| TERRORISMO.
Autores de atentados a los tribunales
Anne-Beatrice Clasmann
El escenario es siempre el mismo. En algún punto de Líbano explota una bomba en el margen de una carretera o bajo la carrocería de un coche. Llena de rabia y miedo y llevada por una sensación de desamparo, la gente camina por la calle para ver a qué político y periodista ha alcanzado esta vez.
La mayoría acusa al gobierno sirio de haber colocado las bombas para dejar fuera de juego a opositores y para vengarse por la retirada a la que se obligó a sus tropas el pasado abril.
Algunos libaneses creen que Estados Unidos y el servicio secreto israelí están detrás del terror.
Que este lunes le tocase a Gibran Tueni, de 48 años, no sorprende a nadie. El redactor jefe del periódico An Nahar e importante crítico de Siria ya sabía que estaba en el punto de mira de aquellos que tratan de extender el caos en su país, que hasta hace muy poco no pudo liberarse del trauma de la guerra civil.
Al contrario que su amigo de partido Saad Hariri -el hijo del ex primer ministro Rafik Hariri, asesinado en febrero-, Tueni no quiso esperar en el extranjero hasta que la serie de atentados se aclarase eventualmente y finalizase la tormenta de actos terroristas. Pagó con su vida su valor.
Los sirios se presentan ahora también como víctimas. Poco después del atentado contra Tueni habló el ministro de Información de Damasco, Mahdi Dajlallah. Sostiene que tras el atentado hay "enemigos de los árabes" que quieren mandar a Siria al banquillo de los acusados un día antes de que el Consejo de Seguridad en Nueva York aborde el nuevo informe de la comisión internacional de investigación sobre el atentado de Hariri.
El fiscal alemán Detlev Mehlis, que dirige el equipo y se ha ocupado del informe, está convencido de que agentes secretos sirios y libaneses estuvieron implicados en el asesinato de Hariri. También cree en una conexión entre ése y otros atentados.
En Siria, las resoluciones de la ONU a las que instaron Estados Unidos y Francia en contra de Damasco en los pasados 12 meses han provocado un efecto de solidaridad con el presidente Bashar el Assad. Opositores consideran posible que funcionarios sirios estén detrás del asesinato de Hariri y de otros atentados. Pero quieren evitar a toda costa que los estadounidenses utilicen la investigación internacional para llevar a cabo un cambio de régimen en Damasco.
"El peor de todos los resultados para nosotros sería que los estadounidenses derrocasen a Bashar e instalasen aquí a un Ahmed Chalabi", dice el abogado defensor de los derechos humanos Bahaeddin al Rakkad, en referencia al que fuera un opositor iraquí apoyado por el gobierno estadounidense hasta la invasión de Irak en 2003.
"Los planes estadounidenses para el mundo árabe son un impedimento para las reformas democráticas en nuestro país", añade Al Rakkad, quien ha estado ya en prisión en varias ocasiones a causa de sus ideas políticas.
Entretanto, los libaneses quieren saber quién está en disposición de asesinar a algunas de las personalidades del país mejor protegidas, siete meses después de la retirada de los últimos oficiales de los servicios secretos sirios.
Al principio, muchos libaneses se mostraban escépticos respecto a un proceso judicial internacional contra los presuntos autores y maquinadores, pero la idea va ganando cada vez más apoyos.
Creen que Líbano no conseguirá liberarse sólo con su propio esfuerzo del azote del terrorismo. Y es que los antisirios no son los únicos que tienen que temer por su vida en Líbano. El viernes no murió por muy poco un alto miembro del movimiento prosirio Hizbollah en un atentado con bomba.
En vista de la nueva situación, el anuncio de Mehlis de que por motivos personales no prolongará su mandato más allá del 15 de diciembre ha decepcionado a muchos libaneses.
Así, el ex primer ministro Salim Hoss cree "que se producirá seguro un retraso si se cambia al investigador internacional, y eso es una vergüenza".
DPA
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