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panorama@prensa.com Esta vez, el ciudadano anónimo decidió concretar el sueño de su vida: adquirir una residencia cerca del Canal de Panamá, meta que solo se alcanza con dinero, paciencia y un poco de información. El proceso puede durar días y hasta meses, pues adquirir una propiedad en las áreas revertidas, antes utilizadas por militares de Estados Unidos y civiles estadounidenses que laboraban en la desaparecida Panama Canal Commission, se requiere participar en una licitación pública. En el acto solo el dinero manda: quien más ofrece, sin importar en cuánto sobrepase al precio establecido, se lleva la mejor casa de la zona. Para poder comprar su sueño, el ciudadano anónimo tuvo que pasar por 16 procesos de licitación pública. Al final lo logró y ahora vive en Clayton. El llamado Corría el mes de agosto de 2000 cuando Pablo se enteró de que la Autoridad de la Región Interoceánica había abierto un proceso de licitación pública para la venta de residencias en Clayton. Siempre había soñado con vivir allí, por lo que no demoró en armar su paquete de ofertas. Sería la primera vez que participaría en un acto de esa naturaleza y, con él, 60 personas más. En ese primer intento perdió. La oferta ganadora superaba con creces los 80 mil dólares del precio base establecido. Al final, la casa fue vendida en 130 mil dólares. Pero no pasaría mucho tiempo para que Pablo lo intentara de nuevo, aunque esa vez buscó la asesoría de una empresa de bienes raíces avalada por la propia Autoridad de la Región Interoceánica, para participar en las licitaciones de las áreas revertidas. Y volvió a perder. Un tanto frustrado, aunque cada vez más seducido por el desarrollo urbano de la zona, el ciudadano anónimo decidió no desistir y lo intentó de nuevo. El afán de vivir en Clayton hizo que se presentara hasta en dos licitaciones durante un mismo día, pero sin resultados positivos. Siempre había una propuesta que superaba la suya. En aquella época, las personas asistían a tantas licitaciones como les era posible e incluso se presentaban con propuestas distintas, suscritas con nombres diferentes, pues aquello era prohibidopor ley, y todavía lo es. Pablo se hallaba entre ese grupo. Cada proceso implicaba un nuevo dolor de cabeza, un verdadero parto, ya que tenía que volver a cumplir con todos los requisitos. Fue así como transcurrieron tres meses y una tarde cualquiera, al final del mes de octubre de 2000, recibió la tan esperada llamada: "señor, se ganó la licitación de una casa en Clayton", le informó una voz ronca de la empresa de bienes raíces. No lo creía. Y no era para menos, pues durante esos interminables 90 días había llegado a tal punto de angustia que dejar todo en manos de la compañía inmobiliaria fue su mejor opción; tanto, que ni siquiera había visto la casa que acababa de comprar. La sorpresa, sin embargo, tuvo un momento de melancolía. Y es que cuando Pablo y su familia fueron a ver el nuevo inmueble, la casa de sus sueños, era tal el deterioro de las estructuras que por instantes dudó en continuar con el proceso de compra. La casa no tenía piso y el cableado eléctrico, las tuberías de agua potable y las paredes estaban prácticamente destrozadas. Sólo la inmensidad de áreas verdes a su alrededor, el agradable clima y la tranquilidad de la zona impidieron que Pablo revirtiera la negociación. Además del costo que ofreció por la propiedad, tuvo que invertir 8 mil dólares en remodelaciones y solo al final de estas pudo ocupar su nuevo hogar. Y es que la Autoridad de la Región Interoceánica entrega los inmuebles tal como se encuentran. De hecho, tal condición está estipulada en los términos de la licitación. Ni hablar de los problemas de agrimensura. Cuando se comenzó a vender las áreas revertidas, hubo infinidad de contratiempos relacionados con los límites de las propiedades. Por ejemplo, los senderos no correspondían a los lotes e incluso invadían los límites de las fincas contiguas. El otro parto Cuando Pablo ganó finalmente la licitación y superó el trauma de las condiciones del inmueble, empezó entonces el último periplo para poder mudarse. Quienes no tienen la capacidad económica de pagar en efectivo el 100% de lo ofertado en el proceso, deben solicitar un préstamo hipotecario, proceso que en el caso del ciudadano anónimo demoró dos meses más. Como requisito previo, tuvo que pagar el 10% del valor total ofertado y obtuvo una adjudicación provisional. Con ese documento y la copia del recibo de pago del 10%, se presentó en la entidad bancaria y pidió el préstamo. Además de los documentos mencionados, el banco le exigió papeles personales, laborales y referencias bancarias. Al término del procedimiento y una vez que el banco emitió el cheque a nombre de la Autoridad de la Región Interoceánica, Pablo recibió las llaves de su nueva residencia. Han transcurrido cinco años desde que comenzó el proceso. Hoy, Pablo ya perdió la ilusión de vivir en la zona y ahora hace gestiones para vender la casa. Además en Panorama
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