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Reportaje especial
Panamá, viernes 25 de noviembre de 2005
 

BECAS.

Otro ¡por fin!... pero falta

I. Roberto Eisenmann, Jr.

En su edición del sábado 19 de noviembre La Prensa tiene un titular: "Ifarhu dispone de 20 millones más para becas y créditos educativos"…¡por fin! –digo yo. Por fin hemos vuelto a nuestras raíces. Los próceres iniciaron la República becando –por méritos– a panameños para que asistieran a las mejores universidades del mundo. Crearon así una élite intelectual universalizada que le dio a la nueva nación la posibilidad de dar un salto de garrocha en calidad de vida. Así, por ejemplo, Harmodio Arias, oriundo de un pueblito campesino, fue becado a la Universidad de Oxford y cuando retornó al país, entre muchos avances produjo la creación de la Universidad de Panamá, que a su vez atrajo a grandes intelectuales europeos quienes a su vez educaron a muchos panameños valiosos en la construcción de nuestra nación.

Las élites económicas son odiosas, pero las intelectuales son una necesidad; así son nuestras raíces. Sin embargo, en el camino fuimos abandonando las acciones de éxito del pasado para caer en la mediocridad "buscando protegernos del extranjero", al punto que año tras año se presentan proyectos de ley que protegen a los autores panameños garantizándoles la exclusividad de sus obras en nuestras escuelas. Un sinsentido que puede ser el símbolo de nuestra natural tendencia a condenarnos nosotros mismos a la mediocridad y a cerrar nuestros cerebros a los avances e incluso a las locuras del globo terráqueo.

Hace muchísimos años un grupo de –entonces jóvenes– empresarios hicimos algo insólito: propusimos autogravarnos con un llamado Seguro Educativo para que el Estado tuviera el dinero para volver a las raíces educacionales de los próceres... pero los políticos nos trampearon –¿cosa rara, verdad?– y los dineros fueron al fondo común, que equivale a tirarlo por el profundo hoyo negro de gastos generales políticos.

Ahora, por fin, el gobierno de Martín Torrijos da el primer paso para volver a la raíz. El proyecto incluye 100 maestrías y 25 doctorados, y esto coincide con el plan de Julio Escobar, respetado director de Senacyt. Pero ponerlo en el presupuesto es solo el primer paso, Presidente. Ahora falta el paso No. 2: que las becas se ofrezcan por legítimos concursos que cubran a todos los sectores socioeconómicos y territoriales de la nación... y que se garantice la despolitización del proceso.

El paso No. 3 es el más importante: que los cheques eviten la burocratización del ente que produce la beca y la tragedia burocrática que se ha producido en la Contraloría. Conozco casos trágicos del pasado, en que el becado viaja a Londres, se establece... entonces no llegan los pagos por falta del refrendo de la Contraloría... y el estudiante no se puede matricular, pierde el año y –lo que es peor– queda varado y abandonado en un país extraño sin siquiera el dinero para regresar a casa.

Como ciudadano yo me sentiría más tranquilo si los fondos –al menos los de maestrías y doctorados– fueran asignados al Senacyt, donde domina una actitud despolitizada de méritos, y que la Contraloría aprobara la totalidad de los dineros asignados para que la emisión de cheques sea ágil y a tiempo.

Finalmente, hay que pensar en crear un foro para los graduados en el que sientan que tienen un campo donde se le reconozca como la élite intelectual que regresa a su país para dedicarse con sus ideas a construir nación. Esta es una función natural para la Ciudad del Saber, una que debe ser como una vez la describió Fernando Eleta: una permanente plaza socrática donde se debaten ideas... en una época cuando hay gran ausencia de ideas y los libros dominantes son sobre cómo hacerse rico y cómo mejorar el sexo.

El primer paso está dado. Felicitaciones, Sr. Presidente. Ahora, complete el círculo para garantizar el éxito.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

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