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Panamá, domingo 18 de septiembre de 2005
 

LA ENTREVISTA.

El imperio del gen de la libertad

Ramón Custodio López lleva casi 25 años defendiendo los derechos humanos, poniendo, incluso, su vida en peligro.

Aunque ha sido cuestionado públicamente, el ‘ombudsman’ de Honduras cree necesaria la crítica de los funcionarios.

LA PRENSA/Jorge Fernández
DEFENSOR. Ramón Custodio López es un sobreviviente de la represión.564194
Jean Marcel Chéry
mchery@prensa.com

El frío metálico del cañón en su pecho lo hizo razonar. Por un momento, los instintos habían dominado al médico Ramón Custodio López y le hicieron zarandear las muñecas de aquel militar, vestido de civil, que tomaba fotos a cualquiera que entraba o salía de su laboratorio, en Tegucigalpa, Honduras. Por la sacudida, la cámara cayó al piso y se estropeó. Fue cuando otro soldado de la inteligencia militar desenfundó una 45 y la puso en su tórax.

– "No te vayas a comprometer por el coronel que los mandó. Ve a decirle que aquí lo espero. Tú decides", dijo Custodio López, mientras miraba a los ojos del soldado que le apuntaba.

El militar guardó la pistola. Se retiró, junto con su compañero. Ambos espiaban para saber quiénes eran los informantes del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos (CODEH) que durante los años 80 operaba en las mismas instalaciones donde el médico tenía su laboratorio.

Compromiso y riesgo

El comité, fundado en mayo de 1981, por Custodio López y otros cuatro hondureños, compilaba información sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas en su país para luego hacer las denuncias internas y en el extranjero. Durante nueve años ese organismo defendió a las víctimas de la represión, presentó cientos de hábeas corpus y documentó la desaparición de 144 hondureños, más otros 44 nicaragüenses que fueron secuestrados por la contrarrevolución de su país, y luego desaparecidos en Honduras.

El pequeño comité, narra Custodio López, se creó al detectar el inicio de sistemáticas violaciones a los derechos humanos por parte de los cuerpos de seguridad estatal. Dos representantes se identificaban públicamente. Los otros tres fundadores del CODEH actuaban desde el anonimato.

"Me adentré en el campo del enemigo sin saber los peligros que iba a correr", confiesa. Para entonces, ya había activistas de derechos humanos ejecutados o desaparecidos en Guatemala y en El Salvador. Custodio López no solo fue defensor y testigo de las violaciones de los derechos humanos contra opositores del gobierno; él mismo –según dice– es "un sobreviviente de la represión" en su país.

"Parece mentira, pero cuando los militares dejan el poder en Honduras, entre 1980 y 1981, y gobierna un partido político es cuando empieza la represión. Supuestamente había democracia, con una administración pública en manos de civiles. La policía –no obstante– quedó controlada por los militares, quienes eran los que mandaban realmente desde los cuarteles". Los opositores del gobierno eran acusados de subversivos, por lo cual eran perseguidos. Explica cómo eran los mismos que ejecutaban extrajudicialmente, desaparecían y torturaban. "Fue una dictadura militar disimulada con un ropaje pseudodemocrático", dice.

Durante su lucha, en 1988, Custodio López logró la primera condena de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos contra un Estado por la desaparición forzada de dos personas -Manfredo Velásquez Rodríguez y Saúl Godínez Cruz-.

El inicio de la democracia

A partir de 1990 se fue desmilitarizando el régimen político hondureño. Se logró crear el Ministerio Público, para que fuera esa entidad la que persiguiera los delitos de una manera legal y científica, y se crea la policía de investigación criminal, como un brazo auxiliar de aquella institución. Además, la policía se separa del ejército para transformarla en un ente civil.

Luego de esas conquistas, los esfuerzos del CODEH se concentraron en abolir el servicio militar forzado. "Solo se reclutaba a los hijos de los pobres; aquello era una cacería humana", critica Custodio López. En 1997, después se seis años de lucha, se estableció el servicio militar voluntario.

En uno de sus frecuentes viajes a Ginebra, Suiza, durante las sesiones de las comisiones de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1991, Custodio López comenzó a impulsar, con el representante de Honduras en esa instancia, la creación del Comisionado Nacional para los Derechos Humanos. Se logra que se instituya esa figura, a raíz de una asesoría de las Naciones Unidas, en 1993. Inicialmente el funcionario estaba adscrito al poder ejecutivo y en 1998 se le da autonomía y rango constitucional.

