| SISTEMA.
Cadáver Judicial
Juan Carlos Pastor
Soy profesional del derecho, no por lujo o aderezo, por formación y convicción, y afortunadamente atravesando una época de grandes miserias y coyunturas para una profesión que tiene que ejercitarse en las entrañas putrefactas del cadáver descompuesto de un sistema que hace mucho pereció. De necios y sinvergüenzas calificaré, con la autoridad de mi pericia, a todo aquel que defienda virtudes imaginarias e inexistentes de un sistema de justicia que al parecer creyó demasiado y se embriagó del errare humanum es.
Sabiendo que algunos ven en nuestras opiniones algo de violencia, repito contra ellos que no hay peor violencia que la que te impide vivir, y al menos que seáis buen buzo con trajes y mascarillas apropiados para soportar la hediondez, difícil te será introducirte en el sistema y realizar un servicio profesional, pues la paradoja inicia cuando el sistema, impregnado de "profesionales", lo último que respeta es la esencia de la profesión. De expedientes y sentencias se desprende con facilidad, cero al debate, publicidad, transparencia y ciencia. Autorizados técnicos achacan aquella tristeza al fenómeno de la ‘escrituraliudad’, pero para mí, la razón es menos sana. Yo le diría golpe de autoridad con un alto grado de vanidad. Esta combinación ¿a qué tipo de juzgadores nos acarrea?
De lo inmediatamente anterior llegamos a otra realidad, la formación y principios de nuestros jueces, ¿alguien conoce cómo?, pues no, el sistema no cuenta con elementos que garanticen y publiciten esas cualidades de nuestros mandamases de la justicia; y ya no es por la obsolescencia del sistema, lo es ahora pues, maldad y mediocridad han luchado por prevalecer intoxicando al gigante que ahora yace putrefacto, mas la verdad y la virtud seguirán siendo el alma inmortal que enviará a sus médicos internistas para que apliquen antitoxinas al difunto con la esperanza de que la justicia sanará.
¡Qué malos son, que aunque viejos y enfermos, no se arrepienten del daño que causan a la sociedad, más aun, siguen pensando que es prestigio ocupar un cargo y devengar emolumentos de pura vanidad, aunque el pueblo los desprecie desde su óptica sencillez. Un buen juzgador renunciaría.
El autor es abogado
Además en opinión
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