| Historia.
Poniendo los puntos sobre las íes
Gabriel E. Zarak L.
He leído con detenimiento el artículo de opinión "Hace 40 años", escrito por el licenciado Guillermo A. Cochez, en la entrega de este medio de comunicación el domingo 13 de noviembre del año en curso, y coincido con él en que la descomposición política no se dio en el mes de octubre de 1968, sino que venía de antes.
También coincido con el licenciado Cochez en que la gran mayoría de los miembros del PDC, especialmente su juventud, era idealista y trataba de lograr que su formación ideológica irradiara honestidad, justicia, transparencia y verticalidad en sus actos. Recuerdo el incidente al cual el licenciado Cochez hace referencia en su artículo y la consecuencia que tuvo para los 25 miembros de la Juventud Demócrata Cristiana, al igual que la no firma de las credenciales del presidente Marcos A. Robles por parte del miembro del Jurado Nacional de Escrutinio, el doctor Rubén Arosemena Guardia, ya que las actas que poseía su partido daban al doctor Arnulfo Arias M. como el legítimo ganador de las elecciones de 1964.
Como el licenciado Cochez invita a la ciudadanía a escribir la historia, "sin tapujos y sin prejuicios", le recuerdo que no solamente el doctor Rubén Arosemena Guardia y el licenciado Hildebrando Nicosia P. dejaron de firmar las credenciales del señor Robles, sino que también lo hicieron los miembros de los partidos que apoyaron la candidatura del ingeniero Juan de Arco Galindo, entre ellos el ingeniero Víctor Nelson Juliao de la Coalición Patriótica Nacional.
El fiel de la balanza en el triunfo del presidente Robles fue el Partido Cívico Nacional, el cual, había sido inscrito por doña Antonia Toña Cuevas y mi buen amigo Héctor Tato Valdés había logrado adueñarse del mismo, a través del señor Alejandro Remón Cantera, para tener un jurado más en la Junta Nacional de Escrutinio, y de cuyo partido su suplente en la Junta era el señor Ricardo Alfonso Monito Pérez, quien firmó sus credenciales.
Siguiendo una iniciativa del PDC a principios del año 1968, la Asamblea Nacional de Diputados entabló un juicio político contra el presidente Robles, quien fue juzgado y condenado por dos terceras partes de sus miembros por su abierto apoyo al candidato del Partido Liberal, ingeniero David Samudio Ávila. Durante el juicio me tocó ver llegar a la residencia donde vivía el Dr. Arnulfo Arias M., al teniente coronel Bolívar Urrutia, los mayores Omar Torrijos H., Federico Fred Boyd y Ramiro Pili Silvera. Los dos primeros se reunieron en la biblioteca con el Dr. Arias e Hildebrando Nicosia y el mayor Torrijos, siendo subalterno de Urrutia, le manifestó al Dr. Arias que él no iba a permitir que el juicio continuara, a lo que el Dr. Arias le contestó "usted no le hace honor a su uniforme".
El PDC se caracterizó muchos años por su verticalidad, su oposición al régimen militar y por el desprendimiento demostrado en lograr la unidad de la oposición en las elecciones de 1984 y 1989. Esto me consta ya que estuve envuelto en esas negociaciones y pude observar cómo el doctor Ricardo Arias Calderón, aunque no siempre estuviera a gusto con el rol que a su partido le tocaba jugar para que se dieran las alianzas, al final del camino cedía por el bien de la unidad. Sin embargo, al llegar a la Presidencia Guillermo Endara G., quien tanto él como los miles de panameñistas no teníamos partido, había sido postulado, entre otros, por el PDC que resultó ser el partido más votado, y su alta dirigencia, creyendo que todos esos votos le pertenecían, le exigió que los puestos de su gobierno fueran repartidos en una forma proporcional a los votos logrados por cada uno de los partidos que lo apoyaron en su triunfo. El PDC se había convertido en un partido más del montón y había dejado de ser el partido de los jóvenes idealistas a que hace referencia el licenciado Cochez en su artículo. Esta posición, y otras que no vale la pena mencionar, ocasionó la salida del PDC del gobierno del presidente Endara.
La percepción equivocada en lo político del PDC se vio en las elecciones de 1994, cuando decidieron ir a las urnas con candidato propio y el resultado de esa aventura es ampliamente conocido, no obstante tener de candidato a un empresario exitoso como lo es el doctor Eduardo Vallarino A.
A pesar de lo arriba expresado, en el año 1999 cuando el ingeniero Alberto Vallarino Clement aspiró a la Presidencia de la República por el Partido Panameñista, perdió la primaria de ese partido y su dirigencia amenazó con expulsarlo, como también a mi hermano Lucas, y a los que habíamos apoyado su candidatura, "por traidores".
Me vi forzado a renunciar de dicho partido al cual había pertenecido toda mi vida e inscribirme en el PDC, a cuya militancia renuncié unos años después cuando sus dos diputados decidieron cambiar el cauce del río saliéndose del pacto de La Pintada para hacer mancuerna con el PRD, partido por el cual, como dije en un artículo anterior, nunca he votado y mientras tenga un poco de sano juicio, no pretendo hacerlo por más amistad o parentesco que me pueda unir con uno de sus candidatos.
En mi temperamento sé perdonar, pero nunca olvidar.
El autor es banquero
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