El 7 de marzo de 2002 fue elegido por el Congreso de su país como Comisionado Nacional para los Derechos Humanos, un cargo homólogo al de Defensor del Pueblo en Panamá. Actualmente, Custodio López preside el Consejo Centroamericano de Procuradores de Derechos Humanos, que se reunió en Panamá la semana pasada.

Si se analizan sus antecedentes, se podría concluir que Custodio López defiende los derechos humanos por una motivación casi genética. Su padre, Prudencio Custodio, era un ebanista salvadoreño que en 1915 viajó a Honduras a enseñar su ocupación en la escuela de artes y oficios. En esos tiempos, los obreros comenzaban a enrolarse en gremios para defenderse de los abusos patronales. Prudencio Custodio no demoró en agitarse en esas organizaciones que más tarde se convirtieron en sindicatos.

En 1932 asumía la Presidencia de Honduras el general Tiburcio Carías Andino. Durante su régimen, Prudencio Custodio se convirtió rápidamente en un perseguido político. Ese mismo año, como corría el riesgo de ser encarcelado o asesinado por sus ideas de reclamar derechos para los trabajadores, Prudencio Custodio y su familia se exiliaron en El Salvador, cuando Ramón sólo tenía tres años.

Amor por la libertad

Dos años después, Ramón Custodio y su madre regresaron a Honduras, pero su padre siguió en el exilio hasta la muerte. "Eso me marcó para siempre, porque crecí añorando a mi padre en el hogar y sabía que por intolerancia política, mi padre no estaba conmigo", recuerda. "Por eso fue creciendo mi amor por la libertad...", medita.

"Años después, cuando veía películas de lo que hacían los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, me decía: ‘esto es lo mismo que ocurre en mi país’". Para sentirse mejor, Ramón Custodio López, aún un muchacho, ponía el disco de la Marsellesa a todo volumen.

"Lucho contra las violaciones de los derechos humanos por una vocación, quizás inducida. Siempre fui un joven consciente de los males sociales, siempre identificado con las causas del pueblo", anota.

Custodio López lleva casi 25 años de vida pública en defensa de los derechos fundamentales y las críticas, en ocasiones, han ido en su contra. Recuerda que un policía procesado por una muerte extrajudicial lo acusó de "corrupto" durante su juicio. Custodio López, según el sindicado quejoso, presionaba a la jueza para que lo condenara y la prensa hondureña hizo eco de esa acusación. Periodistas lo tuvieron bajo la lupa y hasta lo increparon.

"He tenido mis diferencias con algunos periodistas, pero mi hijo menor, Emilio, me dio una gran lección. Me dijo: ‘viejo, no todo el mundo tiene que estar siempre de acuerdo contigo; recuerda el derecho a la diferencia de opiniones, a la disensión...’ esa fue una lección que me ha servido siempre". Gracias al consejo de su hijo hasta contesta los correos electrónicos críticos, incluso los irrespetuosos.

Afirma que es necesaria la "crítica sana de los funcionarios". "Soy un convencido de la necesidad de la libertad de expresión", reitera. Dice que aun cuando ha sido duramente criticado, nunca ha recurrido a la querella penal o a la demanda civil contra periodistas. "Nunca he reaccionado violentamente por alguna crítica hacia mi persona, porque tengo como defensa mi conducta, mi pasado y mi presente", expresa.

Rendición de cuentas

"La figura pública debe contemplar el principio de rendición de cuentas y la responsabilidad ética en el ejercicio de cualquier cargo", insiste. Dice que durante sus estudios en Inglaterra aprendió que los funcionarios de ese país renuncian si está en entredicho su desempeño ético. Acá, en Latinoamérica, según dice, esos casos no se ven; el funcionario tiende a negar la verdad. "El funcionario debe tener claro que las actuaciones honestas son más importantes que ganar juicios", concluye.

Rendición de cuentas y cero impunidad son principios que acompañan a este ombudsman de 75 años. Por eso, al conocer la noticia de la excarcelación de Manuel Antonio Noriega en 2007, Custodio López afirma con rotundidad que debe ser extraditado a Panamá para que responda por los crímenes de los que es acusado. Algo, que según explica, debería reforzarse con una comisión de la verdad, parecida a las que se han fomentado en Argentina o en Guatemala, para aclarar los crímenes cometidos durante la dictadura. "Los Gobiernos le deben esa verdad de lo que sucedió a sus pueblos", concluye.


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