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Panamá, lunes 28 de noviembre de 2005
 

ESTRATEGIAS.

Con Brasil en la mira

Danilo Arbilla

Se equivocan los que creen que el viaje del Presidente argentino a Venezuela es parte de su enfrentamiento con Estados Unidos, el ALCA y el FMI. Yerran los que piensan que es una nueva jugada de Néstor Kirchner contra Vicente Fox. El objetivo de los verborrágicos e impulsivos mandatarios que se reunieron en Puerto Ordaz, se llama Brasil o, más al detalle, Luiz Inácio Lula da Silva.

Chávez y Kirchner se parecen: necesitan confrontar continuamente, buscan enemigos para disimular sus carencias como gobernantes, utilizan el poder del Estado para atacar a la oposición y los dineros públicos para conseguir aliados, presionan e insultan a la prensa y a los periodistas, y en política exterior actúan a impulsos de brutal ferocidad y se comportan, al decir de los argentinos, como iracundos adolescentes en una materia en la que hay que ser muy adultos. Hoy, la mayor obsesión de ambos, es Lula.

Para el comandante venezolano, que aspira a suceder a Fidel, Lula le significa un escollo: al brasileño internacionalmente lo toman en serio, y lo sitúan, en cuanto a su real o potencial liderazgo continental, muy por encima de Chávez. Por más que este reparta dinero, regale petróleo, compre barcos, aviones y armas y adquiera bonos, no lo logra. No se le acerca en estatura al brasileño como tampoco a los presidentes Lagos, Uribe, Fox, por citar a algunos otros. Pero para Chávez, el problema es Lula.

Lo mismo es para Kirchner. Es un hecho que la crisis argentina más las guerras internas de Kirchner y su pésima política exterior, le dieron grandes facilidades a Brasil para afirmar su primacía en Sudamérica. Argentina ha sido su "vagón de cola", y en el mejor de los casos, su segundo de a bordo.

Desde siempre Brasil, y nada cambió con Lula, ha utilizado el Mercosur en su provecho y lo usa como sello propio en sus negociaciones internacionales. Menem lo frenaba un poco; pero Kirchner nada. Y esto se ha hecho sentir en el plano económico-comercial: la relación entre ambos países es favorable a Brasil desde donde se le mire, lo que tiene muy enojado a empresarios argentinos.

Existen serios desacuerdos y la inoperancia del Mercosur es notoria.

Kirchner tiene esa sangre en el ojo. En su afán por enfrentarse a Lula, lo que no se anima a hacerlo solo, coqueteó primero con Estados Unidos y luego con México. Como no lo hace bien, poco consiguió y ese poco lo malogró en la Cumbre de Mar del Plata. Desde aquí fue que enderezó por otro camino –no le quedaban muchos– y tomó para el lado de Venezuela e instauró el "kirchnerismo bolivariano".

Al argentino no le viene mal, obtiene plata fresca –bastante más cara, eso sí– para sus negociaciones con el FMI, coloca algunos productos más, y recibe tratamiento de estadista y elogios a granel, de lo que no "liga" mucho en otros lares. Además consigue un "socio" fuerte en el Mercosur y así le mete una "pica en Flandes" a Lula.

Al venezolano, en tanto, le viene de perlas, porque tiene un foro para su show, y una especie de reconocimiento internacional, un poco más en serio, que también sabe que le falta.

Ambos deben haber sopesado los problemas internos de Lula, quien en las encuestas ha caído a menos del 50%. Es muy de Kirchner fijarse y contabilizar a futuro los "cambios" electorales en otros países: lo hizo en Uruguay y sueña con Evo Morales en Bolivia y López Obrador en México; piensa que la Bachelet le prestará más atención desde Chile y quizá, ¿por qué no?, sobrestime la debilidad de Lula en Brasil.

La jugada está hecha. Casi al unísono afirmaron que "Argentina y Venezuela están sentando las bases de una nueva América Latina". Ahora parece como seguro que Chávez, con el padrinazgo argentino, pase a ser "socio estratégico" del Mercosur. En concreto no es nada, pero sirve para la foto, el discurso y el espectáculo.

Eso ocurrirá en la cumbre presidencial del Mercosur de diciembre. Ya está casi decidido. Es muy difícil que se complique. Pero de cualquier forma, sino ahí, van a venir complicaciones: Itamarati nunca duerme.

Es gracioso: entre tantos acuerdos, Chávez y Kirchner firmaron uno para construir un gasoducto de 12 mil kilómetros a un costo de 4 mil millones de dólares para asegurarle energía a la Argentina. ¿Y qué es lo gracioso?

Primero, que Venezuela paralelamente acuerda con Colombia otro gasoducto, un poco más corto, para que los colombianos la abastezcan de gas. Lo segundo: que un largo, muy largo tramo del gasoducto venezolano-argentino, pasaría por Brasil.

¿Ya le habrán pedido permiso a Lula?

El autor es director del diario Búsqueda de Uruguay

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