| ELECCIÓN.
Defensor del Pueblo: ¿otro privilegiado
o hijo de la cocinera?
Marisa Montesano de Talavera
La idea de igualdad entre los seres humanos es ampliamente reconocida en el mundo entero pero en la actualidad, se reiteran situaciones en las cuales unos hombres ejercen su dominio sobre otros y, de esta manera, niegan ese principio fundamental. ¿Ocurrirá esto con la elección del nuevo Defensor del Pueblo? Porque hay un par de personas que aseguraban, desde antes de que ganara el gobierno actual, de que con su triunfo se convertirían en el Defensor del Pueblo. La verdad solo la descubriremos si, al final de la elección, una de estas personas resultara, coincidentemente, electa para la posición. Ese sería un terrible momento para la ciudadanía, porque sabría que ha sido engañada por quienes ella escogió para que le representara.
En nuestro país, a partir del reestablecimiento del sistema democrático y a la luz de un terrible saldo de violaciones a los derechos humanos que trajo consigo suspensión de garantías constitucionales, los panameños hemos revalorizado el significado de la institucionalidad democrática. Aunque la vigencia del estado de derecho no nos garantiza de por sí el respeto de los derechos humanos, pone límites a las acciones de los que gobiernan. Eso deben entenderlo los representantes del pueblo, los que pusimos allí para salvaguardar la democracia y nuestros derechos. Deben entender que la ciudadanía sabe que tiene dos caras. Por un lado, sabe que todo ciudadano tiene, legítimamente, los mismos derechos. Por el otro, sabe que no todos tienen el poder de lograr su cumplimiento.
En esa ciudadanía estamos los ciudadanos-siervos , como nos define el filósofo español Juan Ramón Capella; porque nos hemos convertido en siervos, al haber disuelto nuestro poder confiando solo al Estado la tutela de nuestros derechos. Este poder debe ser recobrado y por ello, los ciudadanos buscamos mecanismos que permitan el reconocimiento de los derechos negados. Este evento de elección de un Defensor del Pueblo, es ideal para que los ciudadanos podamos participar sin matices políticos, de la misma forma que es el espacio del que podremos disponer para buscar alternativas hacia una convivencia más armónica entre todos los panameños. Por ello es importante la decisión de esta figura, para quien el mayor crédito que debe poseer es el de persona moral y honesta, capaz de sancionar moralmente a quienes abusen del poder y que posea el poder moral para hacerlo. Esa es la única arma que tiene este personaje, su autoridad moral.
Por lo anterior, la búsqueda de ese defensor o defensora, es un momento ideal para que la Asamblea Nacional empiece a recobrar la credibilidad que parece haber perdido de la ciudadanía. Esa ciudadanía que empieza a descubrir, que debe luchar para lograr el efectivo respeto de quienes la gobiernan. Esa búsqueda de credibilidad debe ser el imperativo categórico de los señores diputados de la Nación panameña. Esta oportunidad de escoger, de entre 81 aspirantes al cargo, a una persona sin vinculaciones a partidos o al gobierno puede ser lo que han estado esperando para mostrarnos que tendremos en el futuro esa patria nueva de la que hablaron en campaña. ¡Por sus acciones les conoceréis!
La autora es educadora y aspirante a la Defensoría
del Pueblo
Además en opinión
• Soberanía a la panameña: Daniel R. Pichel • Defensor del Pueblo: ¿otro privilegiado o hijo de la cocinera?: Marisa Montesano de Talavera • Negarle refugio a los tiranos y corruptos: Betty Brannan Jaén • La seguridad y la justicia: César D. Zerna Jr. • Una decisión lamentable: Jacobo Maduro Sasso
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