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Panamá, viernes 21 de octubre de 2005
 

TURISMO.

La ley que vende nuestro patrimonio

Rina Stella Barba

Hace unas semanas asistí al "V Foro de Turismo" ofrecido por AMCHAM. Uno de los expositores fue el señor Randal García, de la Dirección de Ambiente de Costa Rica, quien comentó que el 5% del PIB de ese país ingresa a través de sus Parques Nacionales. Zonas boscosas protegidas, en donde no se permite asentamientos humanos, actividades agropecuarias, madereras ni siquiera lo que está tan de moda ahora en Panamá: Turismo residencial.

Actualmente se pretende aprobar la Ley 132: Que regula las concesiones para la inversión turística y para la enajenación de territorio insular para fines de su aprovechamiento turístico y dicta otras disposiciones. Es verdad que jubilados extranjeros han encontrado en Panamá un sitio soñado para sus años dorados. No obstante, ¿se le puede llamar turista a un grupo de personas que ya no alquilarán habitaciones de hotel? Que no comerán en restaurantes del área, que no usarán los servicios de una agencia de turismo, ni de guía de sitio. Según la Organización Mundial del Turismo, el turistaes aquella persona que pasa menos de un año viajando fuera de su hogar. Partiendo de este punto, es contradictorio y hasta mal informado que quieran hacernos pensar que la Ley 132 es para aprovechamiento turístico. Es simplemente: Bienes raíces y la venta de nuestro patrimonio nacional y natural, con la introducción ingeniosa del sustantivo "turismo", de pronto para beneficiarse con la Ley 8 de Incentivos turísticos.

En Panamá se podrían desarrollar algunos proyectos con este fin, pero tenemos que ser muy cuidadosos de escoger los lugares adecuados y con el debido control de carga por área, cosa que no queda reglamentada en la Ley 132. Por su fragilidad y riqueza natural las islas y zonas boscosas son los sitios menos adecuados para este tipo de desarrollo habitacional.

Antes de aprobar semejante ley, habría que estudiar casos similares en donde se ha explotado este "turismo residencial". Aunque ha habido algunos beneficios a corto plazo, ha habido mayores costos ambientales, socio económicos y culturales a largo plazo.

Panamá ya ha experimentado algunos de estos costos en ciertas regiones como Bocas del Toro y Boquete, en donde los lugareños han vendido sus tierras buscando salir de la pobreza, no obstante, se encarecen tanto las tierras como el estándar de vida y los naturales del área tienen que emigrar a otros sitios. Finalmente la autenticidad, tranquilidad, abundancia de fauna y flora que era el atractivo principal de estos destinos prístinos y ecológicos, va siendo erradicado por urbanizaciones, canchas de golf, y cientos de residentes extranjeros. ¿A quién exactamente se beneficia con esta venta?

La agenda turística de Panamá debería enfocarse en un nicho que sea el menos dañino para uno de los principales atractivos de Panamá: Turismo ecológico. Este tipo de turismo atrae a visitantes ecológicamente educados, que ayudarán a la economía de las áreas rurales de una manera estable a largo plazo.

No queremos una explosión de construcción que dure un par de años y que luego encarezca el estándar de vida del local y además arruine nuestro recurso natural de una manera irreversible. Tenemos alrededor de mil 200 islas en ambos mares, podríamos hacer como en Costa Rica, utilizar sosteniblemente estos recursos y promover la educación ambiental en estas comunidades para que de esta manera no sólo se beneficien los bienes raíces, sino que nos beneficiemos todos los panameños, y a la vez aprendamos a vivir con conservación y no con destrucción del hábitat natural. Así los verdaderos turistas seguirán viniendo a Panamá y tendremos un turismo estable y un desarrollo sostenible hacia el futuro.

Me opongo a esta Ley 132, y propondría en vez, que se desarrollaran proyectos turístico ecológicos de bajo impacto en las costas. Que se le de prioridad y ayuda a los lugareños para crear sus micro empresas ecológicas (hostales, pesca sostenible, restaurantes, paseos en bote para avistamiento de aves y ballenas, etc.) y de esa manera tendrán una mejor calidad de vida sin la necesidad de emigrar hacia otros lugares.

La autora es administradora de empresas y guía de turismo


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