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Reportaje especial
Panamá, sábado 3 de diciembre de 2005
 

CONDICIONES.

Un ambiente adecuado para el desarrollo intelectual

Luis Cubilla Ríos

El "¡por fin! ... pero falta" del Sr. Eisenmann Jr., publicado en La Prensa del 25 de noviembre me ha recordado un artículo escrito por mí y publicado en este mismo diario el 24 de septiembre de 2002 y que tenía por título "Ajustar la educación a un mundo globalizado". En este destacaba la necesidad de la formación del recurso humano al más alto nivel y describía cómo agencias internacionales contribuyen a lograr este propósito. Enhorabuena al actual gobierno por haber retomado una iniciativa que tuvo su retorno durante la administración del presidente Balladares y que lamentablemente se descontinuó durante la administración de la presidenta Moscoso.

De esta forma la Senacyt le ha dado un nuevo impulso al desarrollo de la ciencia y tecnología en nuestro país durante esta administración, ya que el año pasado se otorgaron las primeras becas para doctorados y postdoctorados en las ciencias naturales básicas y aplicadas. Y es que esta iniciativa tiene entre sus objetivos mejorar los niveles de la enseñanza superior (y por consecuencia lógica, los otros niveles de la educación) y de investigación con el fin de hacer más competitivo nuestro país en todos los niveles.

Los que regresan con altos grados académicos y entrenamiento de los mejores centros educativos, grupos de trabajo e institutos científicos a nivel mundial y que constituyen la élite intelectual a la que hace referencia el Sr. Eisenmann, más que un foro lo que necesitan es de condiciones óptimas para el desarrollo de sus ideas y la puesta en práctica de sus conocimientos a corto, mediano y largo plazo de forma tal que puedan transferir sus conocimientos y destrezas a las nuevas generaciones propiciando de este modo una nueva generación de panameños con mentalidades más críticas y productivas.

Lamentablemente esta no es la atmósfera que les recibe. Ya sea que hayan obtenido su título a través de las becas que otorga la Senacyt o de alguna fuente de cooperación internacional, lo que suelen encontrar es un sinnúmero de dificultades laborales si tienen la suerte de contar con un trabajo. Aquellos que por razones profesionales ya formaban parte de estructuras gubernamentales llámense universidades, institutos de investigación, dependencias de salud y otros, al regresar, tienen que sobrellevar las anticuadas reglas del proteccionismo grupal, las deficiencias de un sistema no basado en méritos, en el cual son en general más valiosas las influencias que las capacidades individuales, un sistema anacrónico que de no cambiar condenará a la nación a la mediocridad permanente. A menos que posean influencias políticas, no serán considerados para ocupar las posiciones desde las cuales podrían rendir mayores beneficios a las instituciones a las que pertenecen y como consecuencia el país. Por otro lado, aquellos que no pertenecen a ninguna estructura tendrán mayores dificultades aún. El proteccionismo institucionalizado les impide obtener plazas de trabajo y cuando por azar de la vida las obtienen, otros se encargan de que se frustren y terminen buscando otros países u otros horizontes donde echar raíces y donde se valorice su formación en justa medida. Así pues, reciben salarios más bajos que otro personal menos calificado, no obtienen promoción, lo que como consecuencia deriva en un ambiente inadecuado para poner en práctica sus conocimientos, generar nuevas ideas y productos. Conozco de casos en que personal con la más alta preparación, incluso postdoctorado, se ha visto en la necesidad de abandonar el país por no tener eco en las instituciones en que trabajan o por no haber sido del agrado, ya sea de sus superiores o colegas. Y es aquí donde el gobierno central debe adoptar estrategias novedosas para evitar que estos profesionales, que formarían parte de élites intelectuales, migren a otras regiones donde poseer estas características es muy deseable y muy bien recompensado.

Hagamos los correctivos para que la generación de intelectuales por venir y los ya existentes puedan, en un entorno favorable, rendir lo mejor de sí para el beneficio de todos los panameños y panameñas.

El autor es doctor en química orgánica y docente universitario


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