Al ver el martes pasado La Noche del Diez, el nuevo programa de la televisión argentina, con un Diego Armando Maradona transformado, haciendo de presentador y anfitrión de varios artistas y luminarias del deporte, totalmente calmado, sin hablar chabacanerías ni expresarse mal de nadie como ha sido su comportamiento habitual por décadas, es fácil pensar que a Maradona lo raptó una nave extraterrestre para luego enviar a otro dentro de su cuerpo, o que los médicos colombianos que le hicieron en febrero en la ciudad de Cartagena la operación de by pass gástrico para disminuir de peso, también le echaron mano a su cerebro.
Es otro. Además de sus 50 kilos menos, este Diego de 44 años que baila, canta y ríe como un muñeco de cuerda, se emociona en el set como si acabara de meter un gol. Pero al momento se pone calmo y sereno como si hubiese vivido los últimos años junto al Dalai Lama y se hubiese leído todos los libros de Paulo Coelho. Fácilmente su programa podría ser el mejor comercial para una compañía farmacéutica de ansiolíticos (medicamentos para la ansiedad) ahora tan necesarios.
En el primer programa transmitido en Panamá el martes pasado (en Argentina ya van por el tercero y sale los lunes) Maradona tuvo como acompañante a su colega Sergio Goicochea, y pocos minutos después apareció Diego Torres cantando su himno Color esperanza. El toque femenino fue el baile con María Grazia Cuccinota, la diva italiana de la película El cartero de Neruda (Il Postino).
Maradona sigue moviendo masas. Para que toda esta perfección sea cierta, en la producción del programa trabajan más de 300 personas. Tras bambalinas, Dieguito realiza permanentes viajes entre Buenos Aires y Roma, porque está participando en un concurso semanal de baile que se emite en el primer canal de la televisión pública italiana. Para lograr esta omnipresencia, sale de Argentina los miércoles por la noche y vuelve de Italia los domingos a última hora o los lunes por la mañana para hacer el programa en la noche. El lunes pasado el programa tuvo que iniciarse sin él, pero luego Diego llegó en helicóptero hasta los estudios.
Durante el programa, además de ver los diversos videos donde los argentinos lloran al enviarle un mensaje y dan gracias a su Dios, o sea a él mismo, por haberlo conocido, Dieguito, junto a la tenista argentina Gabriela Sabatini enfrentó con una bolea de fútbol a la pareja formada por el jugador Gabriel Batistuta y el actor Ricardo Darín (Kamchatka).
El programa es un derroche de producción y estrellas. Hasta Pelé, con quien Maradona nunca ha tenido las mejores relaciones, hizo su debut: El astro argentino le confesó que un sueño era cabecear el balón con él, ante lo cual Pelé no se hizo de rogar y le salió al baile. Después de algunos pases (de balón) se abrazaron tiernamente.
Esto ha dividido a los seguidores que critican que el astro se reconcilie con sus enemigos y que muestre una faceta de “aquí nunca pasó nada”. Mas sus seguidores incondicionales acuñan frases como: “la vida es más bella los lunes”, “sos nuestro héroe nacional”, “mi viejo está enfermo, espero que no muera antes de ir a verte al programa”. Parece que ahora hace milagros. También escriben en los múltiples weblogs y foros que se han abierto después de lanzarse el programa “quiero conocer a Dios”, pues para los más fervorosos hay una religión creada en su nombre: Santa Maradona.
Es tan diferente este Maradona prefabricado, llevando donde antes le colgaba un barrigón los círculos de la marca de la tarjeta de crédito, que por momentos el ambiente del programa recuerda a la película Tiburón, cuando ponen la música y uno sabe que en cualquier momento va salir el monstruo.
Es divertido pero a la vez tensionante, ver este reality post recuperación. Esperemos que además del curso intensivo de buenos modales, le haya quedado bien hecha la trepanación. Un gran juego para Maradona con 1,000 dólares por segundo de publicidad.