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Reportaje especial
Panamá, sábado 3 de diciembre de 2005
 

IDEOLOGÍA.

El precio de la dignidad

Jorge Montalván

Lo han hecho de nuevo. La embajada norteamericana ha retirado la visa al señor Winston Spadafora. Por corrupción, ha dicho. Y para proteger su país según su ley antiterrorista. No se la han quitado a Mireya Moscoso, liberadora de cuatro terroristas amigos del presidente Bush. Y por cuatro millones de coima cobrados a los igualmente terroristas del exilio cubano. Eso, para ellos, ni es corrupción ni es ayuda al terrorismo.

Observa que tienen derecho a dar y retirar visas según sus criterios soberanos. A lo que no tiene derecho el embajador es a tildar públicamente a alguien de corrupto sin aportar pruebas y sin admitir su derecho a la defensa. Se trata, por tanto, de una acusación política y de una obscena intromisión más de la Embajada de EU en los asuntos internos panameños.

También lo han hecho de nuevo los dirigentes de la lumpenburguesía panameña y un montón de la bobalicona clase media. De inmediato saltaron a pedirle a Spadafora su renuncia. Repugnante. Abyecto. Para estos "cuasigringos" la palabra del procónsul abre mecanismos extralegales que tienen que ser aceptados con veneración, con obsecuencia. Pero ello no es de extrañar en estos lares de fenicios. Parece que les viene en la sangre. Recuerda que agradecieron por escrito a las tropas norteamericanas por la matanza de la huelga inquilinaria. Y que hasta Belisario Porras llegó a pedir la intervención militar para dirimir conflictos electorales. Asqueroso, pero histórico. Y ni un siglo después han aprendido el significado de la dignidad nacional.

Pero ¿hay dignidad nacional? Por lo pronto, el señor Spadafora ya ignoró un llamado semejante de sus propios hermanos. Y la gavilla entera de la señora Moscoso se arropó con la inmunidad del Parlacen. La impunidad se campea por sus fueros en la Asamblea de Diputados y en la Corte Suprema de Justicia. Los privilegios y prebendas siguen intactos, mientras se hacen y rehacen licitaciones, contratos, equiparaciones reales y simuladas. Mientras se continúan indefinidamente las pesquisas de los dineros nacionales desaparecidos por la macalucia de gañanes convertidos en directores de fundaciones "privadas".

En los partidos opositores luchan a puñaladas por el subsidio electoral mientras localizan frenéticamente facturas inexistentes y registros públicos de inmuebles traspasados a sociedades fantasmas. Y en los partidos de gobierno, convertidos en colección de caciques a la usanza oligárquica, en lo único en que parece pensarse es en el acomodo de familiares, compadres, concubinas y similares. Y en hacer negocios.

Así que si queda rastro de vergüenza nacional, hay que demostrarlo. Primero, exigiendo al embajador que haga pública las evidencias que posee sobre el señor Spadafora. Tanto la Cancillería como todos los organismos de la sociedad civil tienen que exigirlo, aunque haya quien se haga aguas a la mera mención de la palabra. Hay que hacerle entender al nuevo embajador que su ámbito de acción es igual al de los demás, so pena de volver a convertir a nuestro país en lo que era, una república bananera a la merced de una clase dirigente rapaz, incapaz y carente de columna vertebral.

Eso para empezar, pero no basta. El presidente Torrijos tiene que decidirse a eliminar, total y definitivamente todos los inconstitucionales privilegios y prebendas de que gozan funcionarios, diputados, magistrados y diplomáticos. Bastará con que envíe un proyecto de ley a la Asamblea, con un único artículo, que establezca fehacientemente tal eliminación. Y si no cuenta con el poder para imponerle a su bancada su aprobación, que no se preocupe, que la ciudadanía se encargará de hacerlo aprobar.

Es imprescindible tal mazazo a la tradición venal. El nudo gordiano de la corrupción en realidad rodea el núcleo de los privilegios legalmente constituidos, que es lo que da sentido a la visión del Estado y la acción gubernamental como fuentes de riqueza mal habida. La promesa de cero corrupción no puede tomarse a la ligera. Demasiadas sanas expectativas creó en una ciudadanía harta de la podredumbre, y no será el enfoque gradualista de reemplazo de magistrados, fiscales y funcionarios desvergonzados lo que permitirá el tratamiento de shock que se necesita. Además, tal iniciativa y el esfuerzo para hacerla aprobar en la Asamblea permitirán también el esfuerzo por transformar al partido de gobierno. Reinsertarle ideología, programa, organización. Modernidad.

Cero corrupción, no como consigna sino como realidad, es la roca de granito sobre la cual tiene que asentarse la visión del futuro. No bastan las obras públicas, los megapuertos, las transformaciones económicas. Si no hay fundamentos tangibles para una educación de la ciudadanía con valores distintos y oportunidades auténticas de superación en una competencia permanente de méritos, la Patria Nueva no será sino una entelequia demagógica. No es hora de cháchara conciliadora sino de acciones decisivas. O convertimos al Gobierno de la República en agencia de la embajada norteamericana. Ya lo fue. Nos toca impedir que lo sea de nuevo.

El autor es médico

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