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Panamá, miércoles 5 de octubre de 2005
 

MIGRACIÓN.

Avanzada imparable de africanos desde los enclaves españoles

Hubert Kahl

MADRID/MELILLA. En las vallas con alambres de espino cuelgan trozos de tela y jirones de ropa. Los refugiados africanos se los dejaron allí cuando irrumpieron en el enclave español de Melilla. Algunas partes de la valla que separa a Marruecos y la ciudad española en el norte de África están manchadas con sangre.

El último asalto masivo sobre Melilla demuestra que los inmigrantes ilegales intentan de manera cada vez más desesperada poner un pie en "El dorado" español y, al mismo tiempo, en el territorio de la Unión Europea.

El gobierno de Madrid esperaba que el aluvión de inmigrantes se frenaría elevando la altura de la valla y estacionando soldados en la frontera. Pero la situación parece haber empeorado. Los africanos derribaron la nueva valla de seis metros aprovechando su fuerza conjunta, atropellaron a los soldados y los atacaron con piedras y palos. Los militares, que patrullan la frontera sin munición pesada, se sienten abandonados a la burla general.

El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, es blanco de cada vez más críticas. "La militarización de la zona ha sido un mero golpe de efecto, sin resultados prácticos", se quejó el periódico ABC. Por su parte, La Razón señala que la "incapacidad (del gobierno) para hacer frente a este fenómeno no encuentra techo".

Un guardia civil opinó desde la frontera: "Puedes elevar la valla, o poner cuatro en vez de dos, llenar un foso de agua, cuantos más medios mejor, pero no vas a conseguir pararlos (a los africanos)". El propietario de un bar de Melilla advirtió: "O los paran o nos comen".

El alcalde de Melilla, Juan José Imbroda, asegura que la única solución posible es devolver a los ilegales a Marruecos apenas cruzan la frontera. Pero Rabat se niega a recibirlos; solo acepta a los que llevan pasaporte marroquí.

La intransigente posición de Rabat despierta en España la sospecha de que los marroquíes están interesados en que la frontera siga siendo escenario de estos episodios. Marruecos mantiene sus aspiraciones sobre los enclaves de Ceuta y Melilla. El periódico madrileño El Mundo señala que "el régimen de Mohamed VI está utilizando a los subsaharianos como una suerte de caballo de Troya humano con el que incomodar a España y abonar el terreno para reclamar Ceuta y Melilla".

La llegada masiva de africanos recuerda a algunos habitantes de Melilla la "marcha verde" de 1975, cuando unos 350 mil civiles marroquíes marcharon desarmados sobre el Sahara español allanando el camino para la futura anexión de la desértica región a Marruecos.

DPA

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