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Panamá, domingo 2 de octubre de 2005
 
 
TEMA DE PORTADA
LAS AVENTURAS DE GILBERTO
 
El excursionismo es una actividad que cada día gana más adeptos en Panamá. Gilberto Ceballos, líder de un club dedicado a estas actividades, es uno de sus impulsores. ¿Usted conoce Panamá? 
 
ESTHER M. ARJONA 
earjona@prensa.com 
 
En El Chorrillo, barrio donde creció Gilberto, no había muchas áreas verdes. Así que sus primeras aventuras fueron en el Cerro Ancón y otros lugares pertenecientes a la Zona del Canal donde, a pesar de estar prohibido el paso, él y sus amigos se las arreglaban para llegar, ya fuera excavando un poco bajo las cercas, trepando árboles o entrando por las alcantarillas.

A Gilberto le causaba una gran fascinación conocer otros lugares, aunque estos no estuvieran tan lejanos de su espacio de acción. Pero más le despertó ese interés cuando, luego de graduarse con segundo puesto de honor en el Instituto Nacional, se hizo acreedor a una beca para seguir estudios universitarios en una ciudad de Estados Unidos.

“Una amiga me dijo, ‘todo el mundo viaja a Estados Unidos, ¿por qué no buscas un lugar diferente?”.

En ese momento se ofrecían diferentes oportunidades en los países del bloque socialista. Así fue como Gilberto decidió estudiar en Ucrania.

“La ciudad de Kiev es muy bonita, con muchos bosques, muchas montañas, y allí empieza mi afición ya concreta sobre la aventura”, comenta.

Allí conoció mucha gente, amplió sus fronteras viajando a otros países vecinos, se involucró en las actividades del club de montañismo de su universidad. Creció su afición por el senderismo, aprendió sus técnicas y decidió que cuando regresara a Panamá establecería un club como el que funcionaba en su universidad y muchos otros lugares de Europa.

Gilberto regresó graduado como ingeniero de sistemas de la Universidad Politécnica de Kiev; hizo una maestría en redes y comunicaciones y actualmente labora en la Dirección de Informática del Ministerio Público, además es el técnico en Panamá de Agence France Presse (AFP).

El deseo de explorar y conocer fue transmitido a sus amistades, que en grupo empezaron a hacer actividades desde 1995, pero todo se concretó con el establecimiento del Club de Excursionistas del Istmo, fundado el 30 de abril de 2002.

El club ha recibido la asesoría y el apoyo de clubes de otros países y mantiene un completo programa de actividades.

—¿Cuántos lugares de Panamá has conocido en actividades del club?

—Hemos conocido más de cien lugares, ya que organizamos actividades una o dos veces al mes, pero tenemos también las actividades de exploración, previas a la actividad, que nos permiten conocer las condiciones del terreno y saber si son aptas para llevar un grupo. Estos lugares no aparecen en un mapa turístico convencional.

—¿Siempre buscan lugares diferentes?

—Por lo general nunca repetimos un lugar a menos que la gente lo pida. Hay lugares donde todos quieren ir, como Coiba o el Volcán Barú, pero no se atreven a ir solos porque se requiere de cierto conocimiento técnico. Cuando hablamos del volcán Barú estamos hablando de alta montaña y requiere un conocimiento técnico y un grupo de apoyo que va a brindar a los principiantes apoyo durante la actividad.

—Cómo se mide la dificultad de las actividades?

—Utilizamos la tabla standard, que es la que se utiliza en España, de una a cinco y dependiendo de esos grados de dificultad catalogamos la actividad. Para la isla de Coiba el esfuerzo es mínimo, 1.5, mientras que el ascenso al volcán Barú, 4.5, exige condiciones físicas porque vas a sentir falta de oxígeno, llevas en la espalda el peso de la mochila, el terreno es difícil. Hacemos actividades desde un simple paseo, dificultad media y de alta dificultad para los menos experimentados.

—¿Cuántos tipos de actividades hacen?

—El fuerte del club es el senderismo, caminar, pero también hacemos rappeling, river rafting, ciclismo de montaña, espeleología, fotografía, podemos organizar una actividad de construcción de sendero, contribuir con un parque nacional, también se hacen actividades sociales... un club tiene su carácter filantrópico.

