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Reportaje especial
Panamá, martes 29 de noviembre de 2005
 

SENTIMIENTO.

Momi y la fuerza del amor

Maribel Cuervo de Paredes

"Cada ser humano es una caja de secretos...los que ponen condiciones para amar, siempre tendrán un amor frágil". El maestro inolvidable, Augusto Jorge Cury

"Oye Rosa Elena, el sábado te recojo para hacer unas vueltas y vamos a almorzar, ¿te parece?", le pregunté a quien considero como mi madre putativa desde que tengo 17 años. "Ah...fabuloso. Déjame informarle a Momi", me respondió quien el próximo febrero cumplirá 70 años. ¡Increíble! Eso es lo que hace a la familia Acosta Filós tan especial y hermosa. Su encantadora y risueña señora madre tiene 90 años y sus dos hijas Rosa Elena y Amanda Cecilia de 68 años no mueven un pie si antes no están seguras de que su madre queda tranquila, cuidada e informada de los detalles de las salidas de sus hijas.

Momi tiene 90 años, una mente lúcida, es excelente comunicadora, buena para escuchar, posee una memoria increíble y cocina delicioso ¡todos los días! Su concolón es espectacular. Sus secretos de cocina son sencillos, prácticos...igual que ella. Me parece que parte de lo sabroso de sus comidas radica en las brillantes pailas donde cocina...son las mismas que tenía cuando se casó.

Desde que Rosa Elena era una alta ejecutiva de recursos humanos de la poderosa multinacional petrolera Shell, respetaba la hora de almorzar para compartir, ese especial momento, con su señora madre...almorzar con Momi era sagrado y solo algo especial variaría esa norma.

Momi siempre está risueña, muy bien informada del acontecer local e internacional. No conoce la pereza, nunca está aburrida y siempre tiene una historia que contar. Su casa siempre tiene visitas y hay cuentos sabrosos que escuchar.

Se preguntará usted ¿qué tiene esta encantadora dama que la hace tan especial? Tiene sentido práctico, razonamiento lógico y una forma especial de entregar amor, que logró transmitir a sus tres hijos y formar una familia, como esas que ya no existen. En su casa se respira tranquilidad, alegría y paz.

Observando a la familia que Momi levantó (tres hijos), una comprende la fuerza que tiene el amor...ése que se transmite absolutamente en forma desprendida, generosa y constante, a pesar de las vicisitudes, dolores y turbulencias que la vida entrega.

El amor a que me refiero y Momi transmite es ese del que hablan tantos libros de autoayuda y que cantidad de estudiosos de la conducta humana, sicólogos y psiquiatras tratan de explicar y recetar en estos días de desesperanza y confusión. Es ese amor que fluye como deliciosa brisa suave, y que se siente y se observa en la bondad, alegría y paz de quienes han crecido nutriéndose de él a cada instante y su vida es un ejemplo de entrega de amor permanente, sencillo y profundo...sin escándalos.

Hablo de ese amor que da como resultado personas llenas de autenticidad, libres y decididas, capaces de enfrentar los amargos de la vida con estoicismo y admirable resignación.

Quienes entregan esa clase de amor son seres excepcionales que, sin recibir ninguna condecoración Vasco Núñez de Balboa, han sido y son buenos hijos, buenos amigos, buenos ciudadanos. Se distinguen por ser personas altamente solidarias, con habilidad para pensar antes de actuar, sensibles y capaces de conquistar el corazón de otros, constituyéndose en su inspiración. Personas como Momi buscan transformar sin imponer y entregan más de lo que reciben, viven generando amor y son capaces de alimentar los sueños propios y ajenos.

Cuando observo la paz y el amor que se respira en la familia Acosta Filós, concluyo que pertenecen a un Panamá que va desapareciendo porque se resiste a enfrentar las presiones de una sociedad frívola y materialista. ¿Cuántas personas conoce usted que pueda identificar con esas cualidades? ¿Cuántas familias conoce usted en las que padres e hijos mantengan comunicación y se profesen amor y respeto constante? ¿Cuántos hijos pueden mantener una conversación abierta y sincera con sus padres? ¿Qué autocrítica deberíamos hacernos los padres cuando vemos la sociedad que hoy tenemos? ¿Qué nos ha faltado dar? ¿Ante qué situaciones de presión económicas y sociales hemos sido débiles? ¿Por qué nos cuesta tanto hacer el ejercicio de colocarnos en el lugar de los otros para comprenderlos?

Hoy cuando la hipocresía impera, el consumismo y el tener nos asfixia, la locura por lo estético domina, los valores parecieran en desuso y a punto de extinguirse, cuando se observa que el número de personas deprimidas y sin esperanzas aumenta y que las relaciones familiares están en crisis, el tema del amor –del genuino amor– surge como la única forma de salvar a la humanidad.

El amor que he observado Momi transmite, es ése que corrige, suma, alegra y siempre tiene los brazos abiertos para dar, siempre dar.

La autora es comunicadora social


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