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Panamá, sábado 24 de septiembre de 2005
 
 
ACTUALIDAD
ENTREVISTA
DORIS GOMORA, HISTORIAS QUE CONTAR
 
La periodista mexicana nos habla sobre su vida y su trabajo, altamente ligado a la investigación de corrupción y narcotráfico. 
 
ESTHER M. ARJONA 
earjona@prensa.com 
 
No hay nada tan cierto como que el hijo del tigre sale rayado. Eso lo descubrió Doris Gómora a los 17 años de edad, cuando le dijo a su padre, el periodista Alfredo Gómora, que quería ser reportera. Solo que ciertos tigres, para evitarles dificultades a sus cachorros, quisieran despintar una a una esas rayas. “Mi padre nunca quiso que fuera reportera. Que fuera cualquier cosa, menos reportera”, recuerda Gómora.

Así es que luego del enojo del padre, siguió la complicidad de la madre quien le dijo a manera de apoyo que si quería ser periodista era mejor que comenzara inmediatamente.

Claro, la idea materna era desmoralizar a Doris con el ajetreo de las actividades del reporteo, de forma que desistiera de la idea y estuviese a tiempo de empezar otra carrera.

Digamos que esa jugada no le quedó muy bien. A pesar de las largas jornadas de preparatoria, trabajo y un curso de periodismo, Gómora se llenó de entusiasmo y de la sala de redacción no se llegó a retirar.

Desde entonces han pasado 18 años y la carrera de la mexicana Doris Gómora Culberth la ha llevado a realizar entrevistas exclusivas e investigaciones sobre corrupción que tuvieron como resultado renuncias, detenciones y cambios en las esferas públicas de su país.

Doris Gómora estuvo recientemente en Panamá compartiendo sus conocimientos en un seminario de periodismo, y durante su visita respondió algunas preguntas a Mosaico.

–¿Recuerdas tus primeras asignaciones?

–Empecé con el área cultural. Me gustó mucho, fue una buena entrada, pues no se trataba de una nota diaria, sino de cubrir un evento donde además estaba aprendiendo y donde no conocían a mi padre. Siempre me quise deslindar del apellido de mi papá, quería hacer mi propia carrera. Estoy orgullosa de mis dos padres y los adoro, pero si me equivocaba o si lo hacía bien era por mí.

–¿Tenías idea en ese momento de a qué querías dedicarte?

–Mi gusto por el periodismo empezó cuando tenía ocho años. En esa época quería ser corresponsal de guerra. Creo que mi padre tuvo cierta culpa porque mis hermanas y yo lo acompañábamos a las giras de los candidatos presidenciales.

Pero lo primero que descarté fue dedicarme al periodismo de política. También decía que cualquier área menos deportes; no me gustaba el fútbol. Claro, al paso del tiempo, por las agendas de trabajo te mandan a cubrir la política, pero el hecho de que me ubicaran en el periodismo cultural fue muy grato.

–¿Consideras que algún periodista ha sido referencia para tu trabajo?

–Primero, mi padre. La época en que él entrevistaba a todos los presidentes de México, entrevistaba a figuras de Estados Unidos, yo leía sus entrevistas y me gustaban aunque no era mi estilo (en términos de redacción). La otra figura que a la fecha ha sido clave en mi carrera es una amiga que trabaja en el New York Times y se llama Linda Greenhouse. Ella ganó el Pulitzer en 1998 por la cobertura en la Suprema Corte.

La otra figura, y a quien no he tenido la oportunidad de conocer personalmente, es Bob Woodward, del Washington Post, mi héroe personal. Respeto que algunos no estén de acuerdo con su forma de trabajo o lo que sea, pero creo que es un hombre que ha hecho un trabajo en investigación periodística que no ha hecho nadie. Y a nivel de trabajo más cercano, en México, Rosana Fuentes, mi ex editora. Ella ha sido también de una influencia enorme.

–¿Recuerdas cuál fue tu primera nota que publicó en primera plana?

–No, no me acuerdo (mira hacia arriba como buscando en su mente). De primera plana que no fuera de ocho (columnas), creo que fue la cobertura del Festival Cervantino. En el caso de nota de ocho, fue cuando estaba cubriendo el juicio del asesinato de Luis Donaldo Colosio.

–Dentro de lo que has hecho, ¿hay una labor que consideres preferida?

