| PROBLEMA DE ACTITUD.
La seguridad y la justicia
César D. Zerna Jr.
El problema de la seguridad en nuestro país no es un problema propiamente de logística, no es un problema que se reduce a la dotación de herramientas y equipos, es un problema de actitud, es un problema de corrupción en la ejecución de las responsabilidades del deber, de una desvalorización de su oficio que ha llevado a una desmoralización, en donde se ha perdido la dirección de la labor correcta.
Pensar en implementar programas que garanticen una seguridad efectiva, en desarrollar acciones agresivas contra el delito y en un ataque dinámico y contundente a la violencia; sin entrar a hablar de una organización interna que permita resolver las graves deficiencias contenidas en nuestra institución de seguridad (poner la casa en orden), que han deteriorado sensiblemente su labor y afectado la credibilidad de los ciudadanos, es no tener un concepto claro de dónde se debe empezar a resolver el problema.
Siendo así, no va a tener cualquier política el impacto positivo y necesario que resolverá la crisis de la violencia y el delito en las calles y sobre todo, acogida en la ciudadanía. Si aspiramos a que la institución de seguridad brinde a lo externo un servicio integral que satisfaga las necesidades de la sociedad panameña, tenemos primero que resolver a lo interno los problemas que subyacen en la organización.
La institución policial debe ejecutar una eficiente labor, para esto, hay que empezar a ordenar algunas cosas a lo interno. Una de las cosas más importantes sobre las que hay que trabajar es sobre la moral, rescatar en las conciencias de nuestro hombre uniformado que esa sensitiva labor que ellos desempeñan, al aplicarla con responsabilidad moral, honestidad y justicia tiene un valor incalculable para el desenvolvimiento de la sociedad. Que exista una clara identificación de lo fundamental y el valor que tiene ejercer su cargo con responsabilidad y justicia en beneficio de todos los demás ciudadanos, reincorporar este concepto a la conciencia de nuestros policías es el inicio de la regeneración de la seguridad real en nuestro país.
Antes de finalizar consideramos importante señalar algo referente a la personalidad de quien debe dirigir esta institución.
El director debe tener una personalidad fuerte, combinada con una absoluta ecuanimidad y ejercer mano dura con quienes delinquen siendo parte de la institución (esto es lo que más daño le ha hecho) y destacar públicamente a quienes ejercen su deber con moral, honestidad y justicia. No podemos tener un administrador de la seguridad nacional que ande con contemplaciones con quienes se alejan del procedimiento o cometen delitos a lo interno de la institución, esto es inconcebible e imperdonable.
Mencionaremos algunos hechos relevantes que motivan y propician este escrito. ¿Cuántos miembros de la policía y de instituciones destinadas a brindar seguridad a los ciudadanos, han sido separados de sus cargos, destituidos, con procesos en su contra y sancionados?; ¿cuántos de estos miembros eran oficiales con mando o funcionarios con altos niveles de jerarquía en sus respectivas instituciones?; ¿cuántos miembros de la policía y de las instituciones señaladas, de cualquier posición, han sido acusados de abuso de autoridad y extralimitación de funciones?, veamos las estadísticas. Estamos entonces frente a instituciones que necesitan un urgente tratamiento de cuidados de adecentamiento intensivos en las entrañas de su cuerpo.
Dentro de la institución hay muy buenos y capaces profesionales, sin embargo, para "los que están y son" corruptos y deshonestos no debe haber el más mínimo espacio para actuar y su represión debe ser inexorable. La figura que esté en la dirección debe tener liderazgo, con un liderazgo basado en trayectoria de honestidad y coraje para ejecutar y sancionar. Debe tener un equilibrado sentido de la justicia, pues, todo el desarrollo de la sociedad panameña estará basado en la precisa aplicación de este sensible rol de la seguridad panameña.
El autor es licenciado en relaciones internacionales
Además en opinión
• Soberanía a la panameña: Daniel R. Pichel • Defensor del Pueblo: ¿otro privilegiado o hijo de la cocinera?: Marisa Montesano de Talavera • Negarle refugio a los tiranos y corruptos: Betty Brannan Jaén • La seguridad y la justicia: César D. Zerna Jr. • Una decisión lamentable: Jacobo Maduro Sasso
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