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Panamá, sábado 3 de diciembre de 2005
 

DICTADURA MILITAR
La tan esperada cita de Augusto Pinochet con la justicia chilena

Al ex dictador de 90 años lo han tratado de llevar, infructuosamente, por años ante los tribunales.

Al general se le acusa del secuestro de seis disidentes que desaparecieron durante la Operación Colombo.

REUTERS/Archivo
PODER. El ex dictador lideró el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 que derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende. 600940
Vianey Milagros Castrellón
vcastrellon@prensa.com

Todo estaba listo para este 25 de noviembre. Era el cumpleaños del otrora hombre fuerte de Chile, el general Augusto José Ramón Pinochet Ugarte. ¿Y por qué esperar menos que una celebración por todo lo alto? En el pasado, el ex presidente había tirado la casa por la ventana, con miles de invitados, bandas musicales y cenas de antología que eran transmitidas por televisión.

Este año, según la prensa chilena, su familia había preparado un festejo con un centenar de invitados y hasta se hablaba de la presencia de mariachis que interpretarían "El rey", una de sus canciones favoritas. Pero al general se le aguó la fiesta. Tuvo que celebrar sus 90 años bajo arresto domiciliario, acompañado solo por su familia y su círculo más íntimo de fieles amigos. Ni siquiera hubo dulce ni bebidas.

EL FANTASMA DEL PASADO

A Pinochet, la justicia chilena le pasó una factura de hace más de 30 años. El pasado 24 de noviembre, el juez Víctor Montiglio encausó al ex dictador por seis de las 119 ejecuciones cometidas como parte de la Operación Colombo llevada a cabo por la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina) entre 1974-75.

Esta acción judicial lo confinó a ser prisionero dentro de su residencia en el elegante barrio santiaguino de La Dehesa, solo 48 horas después de haberse liberado de un similar arresto domiciliario por otro caso.

La otra orden en cuestión había venido del despacho del juez Carlos Cerda, quien procesó al ex presidente chileno por los supuestos delitos de evasión tributaria entre 1980 y 2004, uso malicioso de instrumento público, uso de cuatro pasaportes falsificados y omisión de información en una declaración jurada. El dictador obtuvo momentáneamente su libertad tras pagar 11 mil 500 dólares de fianza.

Ante esta arremetida judicial, el equipo legal de Pinochet emprendió un contraataque para evitar que su defendido pasase un solo día en una prisión de verdad.

Este martes, sus abogados presentaron ante la Corte de Apelaciones de Santiago un recurso de amparo para anular el proceso por el secuestro calificado de los seis desaparecidos durante la Operación Colombo. Ayer, la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó el recurso y reafirmó que el general iría a juicio.

De igual forma, los abogados ingresaron una apelación contra el juicio por los cuatro delitos de corrupción iniciado por el juez Cerda.

Este es solo el último capítulo en la lucha para que el ex dictador afronte a la justicia. Quizás uno los episodios más sonados fue el protagonizado a kilómetros de distancia de Santiago, cuando Pinochet se encontraba en Londres para tratamiento médico en octubre de 1998.

Pinochet, en ese entonces senador, fue detenido en la capital británica obedeciendo una orden internacional del juez español Baltasar Garzón, quien lo acusó de 94 cargos de tortura de ciudadanos españoles y uno por conspiración para cometer tortura.

El subsecuente arresto domiciliario del ex hombre fuerte de Chile desató una batalla legal de 16 meses en la que Pinochet esgrimió su inmunidad como ex jefe de Estado, pero fue al final el argumento de su delicado estado de salud el que lo salvó de la extradición y le permitió regresar a Chile el 2 de marzo de 2000.

Pinochet renunció a su puesto en el Senado luego de que la Corte Suprema de Justicia de su país dictaminase en julio de 2002 que sufría de una "demencia vascular" que lo incapacitaba para afrontar el juicio por violación de derechos humanos. En mayo de 2004, sin embargo, la corte de apelaciones revocó el estatus de demencia, abriendo así la puerta para una serie de procesos, incluyendo el asesinato del general Carlos Prats en 1974 durante su exilio en Argentina.

Desde entonces, lo han despojado y vuelto a investir de su inmunidad, y declarado en varias ocasiones incapaz de ir a juicio por motivos de salud, todo en un intento infructuoso por llevar a Pinochet ante los tribunales.