–Me gusta mucho la investigación. Siempre me ha gustado todo lo que se refiere a investigación, policíaca o forense, y la investigación periodística me ha gustado mucho. En la investigación confluyen todos los géneros periodísticos. Aun cuando se manejan muchos obstáculos para hacer investigación periodística, es lo que más me ha gustado. Después de eso, las entrevistas, porque me fascina conversar con la gente, saber qué piensa y qué ha hecho, así sea el espía y el personaje de la agencia de inteligencia como el campesino. Son historias maravillosas, humanas; somos humanos y todos tenemos una historia que contar.

–¿Vive el investigador un poco del delito y de la corrupción?

–No. El hecho de que un reportero investigue no quiere decir que se inmiscuya en eso. Para mí un reportero es un ciudadano que representa a otros ciudadanos, y que va al lugar donde el resto no puede ir pero quisiera estar ahí. Investigar sobre un delito le da a la gente un sentido de justicia, de que alguien está haciendo algo porque la policía a veces no lo hace. Un reportero no es un paladín, simplemente es una persona que registra lo que está pasando, está abriendo la puerta para que situaciones, que a lo mejor no se habían investigado, salgan a flote.

Haces una mini contribución de exponer cómo están las cosas y plantear soluciones.

–¿Cómo es la vida de un investigador?

–A veces te citan a declarar como testigo y lo primero que quieren hacerte ver es que moralmente no estás capacitado para hacer este tipo de investigaciones. Debes llevar una vida muchísimo más cuidada. Algunos me dicen que esa no es vida, pero a mí me gusta este trabajo.

He cuidado y he llevado mi vida de una manera muy transparente; creo que todo el mundo tiene cola que le pise, todos tenemos algo, pero finalmente no son cosas realmente graves. No es admisible que bebas mucho, que te drogues, que aceptes dinero, y debes tener mucho cuidado en términos del manejo de la información.

Además, siempre tener evidencias, que el material que se está presentando sea realmente lo que está pasando.

Si no tengo evidencias, no escribo porque no tengo manera de comprobarlo.

–¿Cuántas veces se te ha quedado algo bajo el tapete porque no has encontrado pruebas?

–En varias ocasiones, sobre todo en temas de narcotráfico. De repente tienes todo ya listo y te das cuenta de que no lo puedes probar. Normalmente lo que hago es dejarlo por un tiempo, tratar de obtener esa información y cuando la tengo lo complemento.

–¿Con qué respuesta que no esperabas te has encontrado?

–La que me responden con esa pregunta que no se me ocurrió preguntar. Esas son las inesperadas. Y cuando he querido sondear a alguien en un tema delicado, planteo la pregunta de manera adecuada y me responden con un no.

–¿Has sentido miedo alguna vez?

–Creo que sí. Yo diseño los temas que voy a cubrir, voy viendo qué necesito, qué fuentes, y me meto tanto en el proceso de hacer la nota que de repente se me olvida el tipo de consecuencias que pueda tener. Eso sí, trabajo con la cabeza fría.

Tener miedo es bueno porque, además, te mantiene alerta y te hace reflexionar acerca de lo que estás manejando.

El único punto en el que he tenido miedo ha sido cuando en mi vida me ha tocado algún tipo de amenaza, especialmente de los narcotraficantes.

–¿Has sufrido muchas amenazas?

–Sí. En una ocasión el periódico me sacó por unos días de México, en otra ocasión por un poco más para que me tomara tiempo libre y aire, y así evitar las amenazas por lo que sabíamos que estaba ocurriendo.

En ese momento sí te pones a pensar: me estoy poniendo en riesgo, me pueden matar a mí, pero ¿y el resto?, ¿mi pareja?, ¿mi familia?, ¿mi jefe?

Hay temas muy delicados, absolutamente comprobados, y sale publicado; resulta que a alguien no le pareció y presiona de miles de maneras. Creo que la única vez que he tenido que dejar definitivamente una entrevista es cuando nos íbamos a reunir con los abogados de unos narcotraficantes y amenazaron a mi novio en ese entonces, a mi jefe y a mí.

Decidimos no ir a la reunión. Los días siguientes fueron un poco tensos, tratar de que todo se tranquilizara para volver a encontrar un momento y hablar con ellos.

–¿Cómo toma tu familia este tipo de trabajo que puede resultar tan peligroso?

–Mi familia está acostumbrada por mi padre. Él también hacía temas delicados. En mi familia, a lo mejor parecerá de locos, pero se nos educó con la idea de que el teléfono estaba intervenido.

Aunque tengo la teoría de que mis padres lo hicieron para que no nos colgáramos por horas con los novios. A mí se me hace que nos engañaron.

–¿Qué precauciones tomas?

