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Panamá, sábado 24 de septiembre de 2005
 
 
LA ULTIMA PALABRA
ADJETIVOS GENTILICIOS Y SUS SUFIJOS
 
RAFAEL CANDANEDO 
mosaico@prensa.com 
 
En el taller de un diario con frecuencia se organizaba un juego de mofa que termina en risas y en disgusto. Consistía en preguntar a cada trabajador cuál era su poblado, provincia o ciudad de origen y el gentilicio correspondiente. -¿Dé donde eres, Alberto? -De Santana. Soy santanero. -Ricardo, ¿de dónde eres? -De Veraguas. Soy veragüense. Y así por el estilo. Empezaba entonces el alboroto. Antes de que le preguntaran, el oriundo de la localidad coclesana de Marica ya estaba revuelto y decidido a liarse a puños con los protagonistas del juego. No había posibilidad de interrogarle por el gentilicio de Marica.

Bella Vista es hoy el nombre de aquel paraje, y ha disminuido la preocupación por saber cómo se les nombra a sus pobladores.

En medio del interés en La Tarde Espectacular, de Didia Gallardo, por los gentilicios de las personas nacidas en Puerto Rico (puertorriqueños, portorriqueños) y Costa Rica (costarricenses, costarriqueños, y el no formal ticos), surgió la pregunta de cómo se les llama a los moradores de Marica y de Paja. Dejé la solución para una sesión posterior de consultas idiomáticas a través de la radio, e investigué que hijos sensatos de esos poblados promovieron campañas para cambiar sus nombres por otros que acabasen con la burla permanente que los primeros generaban.

En español la mayoría de los gentilicios de los países (adjetivo que indica la procedencia geográfica de las personas o su nacionalidad) tiene de sufijo la partícula ‘ano’ (peruano, dominicano), ‘es’ (japonés, guyanés), ‘eño’ (panameño, boqueteño). Estas terminaciones son las más frecuentes (en ese orden). La elección de una u otra se origina principalmente en la tradición.

Con ‘ano’ tenemos: italiano, haitiano, ecuatoriano, fiyano, gambiano, georgiano, guineano, ecuatoguineano, jornano, montevideano, andorrano, antiguano, australiano, azerbaijano, birmano, boliviano, bostuano, bruneano, surcoreano, caboverdiano, cubano, camboyano, chadiano, vaticano, colombiano, norcoreano.

Con ‘es’: libanés, islandés, irlandés, guyanés, ghanés (como Kofi Annan), gabonés, islandés, francés, marshalés, finlandés, butanés, cingalés, danés, dominiqués, beninés, burundés, camerunés, dublinés.

Con ‘eño’: angoleño, panameño (como muchos lectores de oficio de La última palabra y su autor), bahameño, beliceño, brasileño, porteño, caraqueño, congoleño, marfileño, hondureño, limeño, madrileño.

Con sufijo ‘ense’: salomense, ateniense, barbadense, costarricense, bruselense, canadiense, comorense, estadounidense, londinense.

Son cuatro opciones para quienes se divierten proponiendo gentilicios. El repertorio aún es más amplio. Se emplean las terminaciones ‚aí‚, ‚io‚, ‚ino‚, ‚aro‚, ‚ero‚, ‚ego‚, ‚teco‚, ‚ango‚, ‚eno‚, ‚aco‚, ‚ta‚, ‚ol‚, ‚an‚. Son menos frecuentes.

Aí: saudí, bagdalí, bengalí, iraní, iraquí, israelí, kuwaití.

Io: armenio, bosnio, egipcio, estonio, indio, indonesio, libio.

Ino: argelino, argentino, granadino, chino, filipino, jamaiquino (o jamaicano).

Ero: habanero; ego: griego; teco: guatemalteco; eno: asunceno, chileno, damasceno; aco: austriaco; ta, cairota; ol: español; an: alemán.

Son raros los gentilicios hierosolimitano (los habitantes de Jerusalem), vallesolitano (Valladolid) y reimontano (Monterrey).

Don Ricardo J. Alfaro, en su libro Anglicismos, señala que el gentilicio americano, na ha engendrado equívocos y dificultades, al haber extendido su uso para designar a las personas y cosas de Estados Unidos de América. "Americanos —precisa— son todos los hijos del Nuevo Mundo. Gramaticalmente, geográficamente y lógicamente, es impropio e inexacto dar ese nombre a los ciudadanos y cosas de Estados Unidos, y a este error hemos contribuido, quizá en primer término, los americanos que moramos al sur del Río Grande".

Lo dijo

Escuché semejante llamado: "Que alguienes me llamen". ¿Qué está sucediendo? ¿De dónde sacó ese plural? Por poco no inventó una marca de género. Alguien es un pronombre indefinido. Palabra de origen latino. Designa persona o personas sin marcar ni el número ni el género. Siempre es ‚alguien‚. Más o menos es lo contrario de ‚nadie‚ o puede serlo de ‚ninguno‚. Es incorrecto entonces sacar de la manga el plural (o un femenino o algo así, que el bicho está de moda). Alguien es pronombre; alguno, a (y su apócope ‚algún‚) es adjetivo, y sí varía en género y número. (alguno, a; algunos, as). Este adjetivo se aplica en forma no determina a una o varias personas o cosas respecto a otras, en oposición a ninguno, según los diccionarios de la lengua española. Lo correcto: "que alguien llame"; "que algunos llamen".
 

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