OPERACIÓN COLOMBO

Durante el apogeo de la dictadura, la cúpula militar chilena, liderada por la Dina en conspiración con los aparatos represivos argentinos y brasileños y supuestamente los periódicos chilenos La Segunda, La Tercera y El Mercurio, orquestró el operativo para la desaparición de 119 disidentes y su posterior encubrimiento por los medios.

Nació así la Operación Colombo, mediante la cual los citados periódicos reprodujeron noticias que insinuaban que los 119 opositores no habían sido desaparecidos por el régimen castrista, sino más bien habían muerto por rencillas políticas internas propias de la izquierda, y específicamente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

A Pinochet se le acusa de estar involucrado en el secuestro de Aldo y Carlos Pérez Vargas, Bernardo de Castro López, Miguel Ángel Acuña Castillo, Modesto Espinoza Pozo y Roberto Aranda Romero, como parte de esta operación.

El ex comandante de las fuerzas militares, por su lado, ha culpado al ex jefe de la Dina, el general Manuel Contreras.

"A mí me achacan todo lo de Contreras, pero yo nunca di instrucciones de matar a nadie. Yo primero que todo soy católico.

Contreras quiso tomar el mando del país, acusó hasta a frailes este gallo (sujeto), con fotografías de haber estado con prostitutas. Yo mismo saqué a Contreras porque estaba creando problemas que había prohibido, el único que lo podía mover era yo, lo saqué porque me ofreció unos depósitos de fondos en el extranjero, yo rechacé el ofrecimiento", dijo Pinochet al juez Montiglio, quien inmediatamente ordenó un careo entre ambos el pasado 17 de noviembre.

"Estamos optimistas tras el último careo, pues quedó claro que Pinochet era el jefe de la Dina y en el caso de Villa Grimaldi hay múltiples testimonios y confesiones de que se realizaron prácticas sistemáticas de torturas", dijo a Reuters Héctor Salazar, uno de los abogados denunciantes.

CASO RIGGS

El 16 de marzo pasado, el Senado estadounidense publicó un informe sobre el lavado de dinero y corrupción en el extranjero que exponía las cuentas secretas que Augusto Pinochet habría abierto en el banco Riggs.

"Riggs abrió multiples cuentas para el Sr. Pinochet con el conocimiento y apoyo de los jefes del banco; aceptó millones de dólares en depósitos de él sin ninguna investigación seria sobre la fuente de su riqueza; creó corporación offshore y abrió cuentas con los nombres de estas corporaciones para disfrazar la propiedad del señor Pinochet de los fondos de las cuentas...", dice el informe estadounidense que sirvió de disparador para el proceso que se le lleva a cabo al militar caído en su país.

El juez Cerda que lleva el proceso ha establecido que Pinochet usó pasaportes y un certificado falso para abrir cuentas en el exterior para ocultar una fortuna calculada en 26 millones de dólares de un embargo ordenado por el juez Baltasar Garzón.

Los fondos -según el juez- provendrían de la Casa Militar, que gestionaba el gobierno, incluidos los gastos reservados que recibió Pinochet cuando fue presidente, de 1980 a 1990. Dos generales y un coronel jefes de la Casa Militar, que abrieron algunas cuentas afuera, están en la mira del juez, que ya los ha interrogado varias veces.

LA SOLEDAD DEL GENERAL

Pinochet vivió las mieles de los que disfrutan del poder absoluto cuando gobernó como presidente de Chile y comandante en jefe del Ejército, entre 1973 y marzo de 1990.

Ahora, el general está solo y a la espera de los juicios de desafuero que permitirían procesarlo por más secuestros, desaparición de opositores, torturas y malversación de fondos. Sus amigos temen por su estabilidad mental.

"Si me preguntas qué espera de la vida, quizás se quiere morir. Está bajoneado (deprimido). Se ve un hombre cansado, con una mirada muy triste. Prácticamente habla muy poco", dijo el diputado de la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI) Iván Moreira al diario chileno Las Últimas Noticias.

Quizás sea cierto, el general está deprimido y quiera morirse. O a lo mejor esté abonando el terreno para la defensa legal que ya lo ha salvado en otras ocasiones de la cárcel: el deterioro de su salud física y mental.


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