La renuncia de Harriet Miers en su carrera hacia la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos es el enésimo síntoma del rumbo que está tomando la política en ese país. El sector más conservador del Partido Republicano, el ultraderechista, ha presionado hasta provocar el paso atrás de Miers porque la consideraban poco afín ideológicamente hablando.
Para los ultraconservadores estadounidenses ni siquiera George Bush está suficientemente escorado a la derecha, la cadena televisiva CNN les parece una reencarnación de Lenin, y apuestan a la peligrosa mezcla de la religión en los temas políticos.
Bush ha hecho lo que querían que hiciera, aceptar la renuncia de Miers y buscar un candidato más radical. Quien espere síntomas de apertura de esta Administración estadounidense respecto a temas como las migraciones, la política externa o la estrategia de seguridad está sentado en una utopía. La política real en Estados Unidos camina, cada vez de manera más clara, hacia las veredas del peligroso fundamentalismo.
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