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Reportaje especial
Panamá, lunes 28 de noviembre de 2005
 

DIÁLOGO CONSTRUCTIVO.

Ganadores y perdedores

Carlos M. Arango Jr.

La Caja de Seguro Social (CSS) está posicionada hoy en dirección a la quiebra. En pocos años –a partir de 2012, según los entendidos– sus reservas serán insuficientes para pagar las pensiones de los jubilados actuales, comprometiendo los recursos del Estado en detrimento de todos los que lo componen.

Los abusos y la corrupción de gobiernos, políticos, asegurados, beneficiarios, patronos, empleados, funcionarios y administradores han sido los causantes de esta situación, de manera que todos somos parte del problema por acción o por omisión. Los gobiernos han mirado para otro lado porque el costo político no les convenía. Para tratar de ser objetivo, debo reconocer que este ha tenido el coraje de tomar la decisión de encarar la situación, aunque se hubiera podido hacer de la vista gorda hasta el 2009, nombrando en su periodo comisiones de alto nivel como hacen los presidentes cuando no quieren resolver un problema pendiente.

El primer intento fue muy mal manejado. La lección parece que fue aprendida, al menos hasta ahora, porque rectificó la equivocación abriendo el camino al diálogo constructivo que fue lo que se debió hacer desde un comienzo, y no con las prisas e imposiciones como se intentó hacer.

La experiencia del diálogo también ha dejado lecciones muy claras. La primera es que esa es la única forma civilizada de resolver nuestros problemas. Es en la mesa de negociación donde se avanza y se concede, buscando lo mejor de lo posible, como ha sido la tradición panameña en todas nuestras crisis mayores.

Otra lección muy clara que ha quedado en evidencia para los panameños conscientes es que de lo que se trata es de encontrar una solución, y no como actuó un grupo que buscaba todo lo contrario, trancando las vías de entendimiento. Es la izquierda radical que cree que el odio y la violencia son el camino.

Lo que todos hemos entendido es que su verdadero objetivo no es mejorar la situación de la CSS. Su agenda es política y no es oculta. Se trata de usar la violencia con la agitación en las calles para tomar el poder político en medio de la anarquía y conducir al país por un camino totalmente distinto a nuestra vocación democrática.

La intransigencia, la obstinación y el equivocado concepto de que poseen la verdad única y suprema les ha labrado su propio fracaso. Su movimiento, que en un momento tuvo cierto apoyo popular, se ha resquebrajado y debilitado significativamente al punto de quedar solamente representados por los cabecillas de dos organizaciones sindicales, un ideólogo marxista –que cuando pudo no solucionó lo que ahora critica–, un sacerdote –que no representa a la Iglesia católica, que es la de la mayoría de los panameños– y algunos pequeños grupos de estudiantes y camorristas en la ciudad capital y en algunas cabeceras de provincia, con lo cual violan los derechos humanos de terceros socavando la paz social y la convivencia pacífica entre hermanos.

Esos son los marchantes de la amargura y la violencia. Afortunadamente otras organizaciones sindicales, profesionales y gremiales, así como la mayoría de los panameños se han dado cuenta del verdadero propósito de estos radicales y los han abandonado.

El acuerdo obtenido en el diálogo es mejor que la actual ley de la CSS y que la suspendida Ley 17. Conserva la edad de jubilación, no se privatiza la Caja, se mantiene la solidaridad, se mantiene el sistema de reparto y se introduce la modalidad del segundo pilar. Se le han hecho reformas a la administración y se le ha dado mayores poderes a la junta directiva. También se han aumentado las cuotas y la densidad en forma paulatina. Esto era inevitable porque ahora nos toca pagar los platos rotos de los abusos anteriores.

¿Es perfecta la fórmula propuesta? Por supuesto que no lo es. La solución a los problemas que ha venido acumulando la seguridad social son complejos e imposibles de solucionar a la perfección por razón de los distintos intereses de las partes involucradas. Haber logrado un consenso entre los que tuvieron la entereza de quedarse hasta el final es una demostración de que ante lo imposible de la perfección –predicada por algunos– es de sentido común optar por lo mejor de lo posible.

En esta ocasión hay ganadores. Los asegurados, los jubilados –actuales y futuros–, el país sensato y las organizaciones representativas de patrones y trabajadores que negociaron en busca del bien común, sin dejar de tener su cuota entre los ganadores, el Gobierno nacional.

Los perdedores fueron los que se retiraron. Su agenda política quedó al descubierto y eso marcó su fracaso. Vinieron las deserciones ocasionadas por los que tuvieron la visión de un claro sentido de la oportunidad de negociar una solución en medio de la crisis.

La concentración del jueves 24 de noviembre fue la confirmación de que los sectores radicales han terminado siendo los claros perdedores de esta jornada. El distrito de Panamá, según el Tribunal Electoral en el padrón final de las elecciones de 2004, tiene una población de electores de 504 mil 192 personas. La asistencia dada a conocer por La Prensa en su edición del 25 de noviembre fue de unas 2 mil personas, lo que representa el 0.4% de la capital. No hay nada más que explicarle a Frenadeso: Paz a su tumba.

Como el acuerdo debe ir a la Asamblea de Diputados, hay que estar atentos porque los diputados son capaces de cualquier aberración que desvirtúe lo logrado, por el solo hecho de politiquear con un tema tan serio como el de la CSS.

Por otra parte, le tocará a la dirección general y a la junta directiva administrar el Seguro Social con pulcritud e integridad para eliminar los abusos y la corrupción. El país estará vigilante.

El autor es ejecutivo retirado

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