–Simplemente tener cuidado con el teléfono y nunca platicarle a mi familia y a los amigos lo que voy a hacer. Jamás. Esa es una recomendación que mi propia amiga (Greenhouse) me hizo. Ellos no saben nada hasta que se publica. Ya veces no sé si ellos lo leen.

Mi madre, con lo de Cavallo, me preguntó ¿y estás bien? Le dije: sí, y solo me dijo, ‘está bien, pero con cuidado...’.

–¿Duermes tranquila?

–Definitivamente. A veces tengo problemas de insomnio por estrés. No duermo tranquila cuando se va a publicar una nota mía. Con el tema de Cavallo dormí dos horas nada más. Con la serie de las mujeres de la mafia dormí bien; cuando ha habido entrevistas con algún narcotraficante, he dormido tranquila.

Con cosas más de tipo denuncia, con esas estoy pendiente de cómo va a ser la recepción del tema.

–¿Qué tema te gustaría destapar?

–En cuestión de temas he tenido como unos 20 ó 30 en la cabeza. Siempre he querido hacer un texto, tan pero tan bien hecho, que de alguna forma pueda ganar un premio. Pero no un premio físico sino que realmente me genere una satisfacción psicológica. No es que los demás no me hayan generado una satisfacción, pero como que siempre he llegado a la conclusión de que puedo hacer algo mejor, y creo que puedo hacer algo mejor.

–¿No hay mano derecha ni izquierda?

–Yo sola hago la investigación. Por razones de recursos aprendí así. Si tú haces una investigación la haces tú, punto. Eso incluye el reporteo, las transcripciones, guardo mis casetes, guardo papeles, todo lo que sea evidencia legal queda guardado. Con la redacción, procuro pedirle el favor a algún editor amigo mío que revise el trabajo antes de entregarlo.

He hecho muy poco trabajo de investigación en equipo, aunque ha sido bueno trabajar en equipo. Me gusta hacerlo, especialmente cuando sabes que la gente tiene cierto nivel. A lo mejor no coincides en la manera de pensar, pero los resultados son increíbles.

–Luego de abordar temas un poco escabrosos, ¿has perdido tu capacidad de asombro?

–No, de hecho me ha ayudado a dimensionar los temas que cubro. He visto gente que comienza con pequeños actos de corrupción y terminan convirtiéndose en grandes actos de corrupción que representan una obsesión para ellos. O he visto gente que prefiere arriesgar su vida antes que dejar sus principios de honestidad.

La capacidad de asombro me permite saber dónde está la noticia, pero mantengo la cabeza fría en el momento de escribir la nota.

Una sola pregunta

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Octavio Paz

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Me gustaría que me definiera ¿qué es el poder, la justicia y la traición?

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Que me hable sobre la congregación de todos los santos, mejor conocida como La Santa Inquisición

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¿Cómo ha cambiado su vida después de saber que tenía cáncer, y si esa experiencia tan personal cree que le podría ayudar a alguien más?, ¿a sus lectores?

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¿Qué se siente regresar a un país donde todo el mundo lo rechaza?

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En 18 años de ejercicio periodístico, se ha destacado por entrevistas exclusivas a personalidades como Markus Wolf, ex jefe de la Stasi alemana; Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz 1992; Thomas Constantine, ex director de la DEA; Frank Abangale, uno de los más famosos estafadores en Estados Unidos y actual asesor del FBI; Roberto Escobar Gaviria, hermano del mayor capo del narcotráfico en Colombia; Francisco Arellano Félix, hermano mayor de los capos del cartel de Tijuana, y a esposas e hijas de los miembros de la Cossa Nostra, en Italia y Estados Unidos, entre otros.

También se ha dedicado a la investigación, siendo sus casos más importantes la cobertura del asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI, y el juicio por el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del PRI.

Ha abordado la conexión del narcotráfico de México y de Colombia; la investigación que descubrió que Miguel Cavallo, director del Registro Federal de Vehículos en México, era realmente un militar argentino que formó parte de la escuela militar naval durante la dictadura, siendo responsable de robo y desaparición de personas; el narcotráfico mexicano y Raúl Salinas de Gortari y Ricardo Asch, médico argentino acusado penalmente en Estados Unidos por robo y manipulación de material genético que siendo prófugo trabaja en uno de los mejores hospitales de México.

Ha trabajado para los diarios El Financiero, La Reforma (donde estuvo por ocho años), Luego se integró a Univisión Online como editora-reportera de América Latina y actualmente colabora para dos importantes revistas de negocios en México, y prepara dos libros, uno sobre uno de los grupos políticos más influyentes de México y otro sobre narcotráfico.
 

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