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Panamá, lunes 28 de noviembre de 2005
 

PSICOLOGÍA. GUIAR Y ACONSEJAR NO ES LO MISMO.

Es por su bien

Es natural que una madre proyecte sus expectativas de la vida en su hija y que elabore una agenda para que las alcance, como si fuera una extensión suya. Cambiar esta actitud es difícil.

© Corbis
598755
Rosalía Arosemena A.
rarosemena@prensa.com

Todas las mamás sueñan con tener a la hija perfecta. Envidia de sus amigas. Que saque buenas notas, que siempre esté bien arreglada, que tenga las mejores amistades y que se case con el príncipe azul, indica la psicóloga Lourdes Berrocal.

Por eso desde que tienen a sus hijas en el vientre, las madres empiezan a prepararles una agenda para que alcancen sus "sueños" y tengan "lo mejor", agrega Berrocal.

Pero los "sueños" y "lo mejor" son precisamente aquellas cosas que le hicieron falta a la madre en algún momento de su vida. No necesariamente las cosas que pueda desear la hija en su futuro.

"Las madres proyectan sus expectativas de la vida y sus conflictos sin resolver en sus hijas", indica el libro Tu hijo, tu espejo: un libro para padres valientes, de Martha Alicia Chávez.

Es como si llegaran a vivir a través de las hijas. Si la madre soñaba con ser médico y no pudo, tratará de que la hija lo sea. Si la madre siempre quiso aprender ballet, meterá a su hija en clases.

En este punto se puede concluir que las madres ven a sus hijas como una extensión suya, a través de la cual pueden concluir ciertos aspectos de su vida.

Empiezan los problemas

Cuando las hijas están chiquitas es fácil para las mamás imponer la agenda. Indicarles a las niñas cómo vestirse, qué comer, qué hacer y con quién jugar.

A medida que la hija se vaya acercando a la pubertad, a ese período de búsqueda de identidad, será más difícil para la madre seguir la agenda y en algún momento tendrá que abandonarla al darse cuenta de que su hija no es una extensión suya; pero realizar este hecho siempre es difícil.

En el libro Tu hijo, tu espejo: un libro para padres valientes, la autora expone un caso personal.

La doctora Chávez se había enfadado sobremanera al enterarse que su hija se había hecho un piercing.

Al ahondar en sus sentimientos, se dio cuenta de que temía a la opinión de los demás sobre su hija, que la tildaran de rebelde o vaga, y luego a ella de mala madre. Ella estaba viendo a su hijo como una extensión de su imagen.

Vea Tu hija, no tu extensión


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