Comentario histórico
Pantalla de Panamá en el año de 1855
VISIÓN- Continuamos con el recuento de las impresiones que a lo largo del siglo XIX y más específicamente en sus años 80, dejaron viajeros que provenientes de variados paraísos estuvieron de paso por esta capital.Hoy le toca el turno a Robert Tomes, quien financiado por la compañía estadounidense que acababa de terminar la construcción del ferrocarril Colón-Panamá, viajó hasta acá y vivió sus impresiones con el fin de publicar un libro que tituló, Panamá en 1855. La editorial de U.S.A. Harper Brothers se encargó de la edición.Junto a Tomes arribaron algunos otros visitantes que al poner pie en la ciudad, se separaron en varios grupos. Unos después de ver y caminar las estrechas calles de la ciudad, pobladas de hierbas que según el relator, penetraban hasta cerca de los altares de varias iglesias que visitaron. Al salir de ellas les llamó la atención las morenas muchachas que los miraban desde sus balcones.
Pero volviendo al interior de otra iglesia también les causó admiración, el ver a los feligreses arrodillados en el suelo así como las expresiones que manifestaban.De allí y acuciados por el calor, entraron a una cantina, en donde además de los bebedores, algunos parroquianos jugaban al dominó y al billar.Después continuaron su caminata, se percataron de las murallas, pasaron por el frente del consulado norteamericano, en donde su representante les invitó a que pasaran para libar una copa de licor. Observaron el edificio del periódico Panama Star, el de un gran convento de monjas.Una vez llegados a la Plaza de Chiriquí, allá en lo que hoy se conoce como las Bóvedas, Tomes y sus acompañantes quedaron encantados con el lugar, pero sobre todo con su asentamiento y el fresco que reinaba, mas no con el aspecto de las variadas construcciones que según ellos, servían para constatar que la ciudad daba certeras señales de estar en plena decadencia.
Sin embargo, la geografía del sitio se encargaba de enmendar el mal aspecto de los herbazales y de ciertas edificaciones ruinosas que por doquier se toparon.Nuestro autor quedó tan impresionado, a cualquiera le sucede lo mismo hoy, que se aprendió los nombres de todas las islas que desde allí se divisaban.
Taboga, Taboguilla, Naos, Perico, Flamenco y Culebra son escritas correctamente en sus apuntes.No es el primer autor de los que visitaron a Panamá, en los años arriba mencionados, que hablan de lo distinto que debería haber sido esta ciudad en años anteriores.Otro viajero, esta vez inglés, que también visitó estos lares, cuatro años más tarde (1859) y quien también dejó sus impresiones en un libro pero que no sólo lo dedicaba a Panamá, sino a las Indias Occidentales y a lo español que vio por aquí, lo fue Anthony Trallope.
Este fue un novelista que fue enviado por Inglaterra su país, por asuntos relacionados con las instalaciones postales. No escribió mucho en relación con su visita a esta ciudad. Reconoció la importancia de esta ciudad para estadounidenses e ingleses. La población capitalina era entonces de 30 mil habitantes.
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