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Panamá, viernes 21 de octubre de 2005
 

seguridad.

Centro vacacional peligroso

James C. McKinley Jr.

Alguien está aterrorizando a la policía de este centro vacacional en la costa, y el repentino aumento en la violencia ha dejado perplejas a las autoridades mexicanas.

Durante el año pasado, nueve oficiales de policía fueron muertos en Acapulco, ciudad de 700 mil habitantes. Tan sólo desde enero, se han producido 20 asesinatos al estilo de las ejecuciones, entre ellos el del jefe de la policía municipal, dos turistas mexicanos, el prominente dueño de una discoteca y un investigador de la Procuraduría General del Estado.

Maleantes en automóviles han arrojado granadas dos veces a un puesto de policía en una popular área de turismo. Otro ataque ocurrió a mediados de septiembre, cuando un grupo de hombres con ametralladoras atacó una estación de policía sobre una carretera que sale de la ciudad, dejando heridos a tres agentes. El mismo día, el jefe de la división de patrullas fue acribillado a balazos en la capital tierra adentro, Chilpancingo, localizada 117 kilómetros al noreste. Aún no es claro si ambos sucesos están relacionados, declaró la policía.

"Se está volviendo muy peligroso el trabajo de los agentes policiales aquí en Acapulco", comentó un joven oficial, quien pidió no ser identificado por temor a su seguridad personal. "En algunas semanas, tres agentes han sido muertos o heridos".

Agentes encargados de hacer valer la ley dicen que una parte de los ataques en contra de la policía está vinculada con la creciente guerra entre capos de las drogas por las rutas del narcotráfico. Una de las teorías es que los Zetas, quienes son agentes y asesinos de una pandilla del narco conocida como el Cártel del Golfo, están castigando a la policía por su presunta alianza con Los Pelones, que en la jerga se refiere a los nuevos soldados, pandilla a sueldo del enemigo público número 1 en México: Joaquín Guzmán, conocido como El Chapo. Sin embargo, otros agentes de la ley dicen que esas teorías han llegado por parte de testigos no confiables y presuntos responsables en algunos de los crímenes. Lo que al parecer es seguro es que la lucha por el control del narcotráfico, que fluye a través del estado de Guerrero y a lo largo de las carreteras que van hacia la frontera norte, se ha intensificado, y esta ciudad turística que suele ser tranquila actualmente es otro dolor de cabeza para el gobierno federal.

Embarques de armas provenientes de China y cocaína de Colombia han sido decomisados en el puerto de Acapulco, y autoridades encargadas de la ley afirman que los traficantes están usando con frecuencia cada vez mayor la totalidad de la costa del Pacífico en el estado de Guerrero.

Aunado a lo anterior, el estado es conocido por su producción de marihuana y amapola.

De cualquier forma, la ciudad turística localizada en una bahía ha escapado hasta ahora al tipo de violencia relacionada con las drogas que ha ido en aumento en lugares como Cancún, en la costa del Caribe, y en ciudades fronterizas, como Nuevo Laredo, Tijuana, Ciudad Juárez y Matamoros.

En el ínterin, los agentes de policía en la calles están intranquilos. En la estación de policía donde pistoleros rociaron a oficiales de la ley con proyectiles de armas automáticas el 26 de septiembre, el agente Jorge Hidalgo caminaba nerviosamente de un lado al otro, con el dedo sobre el gatillo de su rifle, al tiempo que sus ojos inquietos examinaban el tráfico que avanzaba por ahí. Había hoyos de bala en la camioneta de policía y perforaciones sobre uno de los muros de la estación.

"Estamos más alertas", dijo. "Nosotros no tenemos nada en contra de nadie. Ni siquiera sabemos quiénes son estas personas".

The New York Times News Service


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