaprobar los presupuestos militares.
En 1994, Wilkes fundó su propia empresa para la digitalización de documentos, llamada ADCS, y comenzó a donarle dinero a Cunningham. Por encima de la oposición del Pentágono, ADCS comenzó a recibir contratos millonarios. En 1997, según un artículo de Copley News Service, el senador John Mc Cain acusó públicamente que estos contratos innecesarios desviaban dinero que el Pentágono necesitaba para cosas más apremiantes. Esa objeción tiene un impacto fuerte ahora que hay soldados estadounidenses muriendo en Irak por falta del equipo protector que debieran tener.
En 1998, reporta Copley News Service, ADCS obtuvo su más grande contrato con el Pentágono: un proyecto de casi 10 millones de dólares para digitalizar documentos militares en la Zona del Canal, que pronto sería devuelta a Panamá. La justificación era que la posibilidad de que la China comunista se tomara el Canal, después de la entrega de la vía a Panamá, requería que Estados Unidos retuviera copia digitalizada de millones de documentos pertinentes a Panamá, incluso los planos de miles de edificios en la Zona. El Pentágono se opuso al proyecto porque, según Copley, "la mayoría de los documentos tenía poco valor militar" y era fácil preservar por fotocopia o escáner los que sí tuvieran importancia.
ADCS aparentemente recibió un total de 80 millones de dólares en contratos militares y MZM Inc. recibió 160 millones de dólares.
No hay mucha claridad sobre los servicios que MZM ofrecía, pero uno de sus altos ejecutivos era Joseph Cornelison, quien fue subadministrador del Canal de Panamá en los últimos años antes del traspaso.
Sin atribuirle nada indebido a Cornelison -que me parece una persona recta y quien renunció de MZM mucho antes de que estallara el escándalo Cunningham- mi información (no confirmada) es que MZM tenía contratos y una subsidiaria en Panamá. Tras este escándalo, el presidente de MZM renunció y la empresa fue vendida.
Debo explicar que la corrupción Cunningham-MZM-ADCS no se limitó a donaciones políticas sino que incluyó toda clase de pagos indirectos. Por ejemplo, el presidente de MZM -Mitchell Wade- le compró la casa a Cunningham y la vendió meses después por 700 mil dólares menos de lo que había pagado.
Cunningham vivía gratis en un yate que MZM mantenía permanentemente en Washington. Parece que Cunningham -un hombre casado que se jactaba de ser un republicano con "valores de familia" -recibía en pijama y con champaña a las chicas que invitaba al yate.
Al lado del yate, ADCS mantenía un lindo bote de carrera al que Cunningham tenía llave. La casa de Cunningham en California estaba repleta de "regalos" - antigüedades, alfombras, carros, y muebles-.
Y hubo viajes: Wilkes (de ADCS) tenía su propio jet y le gustaba invitar a sus amigos y colegas a viajecitos en que las suites de hotel costaban 2 mil dólares por noche o las villas costaban 50 mil dólares por semana. Todo corría por cuenta de la empresa, por supuesto.
Pero este cuento no se acaba con Cunningham, quien ira a la cárcel por unos 10 años. Washington anticipa que el escándalo seguirá ampliándose.
La autora es corresponsal de La Prensa
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