La Villa de Los Santos, una reserva del folclor panameño, recordó a su heroína, la mujer que desafió los fusiles realistas para inyectar valor a un pueblo ansioso de libertad. Ayer los portalones de las casas de quincha de La Villa estaban adornados con flores frescas del campo, de esos llanos en los que se pierde el canto del mejoranero para colarse entre las faldas del fiel Canajagua.
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COLON VIBRA
Los colonenses se unieron a la celebración de ayer. Hay muchos santeños por los lados de Gatuncillo y Nuevo Tonosí. Y ellos no pierden ocasión para disfrutar de una lechona asada con música típica de fondo. |
LARGA ESPERA
No se trata de un niño cantando como Pavarotti. Es un pequeño montuno que está cansado de esperar a que empiece el desfile en San Miguelito. Siempre la hora panameña.
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ELEGANCIA
En la Villa de Los Santos votaron la casa por la ventana. Los desfiles estuvieron regios, con múltiples colegios. Y en la noche los acordeones hicieron retumbar la histórica estructura del jardín "El Tamarindo". ¡Oiga, primo! |
VISTOSIDAD
Una pareja de diablicos, de los “limpios”, exhibe sus coloridos atuendos durante el desfile de La Chorrera. La gente disfrutó de sus movidas danzas, con excepción de algunos niños a quienes los “diablos” les echaron a perder el algodón de azúcar. |
Hasta en Quintín, un bucólico pueblito oculto en medio de la selva de Darién, hubo jolgorio, bollo con carne asada y música de violín del inolvidable Chico Purio Ramírez y su delirio de amor por Bella.
En San Miguelito, Juan Díaz, La Chorrera y en cada parcela donde un santeño suda el "cotón" hubo alegría y una mezcla de patriotismo y tradición.