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Gripe aviar: hechos y realidades
Xavier Sáez Llórens
Desde una perspectiva pública, resulta contraproducente emitir alertas sanitarias exageradas o muy prematuras que provoquen pánico desmedido o a destiempo en la población. Peor aún, sin embargo, es ocultar o minimizar la información pertinente a una determinada enfermedad y mantener en penumbra educativa a la sociedad. La próxima pandemia de gripe está cada vez más cerca. Nadie puede predecir el momento de su ocurrencia pero, a juzgar por la veloz propagación del altamente patogénico virus de influenza aviar entre países de Asia y ahora en el este de Europa, es razonable pensar que ésta se suscitará antes del 2010.
El subtipo viral H5N1 genera enorme preocupación entre científicos debido a que exhibe mutaciones rápidas, es propenso a adquirir genes de otros subtipos de influenza animal, se ha detectado en cerdos (hospedantes habitualmente transitorios entre aves y humanos) en China e Indonesia, ha infectado gatos, leopardos y tigres en el oriente asiático (felinos usualmente resistentes al virus de influenza A), muestra un elevado índice de virulencia y contagiosidad en pollos, patos y pavos con mortalidad cercana al 100%, ha causado la muerte de aves migratorias (que generalmente no experimentan síntomas de infección) y ha ocasionado una letalidad superior al 50% en las pocas personas afectadas. Hasta la fecha, poco más de un centenar de humanos ha padecido la enfermedad, casi todos por íntimo contacto con secreciones respiratorias y/o heces de aves enfermas. No obstante, evidencia preliminar sugiere transmisión domiciliar de persona a persona en esporádicas instancias (NEJM 2005; 353:1374).
Aunque los registros históricos tienen limitaciones de precisión, la primera pandemia de gripe ocurrió aparentemente en 1580. Han acontecido, también, pandemias en los siglos XVII y XVIII. Una mejor información de estos eventos sanitarios fue documentada en las tres pandemias del siglo XIX, años 1830-1831, 1833-1834 y 1889-1890. Esta última, conocida como la gripe rusa, se propagó en nuestro continente americano al año siguiente de su aparición y se estima que fulminó a cerca de 1 millón de individuos. En el siglo XX, se suscitaron tres pandemias denominadas gripe española (1918-1919), gripe asiática (1957-1958) y gripe de Hong Kong (1968-1969). Las cifras de fallecidos fueron escalofriantes. Por ejemplo, se cree que la gripe española infectó a una tercera parte de la población mundial, aniquilando entre 50 millones y 100 millones de personas. Todas las pandemias del siglo pasado fueron causadas por virus aviar procedente de la región euroasiática, especialmente de áreas densamente pobladas de humanos eníntima proximidad a gallinas, patos y cerdos.
Tarde o temprano, Panamá será afectada por esta crisis de salud pública. Para mitigar sus consecuencias, las medidas de prevención serán piedra angular en el manejo de la pandemia. Se estima que una pandemia severa de influenza podría afectar a 15-35% de la población mundial en cuestión de pocos meses. Por tanto, para una óptima previsión, nuestro país debe esperar la infección de más de medio millón de panameños y una cuota de cadáveres superior al 5%. En las fases iniciales de preparación, nuestro enfoque debe dirigirse a tres áreas fundamentales, sanidad animal, salud humana y tráfico de personas.
El Mida debe ordenar barreras comerciales ante brotes de gripe aviar en el vecindario latinoamericano, garantizar la pesquisa de casos potenciales de gripe en aves domésticas, pájaros migratorios y cerdos criollos, caracterizar el subtipo de virus involucrado, proceder a medidas de aislamiento y desinfección, disponer de vacunas para la influenza aviar y ordenar la matanza masiva de animales infectados. Es imperativo mantener las aves de corral separadas de los cerdos u otros animales potencialmente reservorios del virus y evitar la posibilidad de contacto con aves migratorias, cuyo paso por nuestra región ocurre anualmente. Aun en ausencia de casos, toda persona que trabaje en estas granjas debe educarse en estrategias de prevención e higiene personal durante el manejo de animales.
El Minsa debe formular planes de contingencia nacional que involucren a múltiples estamentos institucionales, continuar la vacunación sistemática anual de individuos de mayor riesgo (iniciada en 2005), definir los subtipos del virus de influenza humana que circulan cada año en el istmo (indispensable para elegir la vacuna a utilizar), reforzar el área de virología con personal y recursos diagnósticos moleculares modernos (alianza Gorgas-Senacyt), capacitar a profesionales de la Salud, acabar de una vez por todas con el modelo bicéfalo (Minsa-CSS) de logística sanitaria, tramitar desde ahora la consecución de antivirales específicos (Tamiflu® y Relenza®) y fomentar la participación de nuestros investigadores en nuevas medicinas o vacunas contra influenza, las cuales ya están en los estadios tempranos de experimentación clínica, con miras a que Panamá, como centro internacional de turismo aéreo y marítimo, alcance estatus de prioridad para el acceso a fármacos o productos biológicos efectivos. Finalmente, debemos formular directrices sanitarias para el tránsito de personas procedentes de áreas endémicas de gripe aviar H5N1 y que hayan estado en contacto con aves en mercados o granjas.
Si usted desea estar bien informado sobre la potencial aparición de la pandemia o sobre las estrategias recomendadas de preparación, prevención y tratamiento de la gripe aviar o humana, le recomiendo visitar las páginas cibernéticas de la OMS (www.who.int) o del CDC (www.cdc.gov). Sería aconsejable que el Minsa suministre información periódica y actualizada a nivel local para que Panamá no sea sorprendida o responda de forma improvisada y desfasada a la pandemia. Un gramo de prevención tiene menor costo y mayor impacto que un kilo de curación.
El autor es médico
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