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Panamá, domingo 2 de octubre de 2005
 

RETIRADA.

La necesidad de alejarse de todo

Michael Slackman

Los hombres se han retirado al desierto por siglos en busca de Dios, atraídos por la quietud y el aislamiento, por un sentimiento de la presencia divina en el yermo paisaje.

El reverendo Maximous Elantony fue uno de esos hombres atraídos al desierto en busca de una relación con Dios. Sin embargo, difícilmente pudo creerlo cuando ayudó en fecha reciente en el descubrimiento de algunas de las primeras pruebas físicas de cristianos que también efectuaron esa búsqueda.

Sigamos a Elantony al interior de la Iglesia de los Apóstoles del siglo 15 en el desierto cercano al Mar Rojo y veamos la historia en el suelo destrozado. Congeladas en el tiempo, ocultas por cientos de años debajo de una iglesia, y después otra, está lo que funcionarios egipcios de antigüedades afirman que son las celdas monásticas más viejas que se hayan descubierto alguna vez, remontándose al siglo cuarto. Están tan bien preservadas que es como si alguien acabara de levantar el techo.

"Cuando vives en un lugar tranquilo, como una celda, y no estás ocupado con nada salvo Dios, empiezas a escucharte y verte a ti mismo", dijo Elantony durante un recorrido efectuado hace poco por las celdas desenterradas. "Nosotros solamente deseamos estar ocupados con Dios, escuchar a Dios, ver a Dios".

Elantony es un monje copto que, durante 27 años, ha convertido en su hogar el interior de los muros del Monasterio de San Antonio, fortaleza del cristianismo localizada 160 kilómetros al sureste de El Cairo, misma que generalmente es considerada la cuna de la vida monástica del cristianismo.

Durante el siglo tercero, hubo cristianos que buscaron piedad mediante la abstención y la auto negación. Pero a San Antonio se le da el crédito por haber llevado esas prácticas un paso más allá cuando se fue a vivir en una cueva en las montañas desérticas, no lejos del monasterio que lleva su nombre, aproximadamente hacia el año 270.

El monasterio es sobrecogedor, con dos altas torres irguiéndose desde la arena, cada cual con la cruz copta, tachonada con iglesias y celdas para 110 monjes. Sin embargo, es el tono verde lo que más llama la atención, el verde que, según historiadores, atrajo a Antonio, las verdes palmeras que indican la presencia de agua. Resulta fácil sentir un espíritu divino donde el agua mana del suelo desértico.

Así que los hombres que buscaron vivir como San Antonio construyeron celdas en las cañadas de una rugosa montaña pelona con todo lo que necesitaban para sobrevivir, y con tranquilidad. Hicieron sus celdas de ladrillos y yeso, durable pero perdido a lo largo de los años, sepultadas debajo de la Iglesia de los Apóstoles.

Elantony está profundamente interesado en el pasado y atareado trabajando con cuadrillas que han excavado y raspado los estratos en cada rincón del monasterio. Dijo saber que sus predecesores solían construir cuencas en el suelo de sus iglesias para lo que él dijo que era una masa de agua. Así que empezó a buscarla. En colaboración con algunos contratistas, y con la ayuda del Consejo Supremo de Antigüedades, encontró una cuenca, y después, misteriosamente, otra.

"La segunda era un poco más profunda que la primera, y estaba en la posición equivocada para haber sido parte de la Iglesia de Apóstoles. La dirección de esta no podría ser para esta iglesia", dijo, señalando hacia la segunda concavidad.

Así que siguieron excavando, retirando capas de suelo y piedra hasta que desenterraron los cimientos de una iglesia del siglo octavo debajo del suelo de la iglesia del siglo 15. Así que siguieron excavando, y debajo encontraron una piedra con una inscripción copta, la cual leía: Perdóname Salvador. Perdóname Señor, es lo que decía grosso modo. Así que siguieron con la excavación.

"Eso fue toda una sorpresa", comentó Elantony, señalando hacia las celdas monásticas.

En el rincón de una de las celdas hay una estufa de ladrillo que era usada para cocinar. Otra se usaba para los rezos. Las celdas relataban una historia de monjes que vivían juntos, con varias personas en una sola celda. También había un cuenco que se empleaba para mojar hojas de palmera, mismas que ellos usaban para tejer objetos como colchonetas y cestos.

Al explorar las tendencias pasadas para inspirar la reflexión sobre el presente, y conforme Elantony hablaba acerca de las celdas que el ayudó a encontrar, comentó cuánto ha cambiado la vida para los monjes coptos en Egipto. La lucha en esa época consistía en evitar que los errantes beduinos les dieran muerte en el desierto. Hoy día, consiste en ceñirse a la soledad que, en primer lugar, atrajo a los monjes a este sitio.

"Ser un monje equivale a liberarse de todo, conectarse solamente con Dios", dijo, agregando que los monjes actuales son, sin embargo, una raza diferente.

"Dijo que los monjes más jóvenes deseaban tener acceso al correo electrónico, y él mismo tiene un moderno teléfono celular. Ellos también desean retretes apropiados. Esos son para los monjes modernos", dijo, con cierto aire de condescendencia, al tiempo que señalaba hacia las nuevas instalaciones en las premisas del monasterio.

Empero, ellos también reciben turistas y peregrinos, camiones repletos durante el verano, que deambulan por el monasterio tomando fotografías y haciendo ruido. El monasterio, en alguna época totalmente tapiado, actualmente está abierto para recorridos diarios, y los monjes son los guías de ellos. Durante un tiempo, a los turistas se les permitía pasar la noche, pero eso fue un tanto excesivo para los monjes. Así que, desde hace tres años, a todos los turistas se les exigió abandonar el sitio para las 18:00 horas.

Incluso hoy día, Elantony se conforma con hacer alarde de los sitios históricos del monasterio, pero no muestra las celdas donde los monjes viven efectivamente. Da la impresión de estar reacio a llevar a los visitantes a la biblioteca, donde hay 2 mil 300 manuscritos antiguos, y entra a ella sólo después de haber tocado vigorosa y repetidamente la puerta, para que así cualquiera que lo desee pueda ocultarse o marcharse.

Algunos de los monjes más viejos se sienten tan desmotivados por los turistas que toman comida y se dirigen a las montañas para pasar el día en una cueva, regresando solamente tras la salida de las muchedumbres

De cualquier forma, Elantony tiene un plan para la Iglesia de los Apóstoles que seguramente atraerá a incluso más turistas: quiere restaurar las celdas monásticas, después cubrirlas con un piso de vidrio, para que de esa forma la iglesia pueda ser usada de nuevo para los rezos sin enterrar las pruebas históricas de los albores de la vida monástica.

"Estamos tratando de encontrar un equilibrio entre nuestra vida espiritual y las necesidades de la gente", concluyó.

The New York Times News Service


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