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Panamá, martes 29 de noviembre de 2005
 

España socialista .

Heridas franquistas vuelven a doler

Elisabeth O’Leary

MADRID. Bares modernos, trenes estilizados de alta velocidad y compañías que gastan libremente, todas atestiguan cuán lejos ha llegado España desde los días oscuros del dictador Francisco Franco.

Pero 30 años después de su muerte, uno no tiene que ir muy profundo para encontrar viejas heridas de su época y de la guerra civil que le precedió, que están todavía sensibles si no abiertas.

Con un gobierno socialista en el poder desde marzo del año pasado, una nación que ha mantenido fuertes lazos con el catolicismo está ahora discutiendo asuntos históricamente espinosos, como más autonomía para sus regiones y un nuevo programa escolar que resta importancia a la religión.

Estos cambios, más la aprobación este año del matrimonio entre homosexuales, han enfurecido a algunos de la vieja guardia que respaldó al generalísimo.

Franco subió al poder en España después de un sangriento conflicto que se extendió entre 1936 y 1939 que enfrentó a sus fuerzas fascistas con los republicanos, los comunistas y los anarquistas.

La Iglesia era un blanco de la furia izquierdista por su apoyo a los terratenientes y, en definitiva, a Franco mismo.

Desde la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, España se ha transformado: ha instituido una democracia estable, se ha sumado a la Unión Europea y ha desarrollado una economía próspera y exitosa.

Pero algunos todavía añoran los viejos tiempos. Cientos de simpatizantes de Franco, muchos de los cuales realizaban el saludo fascista, protestaron este año cuando la última estatua del dictador en Madrid fue retirada en medio de la noche.

Grupos de extrema derecha han reaparecido, enfurecidos por las medidas para conceder más autonomía a la próspera región catalana del noreste y por las políticas generalmente liberales del nuevo gobierno socialista, liderado por el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Fernando Cantalapiedra, con 25 años y conductor de Falange, un grupo de extrema derecha que fue uno de los partidarios originales de Franco, acusó a Zapatero de revivir viejos conflictos.

"Estamos viendo tácticas de venganza y las heridas profundas de la guerra civil que no han sido enterradas están siendo abiertas nuevamente ... Entendemos que la principal persona responsable por esto es Zapatero", dijo a Reuters en una entrevista.

"La unidad nacional ... está en ascuas. Franco sí supo cómo defender esa unidad. Indudablemente, el estatuto catalán es casi un paso definitivo hacia la independencia", agregó.

La propuesta redactada por la asamblea catalana y respaldada por una mayoría abrumadora en la zona, define a la región como a una nación dentro de España. El estatuto está siendo debatido en el parlamento nacional donde es probable que sea modificado.

La colectividad opositora de derecha, el Partido Popular (PP) dice que el plan es una amenaza a la unidad española y desobedece la Constitución.

Los socialistas de gobierno dicen que ciertas modificaciones serán necesarias, pero acusan al PP de ser innecesariamente alarmistas. El plan es particularmente delicado para Zapatero ya que algunos de los partidos que lo crearon son sus aliados en el parlamento madrileño.

La escisión contemporánea refleja las divisiones de la guerra civil y parece haber sido aumentada desde que los socialistas asumieron el poder nuevamente.

"Los vestigios de Franco todavía persisten en una derecha en la que el nacionalismo católico (español) aún tiene una influencia enorme", contó a Reuters Santiago Carrillo, uno de los últimos símbolos vivientes de la derrotada república.

Carrillo, de 90 años y ex líder del partido comunista que fue exiliado durante el mandato de Franco, dijo que la derecha todavía creía que la izquierda les había robado el poder político.

De forma espeluznantemente similar a los acontecimientos de los últimos días de la dictadura de Franco, partidarios de la extrema derecha atacaron una librería a comienzos de este año en la que Carrillo iba a formar parte de un debate.

"(La derecha) es esencialmente muy autoritaria y aferrada a la idea de un Estado centralista", dijo Carrillo, quien regresó a España para ofrecer un apoyo político clave para la transición hacia la democracia en los 70.

En el periódico conservador ABC, el columnista Francisco Rodríguez Adrados comparó al gobierno de Zapatero con el que precedió a la guerra civil. "Son antiamericanos ... antimilitares, anticlericales", escribió.

Zapatero dijo que había sido influido por su abuelo, un tirador republicano durante la guerra que horas antes de su muerte escribió una nota que decía "Muero inocente y perdono".

La Iglesia, que vio alrededor de 6 mil de sus curas, monjas y otros funcionarios asesinados por los republicanos durante la guerra según historiadores, ha repetidamente chocado con los socialistas.

Carlos Esteban, el sub editor del semanario católico Alba dijo que las acciones del gobierno habían echado por tierra cualquier esperanza de que la Iglesia se disculpe por apoyar a Franco. "Estas (medidas socialistas) no son intentos de superar el pasado", contó a Reuters. Dejando las escaramuzas políticas de lado, muchos en España han visto por largo tiempo un supuesto pacto tácito de silencio sobre la guerra civil. Muchos dicen que esto fue esencial para permitirle al país avanzar después de la dictadura. Pero hay voluntad de cambio en cuanto a ello también. El grupo de derechos humanos Amnistía Internacional estimó que 30 mil personas murieron o desaparecieron en la guerra y bajo el yugo de Franco. Muchas de las víctimas fueron enterradas en fosas comunes o secretas, dejando a las familias para que investiguen por su cuenta. Amnistía y el más conocido juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, han llamado a que la gente confronte al pasado. Pero para mucha gente joven, el pasado ya es irrelevante. "Es ahora cuando España está empezando a darse cuenta de que su juventud sabe muy poco sobre su propia historia", dijo Carrillo. REUTERSAlba dijo que las acciones del gobierno habían echado por tierra cualquier esperanza de que la Iglesia se disculpe por apoyar a Franco.

"Estas (medidas socialistas) no son intentos de superar el pasado", contó a Reuters.

Dejando las escaramuzas políticas de lado, muchos en España han visto por largo tiempo un supuesto pacto tácito de silencio sobre la guerra civil. Muchos dicen que esto fue esencial para permitirle al país avanzar después de la dictadura. Pero hay voluntad de cambio en cuanto a ello también.

El grupo de derechos humanos Amnistía Internacional estimó que 30 mil personas murieron o desaparecieron en la guerra y bajo el yugo de Franco. Muchas de las víctimas fueron enterradas en fosas comunes o secretas, dejando a las familias para que investiguen por su cuenta.

Amnistía y el más conocido juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, han llamado a que la gente confronte al pasado. Pero para mucha gente joven, el pasado ya es irrelevante.

"Es ahora cuando España está empezando a darse cuenta de que su juventud sabe muy poco sobre su propia historia", dijo Carrillo.

REUTERS

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