| CRÍMENES.
La justicia vista desde una corte marcial en Irak
Russell Carollo y Larry Kaplow
BAGDAD, Irak. Rudenah Al-Hillali de ocho años lloró cuando dos soldados estadounidenses condujeron a su padre dentro del departamento con el cañón de un rifle en la espalda y obligaron a la familia a pararse en un rincón a punta de pistola.
"Estaba asustada", dijo su padre, Issam Abdul Jabbar Al-Hillali, y agregó que los soldados no permitieron que le diera agua a Rudenah.
Al-Hallali dijo que los soldados del ejército John N. Lee y Timothy I. Barron dijeron que eran infantes de marina que buscaban armas. Sin embargo, una vez dentro de la casa, dijo, usaron un cuchillo para abrir un portafolio lleno de dinero, y que se robaron 2 mil dólares en efectivo, plata y otros objetos de valor.
Aun cuando funcionarios del ejército hallaron algunas de las cosas que faltaban en posesión de los soldados y de que admitieron robar casas con el argumento de buscar armas ilegales, el ejército desestimó los cargos. A cambio, dijo Barron, ambos soldados estuvieron de acuerdo en abandonar el ejército.
Por medio de archivos militares no revelados anteriormente, el Dayton Daily News encontró que docenas de soldados han sido acusados de crímenes contra iraquíes desde el primer desplazamiento de tropas a Irak. Sin embargo, a pesar de evidencias contundentes y condenas, solo un porcentaje reducido resultó en castigos cercanos a los que imponen rutinariamente los sistemas civiles de justicia por tales delitos.
En diversos otros casos, no hay evidencia alguna de que se hayan efectuado investigaciones criminales oportunas o concienzudas. En otros casos no se levantaron cargos, y otros más quedaron en destituciones y sentencias mínimas en prisión, o ni eso.
"Me han sorprendido algunas de las sentencias poco severas", dijo Gary D. Solís, un ex juez militar y fiscal que imparte legislación militar en la Academia Militar de Estados Unidos de West Point. "Tengo la inquietante sospecha de que se relaciona con la nacionalidad de la víctima".
Los actos criminales cometidos por los soldados y la falta de castigo se suman al odio que está alimentando la insurgencia en Irak, lo que hace que los soldados corran un riesgo mayor, dijeron Solís y otros expertos.
"Se ha dado una disminución en el respeto por el imperio de la ley internacional, y no se ha podido entender que nosotros, Estados Unidos, tenemos que ser los buenos", dijo Solís.
Un análisis del Daily News de los expedientes de la base de datos del Sistema de Administración de Información de las Cortes Marciales del Ejército encontró que 226 soldados fueron acusados por delitos entre los primeros desplazamientos y el 1 de enero de 2005. De los mil 38 cargos distintos, menos de uno de cada 10 involucraba delitos contra los iraquíes. Prácticamente todos los demás, más de 900 acusaciones, involucraban delitos contra otros soldados, propiedades, infracciones por drogas o alcohol, y violaciones al reglamento militar.
El ejército no cuestionó conclusiones específicas del examen del Daily News, pero una vocera del Pentágono defendió la forma general en la que el servicio abordó los casos penales en Irak.
"El ejército investigó cada alegato creíble de abuso o conducta errónea cometidos por soldados estadounidenses contra ciudadanos iraquíes", la teniente coronel Pamela Hart dice en una respuesta por escrito. "El proceso está diseñado tanto para asegurar un castigo adecuado por las infracciones como para proteger los derechos de los acusados. El resultado final es que los castigos pueden variar basados en múltiples hechos potenciales y circunstancias presentes en cada caso".
El análisis del Daily News concluye que los soldados acusados de delitos contra la propiedad o de violaciones de los reglamentos militares fueron tratados con mayor dureza que aquéllos culpables de golpizas, robo e incluso asesinato de iraquíes.
El soldado David S. Driggers, hijo, fue sentenciado por adulterio, consumo indebido de alcohol y la comisión de un acto indecente al haber tenido sexo consensuado con una soldado en un área abierta para dormir".
A Driggers lo sentenciaron a seis meses de prisión, la sentencia combinada que el ejército impuso tanto a Genaro Treviño como a Raymond L. Garrett. Ambos fueron sentenciados por robar al propietario de una tienda iraquí después de que presuntamente les vendió licor.
Los cargos son delitos graves en prácticamente todas las jurisdicciones de Estados Unidos, pero el ejército envió el caso de Treviño a su versión de tribunal para delitos menores, el cual lo encontró culpable de robo armado, y lo sentenció a cinco meses. Garrett, quien fue acusado de robo armado, así como de asalto y lesiones, fue sentenciado a un mes de confinamiento. Se les encontró inocentes de secuestro.
Solís, quien presidió en alrededor de 350 casos como juez militar y en otros 450 como fiscal durante sus 26 años en el Cuerpo de Infantes de Marina, dijo que las sentencias podrían reflejar una actitud de que todos los iraquíes están vinculados a la insurgencia y no merecen justicia.
"Pienso que es una actitud que comienza en la mismísima cúpula, de que estas personas (los insurgentes) de alguna forma están más allá de la ley, y si están más allá de la ley, son esencialmente un blanco legítimo", dijo
Las acusaciones solo cuentan una parte de la historia. En respuesta a una solicitud bajo la ley federal de libertad de información, el Comando de Investigaciones Criminales del ejército reconoció 114 investigaciones entre el 1 de enero de 2003 y agosto de 2004, y envió los expedientes de 105 caos. De esos, 78 se trataban de las muertes de soldados del ejército, mientras que 27 eran de iraquíes y otros extranjeros, alrededor de la mitad de la cantidad de investigaciones que realizó el ejército sobre accidentes de vehículos en los que estuvieron implicados soldados.
Al-Hillali, cuya casa en Bagdad fue saqueada por dos soldados estadounidenses, dijo que "el robo cambió la imagen que su familia tenía de los estadounidenses", y quedó traumatizada su hija que ahora tiene 10 años.
Incluso ahora, "cuando Rudenah ve estadounidenses (conduciendo por las calles), se asusta mucho. Se esconde en el coche", dijo, y agregó que se puso histérica otra vez en julio cuando soldados estadounidenses se cubrieron cerca de su casa.
"Pensó que habían regresado a nuestra casa".
The New York Times News Service
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