| RELACIONES.
La diplomacia y el petróleo
Edwin I. Pinzón V.
Al observar a través de los medios cómo se recibe en los países europeos al líder libio Moammar Gaddafi, cuesta no pensar en que ese trato cordial se debe a la actual coyuntura petrolera y la necesidad de buscar más fuentes de suministro para asegurar un abastecimiento adecuado o controlar los altos precios del mercado.
Después de ser considerado durante décadas un país que financiaba el terrorismo, ahora la imagen de Libia está siendo rehabilitada para justificar los apretones de mano y las sonrisas de visitantes como Blair, Berlusconi, Chirac, Richard Lugar, senador de Estados Unidos y Schroeder, todos cortejando al carismático gobernante para que se abra al comercio bilateral, después de las restricciones impuestas por la ONU, UE por tantos años, al verificarse la participación de Libia en el atentado terrorista al avión Pan-Am en Lockerbie, Escocia.
Pero unos cuantos millones de dólares a cada familia afectada, el desmantelamiento de sus instalaciones nucleares, junto con un oportuno mea culpa y la promesa de no seguir siendo tan travieso, de pronto convirtieron a Gaddafi en un estadista respetable y admirado. Incluso se lo está utilizando de mediador en el espinoso problema de Sudán, ya que por su ideología y religión, tiene acceso a los gobernantes del país vecino, inmerso en una sangrienta guerra civil, con acciones genocidas que no han podido ser controladas mediante la diplomacia habitual de las grandes potencias, ni por las Naciones Unidas.
No hay duda de que el caso de Libia es uno de los más emblemáticos en que las medidas económicas han surgido efecto, pues en el caso de Irak falló la diplomacia, sino que se recurrió a la guerra, aunque al igual que en Libia, quizás las medidas económicas hubieran funcionado a largo plazo, si no se hubieran contaminado dichas medidas por la corrupción en la ONU en el manejo del plan "alimentos por petróleo" y la actitud oportunista de algunos países que siguieron comerciando con Irak a pesar de Husein, ayudando a mantenerlo en el poder, e incluso vendiéndole pertrechos bélicos, conforme al dictum clave de la realpolitik: "los países no tienen principios, sólo intereses".
En el Lejano Oriente y a apenas veinte años de la guerra de Vietnam, EU se apresuró a normalizar relaciones con el país que antes ocupó militarmente, para que este facilitara la exploración y producción de sus yacimientos en su plataforma marina. El caso de Nigeria también es otro ejemplo en que el petróleo se ve mezclado en las tradicionales luchas por el poder, en un país con numerosas etnias enfrentadas entre sí, con gobiernos poco eficientes y que no redistribuyen la riqueza petrolera acorde con las necesidades populares.
En la República Insular de Santo Tomé – Príncipe, los países industrializados se hacen la vista gorda a la autocracia. Y ni hablar de los reinos feudales de Arabia Saudita y Kuwait, que no reciben el mismo impulso democratizador que pregonan las potencias, gracias a la enorme importancia petrolera de esas monarquías.
Aquí en Latinoamérica se podría citar a Ecuador, Venezuela y Bolivia, como países donde tampoco campea una democracia funcional, ni se ha logrado distribuir equitativamente la renta petrolera, a pesar de las buenas intenciones de sus gobernantes, pasados y actuales. Pero la diplomacia petrolera ha tergiversado la práctica democratizadora de la superpotencia del norte, más necesitada de un suministro amplio y seguro de productos energéticos, que de enfrentamientos ideológicos. Y las relaciones con México se mantienen cordiales, a pesar de la fuerte oleada migratoria y la condena de Fox a la invasión de Irak, gracias a que suple suficiente petróleo y gas natural al norte en estos tiempos difíciles.
El petróleo ha engrasado las relaciones diplomáticas entre países de diversas ideologías y sistemas políticos, relegando en lugares secundarios principios supuestamente loables como: autonomía, democracia, justicia y equidad.
El autor es licenciado en Relaciones Internacionales
Además en opinión
•¡Por ser un buen compañero!: Daniel Pichel • Mi voto por los niños de la calle: Penny de Henríquez • Panamá y Martín en la ONU: Betty Brannan Jaén • La diplomacia y el petróleo: Edwin I. Pinzón V. • Seguridad en el Canal: Oscar Paz Arias
|