| JUSTICIA.
Un pacto que no lo es... y un ¡por fin!
I. Roberto Eisenmann, Jr.
El llamado Pacto por la Justicia tiene un gran defecto conceptual... y es que no es un pacto. Es un magnífico documento creado por un grupo de expertos de variados sectores de la sociedad, nombrado por un Presidente con el objeto de calmar a la sociedad enardecida por las injusticias de la justicia. El Presidente recibió el documento, dijo al recibirlo todo lo que debió decir... y algo más... y allí quedó la cosa desde hace ya un mes, creando un alto nivel de frustración entre los autores.
Hay que llamar las cosas por su nombre: el problema del Pacto es que no lo es. Habría que procurar una gran convocatoria de toda la sociedad –al estilo de las exitosas convocatorias del PNUD– sobre el vital tema de la justicia... y usar el documento producido por el mal llamado "pacto" como documento de trabajo, en aras de lograr –entonces sí– un gran pacto de toda la sociedad política, la sociedad gremial y la sociedad civil respecto a un plan de Estado para reformar el sistema de justicia. Hay que convertir la negativa rabia de la sociedad respecto a la falta de justicia, la horripilante inmunidad y las graves faltas en la Corte, en un movimiento de compromiso positivo pero exigente que logre el gran cambio vital y necesario para la conservación de la democracia.
Y...hablando del problema de la Corte... quiero expresar un esperanzador ¡por fin! por las palabras de la magistrada Esmeralda Arosemena de Troitiño en su entrevista dada el 21 de octubre a Nubia Aparicio de La Prensa. Cuando los seres humanos tenemos cualquier problema, la reacción natural inicial es negarlo. Si existe un real propósito de resolverlo, el primer paso imprescindible es aceptar que el problema existe. Ningún ejemplo mejor que el de la organización más exitosa en el combate al alcoholismo. Como el alcohólico siempre niega que lo es, el primer paso hacia la reforma de su conducta es lograr que se pare frente al grupo y se identifique diciendo: "yo soy fulano... y soy alcohólico".
El primer paso hacia la reforma de la justicia lo acaba de dar la Magistrada. Dijo: "la gente siente que los jueces no tienen esa solidez en los principios. No obstante... hay mucha gente honrada, honesta... hay realidades que se presentan y quienes tenemos la responsabilidad de dirigir, debemos actuar. No es posible que sigamos diciendo que el problema que tenemos es producto de una percepción; existen realidades que hay que enfrentar. Hay denuncia, hay gente que le expresa a su superior lo que está sucediendo, no podemos cruzarnos de brazos... eso no puede quedarse sin respuesta... hay que hacer una labor de limpieza, un proyecto de trabajo que nos permita un fortalecimiento de la sección de auditoría judicial para que cada juez sepa cómo está funcionando su despacho y por qué razones tiene causas de cinco y 10 años sin resolver...".
¡Bravo, señora Magistrada! Usted comienza por aceptar que el problema existe... y que es de verdad, no solo de percepción. Con esta actitud, reconociendo el mal, es posible iniciar el cambio. Lidérelo señora Magistrada... que por acá la sociedad –además de acusar ante la Asamblea a los magistrados que así lo merezcan– empujará hacia una convocatoria nacional que produzca un verdadero Pacto que conduzca al cambio que exige la ciudadanía hastiada.
Como escribió un amigo uruguayo sobre su país, tenemos que eliminar un doble mal: el de la politización de la justicia y el de la judicialización de la política; es un círculo vicioso que tiene que acabar.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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