¿Qué pasa con el boxeo?
Gustavo Ampudia P.
gampudia@prensa.com
OPINIÓN.Panamá es conocida como Tierra de Campeones y es un título ganado con esfuerzo, ganas y mucho sacrificio por parte de las grandes estrellas: los boxeadores.Son 23 peleadores panameños que se han coronado campeones mundiales para orgullo de un país, que desde hace mucho tiempo ha tenido que fajarse como los grandes ante las fallas del gobierno.En la actualidad tenemos dos campeones del mundo: Roberto La Araña Vásquez y Vicente El Loco Mosquera. Y estoy seguro que el próximo 15 de octubre Celestino Caballero ganará la corona interina supergallo de la AMB.Es muy bonito cuando el boxeador gana esa pelea soñada y el público, dirigentes, gobernantes y personalidades de la empresa privada aplauden hasta que las manos les quedan rojas.Pero, ¿saben ellos cómo entrena un boxeador, en qué condiciones y dónde lo hace? Yo lo dudo mucho.
Sólo hay que visitar el gimnasio Pedro Rockero Alcázar para colocarse las manos en la cabeza y lamentar la manera en que practican esos ídolos del boxeo local.En ese gimnasio entrenaron ex campeones como Santiago Samaniego, Pedro Alcázar, Roberto Durán y muchos más, incluyendo, claro, a La Araña y el Loco.Estaba hablando hace poco con el entrenador Rigoberto Garibaldi y me comentó que están pidiendo a gritos que el gobierno y la empresa privada se meta la mano en el bolsillo y aporte algo para mejorar el gimnasio Pedro Alcázar.
"Ya estamos aburridos de entrenar en un lugar en donde los baños son un asco y cuando llueve uno se moja más adentro que afuera", me dijo Garibaldi con mucha indignación.Cuando voy a Curundú me doy cuenta que definitivamente esos púgiles son unos héroes al entrenar en ese lugar. No sé cómo entran a esos baños y mucho menos cómo chifean las gotas de agua cuando caen del techo, que más parece un queso gruyere.Estoy totalmente de acuerdo en que se apoyen todos los deportes en Panamá. Cuando veo los miles de dólares que se mueven en el fútbol, o cuando fui por primera vez al estadio Nacional Rod Carew, me di cuenta de que el deporte va en pleno ascenso.Pero, ¿qué pasa con el boxeo? Este deporte que nos ha llenado de gloria merece más respeto.
Es verdad, se hizo el gimnasio de Barraza, pero ustedes, queridos lectores, ¿piensan que allí se tiene que meter como sardina en lata a todos los púgiles que hay en la capital? No puede ser. ¡Ah! se me olvidaba el gimnasio improvisado que hizo el promotor Rogelio Espiño, de la cuadra Promociones y Eventos del Istmo, para solucionar en parte el problema de entrenamiento.Fuera de esos dos gimnasios no hay dónde entrenar de manera formal, con todas las de la ley.
Si se repara el gimnasio Pedro Rockero Alcázar sería una inyección de vitamina para los boxeadores, entrenadores y púgiles aficionados, que están ansiosos de entrenar en un lugar apropiado.El gasto no es mucho. Estoy seguro que no pasa de los 30 mil dólares en total. Entonces, vamos a aportar algo para que cuando celebremos otro título mundial, lo hagamos de verdad.
El autor es periodista.
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