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Panamá, domingo 27 de noviembre de 2005
 
 
TEMA DE PORTADA
POR UN MEJOR BOMBERO
 
Un bombero debe estar preparado para responder ante cualquier eventualidad, que va más allá de combatir un incendio. Para su formación cuenta con la Academia Superior Internacional de Bomberos de Panamá, Mayor Alfonso A. Lavergne. 
 
DANIEL DOMINGUEZ Z. 
ddomingu@prensa.com 
 
El ser bombero es un oficio noble. En un incendio, mientras otros salen de la zona del peligro, ellos van hacia el fuego, en busca de personas a quienes salvar de las llamas. Pareciera que no conocieran el miedo, pues se crecen ante las adversidades.

De chicos, casi todos los niños quieren ser bomberos porque es un trabajo que les inspira confianza y porque es sinónimo de valentía y entrega a los demás.

“Para ser bombero hay que tener ganas de trabajar por la comunidad, arriesgar y exponer tu vida. Pero si solo se viene al cuerpo de bomberos a lucir el uniforme un día de desfile para que los vean sus familiares, esos no son bomberos, nosotros los llamamos ‘bomberos de parada’ y no les sale del corazón ser un bombero. Uno nace para esto y por eso somos bien vistos dentro de la sociedad”, dice el capitán Germán A. Molina, actual director de la Academia Superior Internacional de Bomberos de Panamá.

Pero la responsabilidad del bombero no termina con extinguir un fuego. Sus otras tareas incluyen combatir abejas africanizadas, resolver desperfectos eléctricos y escapes de gas, así como conocer la manera de rescatar personas en accidentes automovilísticos y personas relacionadas con riñas familiares.

“Una vez uno ingresa al sistema, este te abre las puertas y quieres tanto a esta institución, que a veces se hace difícil estar fuera de ella. Es un trabajo muy bonito”, dice por su parte el capitán Edgardo González, que es bombero desde 1987.

Educar y capacitar

Es obligación del bombero estar en permanente formación y superación. Para lograrlo, existe actualmente la Academia Superior Internacional de Bomberos de Panamá, Mayor Alfonso A. Lavergne, que contribuye con el desarrollo de estos profesionales en técnicas de extinción de incendios, manejo de materiales peligrosos, bioterrorismo, bioseguridad y atención de emergencias diversas, entre otras.

El capitán Edgardo González, uno de los instructores de la Academia, explica que todo aspirante a bombero debe tener entre 18 y 25 años de edad, poseer un título de escuela superior o bachiller, no haber sido juzgado ni condenado por delito alguno, tener al menos un año de ser bombero voluntario, saber nadar, no sufrir de vértigo ni claustrofobia, poseer licencia de conducir y pasar los exámenes psicológicos.

El capitán Germán A. Molina, quien es bombero en ejercicio desde el año 1962, comenta que cuando el aspirante pasa esta serie de requerimientos, entonces puede ingresar a la Academia Superior Internacional de Bomberos de Panamá, en la que recibirá formación integral en aspectos humanísticos, culturales, éticos y morales, así como enseñanzas relacionadas con la disciplina y la preparación física, aspectos técnicos en materia de prevención, extinción, rescate, primeros auxilios, uso de extintores, electricidad básica, hidráulica, matemáticas, inglés, liderazgo y cuidado del medio ambiente.

El diseño del curso, impartido por más de 25 instructores panameños, incorpora 24 asignaturas, y por lo menos 10 talleres obligatorios en torno a rescate en aguas rápidas, bombero forestal, supervivencia en la selva, desastres naturales, espacios confinados, rescate vehicular y en estructuras colapsadas y las primeras respuestas que se deben brindar ante materiales peligrosos, entre otros.

Se trata de un curso intensivo, presencial, en el marco de la legislación educativa vigente, y todos los programas están autorizados por el Ministerio de Educación. Son 268 horas repartidas en tres meses continuos, de 9:00 a.m. a 1:00 p.m. para las sesiones teóricas. Las prácticas en sitios abiertos se llevan a cabo usualmente los fines de semana.

Al terminar la capacitación, los participantes están en condiciones de aplicar las técnicas modernas de prevención y extinción de incendios en el desarrollo de su trabajo; colaborar en las tareas de rescate y primeros auxilios y desarrollar su labor en el marco de la disciplina institucional e interinstitucional

Comenta el capitán Edgardo González que el equipo de instructores efectúa reuniones mensuales para evaluar el desempeño de los egresados del curso, con base en los informes de las emergencias atendidas en un período determinado. “En el camino adecuamos y modificamos si algo ha salido al mercado a nivel de bomberos y son útiles para nosotros. Esta formación es similar a la que tienen los bomberos a nivel internacional”.

Como se habla de vidas humanas, indica el capitán Edgardo González, solo pasan el curso de formación aquellos que logran el 81% mínimo en sus evaluaciones y tienen el 90% mínimo de asistencia a clases. De lo contrario, solo recibirán una nota haciendo constar su participación.

