El problema de Darién no es solo de las autoridades. El fracaso de los proyectos, o la mala ejecución de los mismos, o el abandono secular al que se ve sometida una provincia como esta, es posible porque nosotros lo hacemos posible con la indiferencia. Y nosotros somos el resto de los ciudadanos de la República. La segunda provincia más grande del país es también la más pobre, después de las comarcas indígenas.
El 67.5% de su población no tiene lo básico y el 32.6% subsiste en la denominada pobreza extrema. El programa de desarrollo de Darién, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, era un soplo de esperanza, una promesa de mejora. Hoy descubrimos, aunque no es sorprendente, que uno de los proyectos fundamentales, la carretera, hace agua por todos los flancos.
La pregunta hoy es... ¿a quién indigna la situación? ¿Es un problema exclusivo de los poco más de 40 mil habitantes de la zona o lo consideramos un asunto de todos? ¿Alguien cree que las autoridades van a prestar atención si no sienten la presión de la opinión pública?
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