—¿Cómo se establece el calendario de actividades?

—Muchos de los lugares los conocemos por recomendación de los lugareños y todo nace en la ciudad. Una persona nos ofrece el dato de un camino o un lugar con tales características, una cascada, una cima, y hacemos el contacto. Nosotros exploramos, marcamos rutas, conseguimos guías, vemos dónde hay un punto de seguridad en caso de una emergencia, se recopila la información para la actividad y después vamos organizando el calendario.

—¿Piensas que el panameño es aventurero? ¿Le gusta la aventura?

—Al panameño le gusta, lo que pasa es que no se atreve a dar ese primer paso. Le cuesta mucho trabajo salir de su casa, privarse un poco de la comodidad para disfrutar de la naturaleza. Somos aventureros, lo que no tenemos es la educación. Gente que vive en ciudades grandes como Nueva York tiene la educación de convivir con la naturaleza, no ensuciar, limpiar, no alterar el medio ambiente. Nadie nace siendo aventurero, eso se va aprendiendo poco a poco.

—¿Qué herramientas y accesorios te acompañan siempre, y qué no llevas?

—Lo primero que dejo es el celular, porque en esas áreas no hay señal y es incómodo tenerlo. Te las pasas preocupándote por él.

Llevamos siempre los radios para comunicar al guía con el que va cerrando la fila, tienda de camping si es necesario, bolsa de dormir, padding, colchoneta, alimentos, la vestimenta adecuada, calzado y se recomienda nunca improvisar.

—¿Cuál es tu lugar favorito?

La travesía del istmo, (de San José de Madroño en Chepo al río Gangandí en San Blas). Es una ruta que en conjunto con la comunidad de río Gangandí descubrimos. Ellos han mejorado el camino, pero no es recomendable ir sin guía. Son dos días atravesando la selva y de allí hay que tener un bote preparado que nos va a llevar al archipiélago de San Blas. El regreso se puede hacer en bote o en avioneta. Ya la he hecho cinco veces.

—¿Cuál es el lugar más hermoso?

—Un amanecer en el volcán Barú. Eso hay que verlo.

—¿El lugar más inaccesible?

—La ruta del Sendero Victoriano. Fue una ruta que creamos en 2003 en conmemoración del centenario de la República, partiendo de una ruta por donde Victoriano Lorenzo transitaba.

En la comunidad del El Cacao en Capira, donde Lorenzo fue regidor, un señor muy viejo nos dijo “yo los puedo llevar”, marcó la ruta donde se calcula pasaba de allí a El Valle de Antón y de allí a Penonomé. La ruta cubre desde El Cacao en Capira, la comunidad de Peña Blanca, Quebrada Jordanal, sigue por Río Indio y finaliza en La Mesa de El Valle. Es una ruta que se hace en dos días.

Su acceso es muy difícil al principio porque tiene muchas subidas empinadas.

—¿El lugar más pacífico?

—Coiba , sin lugar a dudas. El sonido del mar, el canto de las aves, la tranquilidad que se respira, sin lugar a dudas es Coiba.

—¿El lugar más divertido?

—La ruta costera en costa arriba de Colón desde la comunidad de Miramar hasta Santa Isabel de la Cruz. Parece mentira, pero al pueblo que llegáramos la gente nos invitaba cervezas y comida, y baile en las discotecas, y nos resultó muy divertida esa ruta, muy sencilla, muy fácil.

—¿El lugar más romántico?

—Ecocircuito en el archipiélago de Las Perlas. Ver un atardecer en la isla San José, a pesar de las chitras, es súper romántico. Subes a un risco y puedes ver el atardecer en el mes de abril.

—¿A cuál sitio que no conoces quieres llegar?

—Darién, por su difícil acceso, la falta de facilidades y la falta de colaboración de los lugareños, porque se trata de una zona que no es muy segura; también un poco de Bocas del Toro. Son lugares distantes, nos cuesta mucho trabajo el acceso, la logística para un grupo y se necesitan muchos días libres. Aprovechamos los días puente para hacer estas actividades lejanas.

