La educación es el inicio de todo lo bueno y lo malo. Una ciudadanía con buena formación logra desarrollo, rechaza la corrupción, cuida de los suyos, aporta ideas y soluciones y está en capacidad de competir.
Lo contrario, un sistema educativo precario, expulsa a los graduados del sistema laboral competitivo, anima el juega vivo, ensalza la mediocridad y lanza un mensaje negativo a los cuatro vientos. Por eso es tan importante la advertencia de que nuestras universidades están lejos de las necesidades del mundo laboral real.
Si a esto se le suma la falta de acreditación de los programas universitarios, la proliferación de centros de educación con poco o nulo control, y la dudosa calidad de la institución insignia de la educación superior en Panamá... el problema es de dimensiones alarmantes. Si se convocó a un pacto de Estado por la Justicia, quizá es hora de citar a una Junta de Salvación del sistema educativo.
|