| EDUCACIÓN.
¿Hacia dónde vamos, Panamá?
Lourdes Ortega
Que el 11.22% de los empleados del sector público gana menos del salario mínimo (La Prensa, 22 de septiembre)… que otro "28.24% de los… trabajadores de la empresa privada…" se encuentra en esta misma situación (La Prensa, 23 de septiembre)… que un puñado de altos funcionarios públicos se beneficia con exorbitantes salarios, exoneraciones y prebendas, lo cual representa una cruel bofetada para ese 40% de panameños que se encuentra en condiciones de pobreza, incluyendo a los miles de niños que pasan hambre a diario y que ven truncadas sus esperanzas de vivir en condiciones dignas, es una realidad que nos obliga a todos como ciudadanos de este país a reflexionar dejando a un lado la demagogia política y los intereses personales. No basta con que algunas organizaciones nos traigan alegremente conferencistas (cobrando la friolera de 30 dólares) para disertar sobre temas como "¿Qué hago para que mis hijos triunfen y sean felices?" si el presente que viven cientos de padres panameños no es para nada halagador y nos tropezamos con un mundo paralelo paradójico, injusto y sobre todo, chocante. ¿Hacia dónde vamos, Panamá?
Con los altos índices de corrupción tanto en el ámbito privado como en el institucional; el desempleo galopante; la pésima distribución de la riqueza y la injusticia social que vivimos ¿qué país estamos gestando? ¿Qué tipo de monstruo estamos incubando en las entrañas de esos miles de seres anónimos? ¿O es que no nos damos cuenta de que si no despertamos y nos concienciamos sobre esta realidad, tarde o temprano todos pagaremos las consecuencias de nuestro egoísmo, ambición, desidia e indiferencia? Es sólo cuestión de tiempo, señores, porque eso es lo que estamos haciendo: construyendo una bomba de tiempo cuyas repercusiones serían catastróficas en el ámbito social, político y económico. Y luego nos preguntaremos ¿De dónde salieron las maras? ¿Cómo es que secuestraron y asesinaron al político aquél o al influyente empresario? ¿Por qué mi hija fue violada y asesinada? ¿Por qué mi nieto se entregó a la droga y el alcohol?
Es hora de cambios radicales y profundos. Cambios en los políticos, en los empresarios, en las instituciones, en el ciudadano común. No podemos seguir tolerando la doble moral que impera en muchos de nuestros dirigentes. Tanto los partidos políticos, como el Gobierno, las asociaciones de empresarios, los grupos gremiales y de profesionales, los intelectuales, conjuntamente con las ONG y los líderes religiosos tenemos que buscar conjuntamente soluciones a esta vergonzosa situación. Debemos velar porque se cumplan las leyes tanto a nivel externo, como en lo interno. Y me refiero al cumplimiento de los miles de artículos contemplados en los cientos de códigos de ética y moral que supuestamente rigen los códigos de conducta de los diferentes entes de nuestra sociedad y que lastimosamente, en muchos casos, duermen su sueño eterno, sin que los consabidos "Tribunales de Honor y Disciplina" se dignen en desempolvarlos (y que en muchos casos son utilizados únicamente como armas cuando se trata de derrotar algún contrincante político) ¿Por qué no empezamos por aplicar rigurosamente las leyes en nuestros propios partidos, asociaciones, empresas e instituciones? O como dice Mónica Guardia (La Prensa, 25 de septiembre) en el artículo "Fortalecer una Conducta Ética": "El fortalecimiento de una cultura organizacional basada en los valores, en conductas éticas de responsabilidad social…" es una medida que requiere la voluntad de nuestros líderes y la presión de la sociedad civil.
Por otro lado, es una necesidad imperiosa la de concienciar al sector económico en lo que respecta a la "Responsabilidad Corporativa Empresarial". Como bien dice David Fischman en su artículo "El negocio redondo del mundo" (La Prensa, 29 de septiembre): "Como empresarios debemos pensar que tenemos un rol mayor que solamente generar riqueza personal. Que además de usar nuestras destrezas administrativas y de liderazgo para sacar adelante nuestro negocio, debemos tratar de ayudar a causas trascendentes que ayuden a lograr un mundo más balanceado".
Finalmente, es hora de que la ciudadanía se organice en una alianza pro justicia social. En la medida en que hagamos valer nuestros derechos, y exijamos el respeto y cumplimiento de las leyes, los corruptos, los explotadores, los que usufructúan del pobre y del desamparado; aquellos que minan las finanzas públicas y se enriquecen con el tráfico de influencias, lo pensarían dos veces. Es hora de que despertemos de esa nube de indiferencia que nos caracteriza y participemos más activamente en los asuntos de nuestra nación. Hay que empezar a despertar conciencia en nuestros jóvenes a través de una educación más humana que permita el desarrollo de individuos críticos, solidarios y con espíritu combatiente; lo suficientemente valientes para enfrentar el statu quo, y que no se deje llevar únicamente por las corrientes frívolas del momento. Es aquí donde el gremio educativo debe cumplir con su cometido; exigiendo las reformas al sistema obsoleto que tenemos actualmente para que vaya más acorde con nuestra realidad nacional. Que se implemente de una vez por todas la reforma educativa. Sólo así lo lograremos.
La autora es licenciada en farmacia y empresaria
Además en opinión
• Héroes, pero esos que nunca se mencionan: José Miguel Samudio-Horna • 132 latigazos de Martín: Brooke Alfaro • ¿Hacia dónde vamos, Panamá?: Lourdes Ortega • Transporte masivo para la capital: Rogelio A. Pinilla • Tiro de gracia: Gabriel J. Perea R.
|