—¿Qué le falta a Panamá para que estas actividades puedan desarrollarse más?

—Seguimos todavía creyendo en el turismo tradicional. No estamos hacendo énfasis en el verdadero turismo de aventura. Pienso que no se cree en él.

El Estado, el Gobierno, tiene que hacer mucho énfasis en el turismo de aventura. Esto lo hace la gente que le gusta, no solo la gente que piensa en dinero. Nosotros no somos empresarios, funcionamos como un club sin fines de lucro. Y así funciona en otros países donde se establecen sociedades de clubes que tienen incluso hostales donde los aventureros prefieren ir porque allí se da intercambio de información. Los clubes pueden traer turismo al país.

Tenemos tanta información que brindar pero no nos abren las puertas para hacerlo.

—¿Qué diferencia hay entre excursionar y pasear?

—El excursionismo te brinda muchas facetas, el paseo no. En el paseo vas a un lugar definido. En el excursionismo vamos a caminar de un sitio a otro y no sabes qué te vas a encontrar. No son rutas convencionales, son rutas utilizadas solo por los lugareños, los campesinos, muchas veces nosotros modificamos esas rutas para llevar a las personas a que disfruten de todo ese valor paisajístico que tiene nuestro país. Mucha gente no se imagina los lugares hermosos que hay en Panamá. Hay paisajes que te deslumbran totalmente y están cerca de la ciudad, no hay que ir tan lejos.

—¿Cómo podemos comenzar a hacer este tipo de actividades?

Un club es un ente de educación. Organizamos charlas para las personas que por primera vez quieren participar, allí les enseñamos qué tipo de ropa usar, qué equipo.

A través de las charlas las personas tienen la oportunidad de conocer mejor cómo excursionar. Además no son necesarias muchas condiciones. Las condiciones no las vas a ganar en una ida. Después tú solo vas a decir “tengo que bajar unas libras” y así vas a empezar a bajar de peso y a ejercitarte. El senderismo, más que una cuestión de condiciones físicas, implica actitud.

Excursionar es todo un arte, sales de la puerta de tu casa y ya estás excursionando. Es una forma completa de disfrutar de todos los lugares bellos que nos brinda la naturaleza.

—¿Cuánto aprende uno en un día?

—Bastante. Se aprende mucho. Muchos no saben de dónde sale el alimento, cómo llega a la ciudad desde las montañas de donde se sacan las legumbres, cómo se procesa el café, lo que le cuesta al campesino recoger un saco de naranjas.

Se aprende sobre la biodiversidad del lugar, los nombres, los sonidos. Es un laboratorio viviente del que estamos rodeados y no lo conocemos. Y no hay que ver Discovery Channel ni hay que ir a otro país. Las selvas y los bosques más diversos del mundo están aquí en la zona neo tropical. ¿Cuánto no se aprende?

Agua de lluvia

La lluvia es un elemento que no se puede separar de la excursión; vivimos en un país tropical donde llueve nueve meses al año.

Gilberto, al igual que muchos otros excursionistas, no le teme a la lluvia. Sencillamente forma parte del encanto de la excursión.

“Me encanta caminar con lluvia por varias razones: menos desgaste, menos deshidratación, caminas fresco, hay un poquito de lodo, pero la lluvia es más que todo una amiga del excursionista, del senderista.

Es muy difícil caminar bajo un sol de verano si no vas bajo la sombra. La lluvia, aunque nos limite un poco -y no va a llover durante todo el día- es muy agradable.

La mayoría de las personas que participa de nuestras actividades le gusta caminar bajo la lluvia. Sabes que al final está la ropa seca para cambiarte, todo está planificado.

La lluvia es parte de la excursión y además te brinda agua limpia que puedes tomar. Solo tienes que juntar las manos.

Refugio

El refugio ecológico de Peña Blanca se estableció en el Sendero Victoriano. Ofrece un lugar de descanso a aquellos excursionistas que deseen entrenar en el área de Capira o que deseen hacer la ruta completa. También está hecho con el objetivo de que haya una inyección económica para esa área empobrecida del país.

“Estamos tratando de que la gente conozca la naturaleza única que todavía hay por allí. La flora y fauna son increíbles”.

 

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