Permanentes y voluntarios

En Panamá, además de los bomberos permanentes, dice el capitán Germán A. Molina, también están los voluntarios, un colectivo de entre 50 y 100 personas que anualmente se capacita entre tres y seis meses dentro de sus respectivas compañías y cuando la Academia abre cursos para aspirantes a bomberos este personal nuevo comienza su etapa de formación.

El capitán Molina informa que los bomberos permanentes en la provincia de Panamá superan los 300 y los voluntarios están por encima de los 800 y están repartidos en más de una docena de estaciones.

“En otros países, los voluntarios trabajan independientemente de los de la guardia permanente. En Panamá se hace de manera conjunta. Básicamente están al mismo nivel porque cuando hay un siniestro deben trabajar los dos. Cuando el siniestro está controlado, la guardia permanente se retira a sus respectivos cuarteles para reorganizar sus materiales para otra posible salida y los voluntarios son los que se quedan hasta finalizarlo todo”, comenta el capitán Molina.

Además de la formación de la Guardia Permanente y de los voluntarios, también la Academia Superior Internacional de Bomberos de Panamá capacita a los oficiales de comandancia con cursos de 40 horas para que estén siempre actualizados y a todo aquel que aspira a ascensos dentro de este trabajo.

También la Academia forma a los bomberos en provincias como Bocas del Toro, Veraguas, Los Santos, Herrera y Colón.

Aparte, ha fundado más de 10 brigadas de bomberos voluntarios a nivel de la empresa privada, entre ellas en el Riba Smith, Toledano, Melo, Pascual y Nikos Café. Son grupos de 30 personas que se capacitan en primeros auxilios, evacuación, ejercicios de desalojo y extinción de incendios.

“Los bomberos nos debemos a la comunidad, ella nos exige un servicio y nosotros estamos siempre disponibles para darles ese servicio. Por eso trabajamos 24 horas, sea el día que sea, sin límite de tiempo. Debemos ayudarnos mutuamente y nuestra responsabilidad no solo es tener un equipo entrenado sino también tener el equipo y los recursos necesarios. Se está trabajando en eso, aunque es difícil”, indica el capitán e instructor Edgardo González.

La evolución de la Academia

El Cuerpo de Bomberos de Panamá se fundó el 28 de noviembre de 1887.

Por iniciativa del subteniente Enrique Dumelé, en la jefatura del comandante Florencio Arosemena, el 4 de octubre de 1898 se implementó de forma gratuita un método de enseñanza que le permitía a los camisas rojas recibir instrucciones los días martes y jueves en horarios nocturnos.

El 2 de agosto de 1932 se estableció un programa de estudios para ascensos en la institución, lo que fue refrendado por el comandante Juan Antonio Guizado y el capitán Alfonso Lavergne, este último autor del Manual del Bombero en 1931 y que se aceptó como el texto oficial de los bomberos en Panamá y Centroamérica.

Hasta la década del setenta, a los bomberos y clases, para ser promovidos se les tomaba exámenes orales y prácticos en sus respectivas compañías, a cargo de un jurado nombrado por el Comandante Primer Jefe.

No fue hasta el 26 de abril de 1968 cuando oficialmente se inauguró la Escuela del Bombero por el coronel Luis Carlos Endara y cuyo primer director fue el capitán Héctor Crooks.

Después, es reorganizada el 22 de mayo de 1985 como Academia del Bombero, bajo la administración del coronel Guillermo Leblanc Jr., quien nombra al capitán Gregorio Arosemena como coordinador y posteriormente designa al capitán Rolando Quintero desde febrero de 1987 hasta inicios de 1992 y como subdirector al subteniente Germán Molina.

Entre 1992 y 1996 fue su director titular el capitán Enrique Rogers teniendo como subdirector al subteniente Germán Molina. En 1997, bajo la administración del coronel Christian Arnheiter, que respondiendo a la corriente mundial de la globalización y las normas de la National Fire Protection Association, aparece el interés de reconocerla como Academia Internacional de Bomberos Mayor Alfonso A. Lavergne, y se inician los trámites en el Ministerio de Educación para legalizar este centro educativo y a los docentes que ofrecen sus conocimientos.

El Ministerio de Educación les puso un año de prueba para ver si cumplían con todos los requisitos y lo consiguieron de forma sobresaliente.

En enero de 2002, a través de un decreto presidencial se le reconoce como academia superior y al año siguiente se nombra como director titular al capitán y profesor Germán Molina. Está ubicada en el barrio de Carrasquilla.

El mañana

Tanto Molina como González coinciden en que en Panamá los bomberos reciben una capacitación completa que no tiene nada que envidiarle a la que reciben bomberos de otros países, pero les preocupa que la institución requiere un mayor presupuesto financiero para sus actividades y son conscientes de que el número de bomberos debe aumentar para que la población esté cada vez mejor protegida.

Hay que estar optimista ante el futuro, como lo deja ver el capitán Edgardo González cuando dice que estos retos “no son nada que no se pueda remediar”.
 

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