| CINE. SU ÚLTIMO FILME SE ESTÁ PRESENTANDO EN CARTELERA.
La estética de la carne
David Cronenberg es uno de los directores más novedosos e inquietantes de las últimas décadas. Usa el tratamiento ‘gore’ para analizar la conducta de sus personajes en situaciones poco habituales.
| cortesía Publicisa |
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| NATURALISMO. Los personajes de Cronenberg no pueden escapar de su pasado.608118 |
Carolina Proaño Wexman
carolinap@prensa.com
Según cómo se mire algo, desde qué distancia y con qué actitud, cualquier cosa puede adquirir un aspecto terrorífico.
En eso consiste, básicamente, el género de terror. Lo que los escritores y directores dedicados a provocar miedo hicieron siempre fue tomar un objeto o acontecimiento cotidiano y deformarlo.
El terror está unido a la incomprensión. En todas estas películas se teme a lo que no se puede entender, lo diferente, lo que no se puede aceptar.
David Cronenberg no usa crucifijos, cuchillos ni fantasmas. Su terror no es católico, gótico o sobrenatural. Es un terror científico, biológico, que mezcla lo orgánico y lo tecnológico para incomodarnos.
Hasta Historia de Violencia (2005), su último trabajo, Cronenberg era un artista que, a pesar de trabajar con grandes estudios y distribuidoras, hacía un cine poco convencional, por sus temas y sus tratamientos grotescos.
Al mismo tiempo, hablaba de seres marginales, solitarios, distintos al promedio, transgresores y extravagantes, enmarcados en escenarios oscuros, violentos, cargados de sexo y encadenados a un pasado irreversible.
A pesar de seguir siendo un muy buen cuentacuentos, con Historia de Violencia ha cedido a la luz y los paisajes de la industria norteamericana, aunque aún insiste en la degeneración física o psicológica de sus personajes, teoría que permanece en la cinta protagonizada por Viggo Mortensen.
Sus primeras películas como director en 35 milímetros son Stereo (1969) y Crimes of The Future (1970). Luego de trabajar en televisión, dirige Shivers (1975), Rabid (1977), Scanners (1981) y Videodrome (1983), que años más tarde se convierte en una de las referencias de la generación cyberpunk.
Le siguen La zona muerta (1984) y La mosca (1986), uno de sus mayores éxitos.
Después de Dead ringers, vendrían Naked Lunch (1991), M. Butterfly (1992), Crash (1996), eXistenZ (1999) y Spider (2002).
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