| INDOCUMENTADOS.
Nueva masacre de inocentes
Sergio Muñoz Bata
Esta semana, 92 miembros del partido Republicano, el del "conservadurismo compasivo," intentarán consumar un infanticidio que ni al mismo Herodes se le hubiera ocurrido hace siglos, precisamente por estas mismas fechas.
Si su iniciativa prospera en la Cámara Baja, los Tartufos (¿recuerda usted la hipócrita religiosidad del personaje de Moliere?) intentarán forzar la votación de una propuesta de ley que despojaría de la ciudadanía estadounidense a los niños nacidos en este país de padres indocumentados.
La enmienda 14 de la Constitución americana, ratificada en 1868 para garantizar los derechos de los esclavos emancipados, establece que "Todas las personas nacidas o naturalizadas en Estados Unidos y por tanto sujetas a jurisdicción son ciudadanos de Estados Unidos y del estado en el cual residen".
Según los "piadosos", la "jurisdicción" sobre los indocumentados es lo que está en duda dado que viven ilegalmente en el país, lo que excluiría a sus hijos de la protección de la enmienda.
Abrazado a la hipérbole el representante texano Lamar Smith, recién pontificó que a Estados Unidos llegan tres clases de indocumentados: los que buscan trabajo, las que vienen a dar a luz y los que vienen a cometer crímenes y arropándose en un ramplón patriotismo legalista llamó a dar la batalla en todos los frentes.
Smith y Tom Tancredo, su aliado en jugarretas del estado de Colorado, quisieran hacernos temer que dentro de dos décadas los niños que están por nacer bien podrían tener éxito solicitando la residencia legal para sus padres.
Poco les importa a los 92 representantes tener en su contra la interpretación tradicional de la Constitución. Tampoco les importa enfrentarse a una comunidad étnica cuyos votos necesitan desesperadamente. Todavía peor, les importa un bledo castigar a millones de niños haciéndoles apátridas por las acciones de sus padres. De revocárseles la nacionalidad a los hijos de los indocumentados, se crearía una enorme población de niños carentes de nacionalidad y sujetos a la decisión de los países de origen de sus padres de otorgarles la nacionalidad de sus ancestros.
Lo poco que se conoce acerca de la opinión de la ciudadanía sobre el tema sugiere que el país estaría dividido en partes casi iguales con una ligera mayoría a favor de los Tartufos.
Es posible que la propuesta de los Tartufos sea aprobada y se incorpore a alguno de los proyectos de ley que actualmente contempla la Cámara Baja y que proponen elvirtual cierre de la frontera. Hoy, sin embargo, el futuro de la mal intencionada propuesta en el Senado se ve incierto. La iniciativa es tan radical que es poco probable que cuente con el apoyo de un número suficiente de senadores como para verla convertida en ley. Además, tampoco parece viable que la Casa Blanca apoyaría una medida suicida y cruel como esta.
Por más desmemoriado que sea este país, y vaya que existen innumerables ejemplos de selectiva amnesia estadounidense, alguien debería recordarle a los actuales ocupantes de la Casa Blanca que el partido Republicano casi desapareció del mapa de California en 1994 cuando, por ganar la reelección, el entonces gobernador Pete Wilson, republicano de cepa, apoyó la infame Proposición 187 que no sólo alentaba la delación sino que intentaba impedir el acceso a la educación pública de los hijos de los indocumentados.
El autor es miembro del consejo editorial de Los Angeles
Times
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