¿Aló? Llamada perdida
Redacción La Prensa
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La factura telefónica del Estado asciende a 26 millones de dólares. Y si el teléfono fuera un instrumento útil, eficaz, que acelerara la gestión gubernamental y estatal... nada habría que decir.
A cada funcionario, en una simple división, le corresponden 140 dólares de esta factura que, según hemos sabido esta semana, no siempre corresponde al trabajo por el cual les pagamos con los impuestos de todos los ciudadanos.
Llamadas a videntes y a líneas calientes completan esta cuenta onerosa que ofende a los que no cobran salario del Estado y que siempre sospechaban mientras hacían la fila que algo "no terrenal" ocurría al otro lado de la ventanilla.
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