| INTERCONEXIÓN GLOBAL.
La cara humana de la globalización
Eduardo Espino López
Mucho se dice de la falta de "humanización de la globalización" en el sentido de que el proceso histórico sin precedentes de interdependencia comercial, social, cultural y política que vivimos crecientemente y conocido como globalización, trae indefectiblemente exclusión y pobreza porque no se toma en cuenta "la cara humana" o factor humano. Este desiderátum es una suerte de pensamiento catastrofista, paralizante ante los retos que plantea la irreversible situación que afrontamos como resultado de los avances de las tecnologías de la información y la comunicación.
La mayoría de los políticos y gobiernos cree que si desaparece el trabajo productivo de la sociedad industrial, ocurrirá una crisis devastadora de desempleo y atraso. Según Ulrich Beck, sociólogo alemán "...esto es una fantasía si lo consideramos desde una perspectiva general, aunque no lo vean quienes han nacido en la sociedad industrial. Durante generaciones y épocas se ha soñado con poder librarse del yugo del trabajo cuando se consiga producir más riqueza con menos trabajo. Pues, ahora, ha llegado ese momento y nadie sabe qué hacer en tal situación...".
Y es que si vemos objetivamente el panorama de la pobreza solo con India y China, tenemos una reducción sustancial de la pobreza extrema en más de 500 millones de habitantes a nivel mundial; resultado de la interconexión global de estas economías. El asunto no es evadir y oponerse a la globalización, sino asimilarla en un espacio de mercado y crear nuevas formas de inserción social mediante la renovación y fortalecimiento del capital humano e institucional de cada nación.
América Latina es hoy el epicentro del desmejoramiento de la situación económica y social en el mundo junto a África. Esto ocurre por la tenaz resistencia al cambio en estos países al vivir de surrealismos políticos y viejos dogmas. Se dice lo que no se hace y se hace lo que no se dice en los ambientes políticos a nivel de nuestro subcontinente de "libertadores". Países muy nacionalistas por su tradición política dependen paradójicamente de las remesas que vienen de los inmigrantes radicados en el hemisferio norte del mundo. Mientras, acá, los gobernantes insisten en vivir del banano y el café. Y es que el factor humano de la globalización precisamente lo forman las decenas de millones de inmigrantes con espíritu emprendedor, en su gran mayoría, que huyen de sus países de origen como consecuencia de las malas políticas implementadas por sus gobernantes. Carlos Ball dice que "los latinoamericanos votan con los pies"; y cada vez en mayor proporción. El 52% de personas no nacidas en EU es latinoamericano. Según el BID, el crédito bancario en estas naciones es escaso, costoso y volátil lo cual no ayuda a crear empresas y empleos. El fenómeno de las remesas que envían los inmigrantes a sus países de origen ejemplifica elocuentemente cómo la globalización rebasa los mecanismos formales y rígidos de las legislaciones y controles que establecen los gobiernos al libre tránsito de bienes, servicios y personas. Este es el "factor humano" de la globalización, resultado de un creciente movimiento de ideas, proyectos y redes de apoyo creadas por estos grandes núcleos de gente en busca de oportunidades. Este año las remesas van por los 50 mil millones de dólares y este dinero supera la suma de todas las ayudas dadas a Latinoamérica en un año. En México y Centroamérica son la primera o segunda fuente importante de ingresos de estos países y constituyen un fuerte empuje a las economías locales promoviendo, como en el caso de México, la creación de redes sociales. Las organizaciones de inmigrantes zacatecanos es un nuevo actor transnacional para beneficio del estado de Zacatecas en México. La "migración, como parte del proceso de integración global, engendra nuevos mercados laborales interrelacionados y redes transnacionales que comprenden familias e individuos, entre ellos emigrantes que vuelven a su país de origen, negocios e inversionistas...."(Foreign Affairs, 2005). Los turistas, en especial jubilados de Norteamérica y Europa que invierten en turismo residencial en países del sur, amplían las oportunidades de trabajo a miles de personas pobres. Esto es "factor humano" de la globalización.
En resumen, la globalización se "humaniza" con cada persona que busca un mejor futuro para sí mismo y su familia; en contra de las trabas que gobiernos deshumanizados crean para proteger pequeños grupos de intereses tal como hace siglos lo hacía el mercantilismo de Estado de metrópolis colonialistas.
El autor es miembro de la Fundación Libertad
Además en opinión
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