| MEDIDAS.
Mi voto por los niños de la calle
Penny de Henríquez
Cada vez que pasamos en la calle por los semáforos y las paradas de autobuses, vemos niños que piden plata, limpian los parabrisas y venden desde golosinas derretidas por el calor de sus manitas bajo el despiadado sol del mediodía, hasta estampitas de santos que no parecen cambiar su suerte, todo para obtener unas cuantas moneditas.
Algunas personas generosas contribuyen con algo para ayudarlos; otras, la mayoría, se niegan, porque dicen que no van a fomentar el vicio, que los padres los mandan para quitarles luego la plata, que no quieren ir a la escuela, que es el gobierno quien debe ayudarlos… pero la pregunta es, si no los ayudamos y tampoco hacemos nada, entonces ¿cómo se va a terminar el problema, por arte de magia?
No ayudamos a los adultos porque pensamos que deberían estar trabajando, (¿y dónde está el trabajo?), no ayudamos a los chiquitos porque sería fomentarles la vagancia y ser cómplices de sus padres. No ayudamos a los viejos porque van a gastarse todo el dinero emborrachándose. No ayudamos a los jóvenes porque tememos que nos asalten... y claro, mientras tanto la única solución que encontramos es seguir de largo y mirarlos de reojo con cara de culpabilidad.
Es cierto que el Estado debería ocuparse de buscar las soluciones, pero ya que no lo hace, bien podríamos salir al paso dando una mano a quienes sí están trabajando activamente. Esto no significa que tenemos que convertirnos en misioneras o misioneros de la orden de la Madre Teresa o en voluntarios de la Cruz Roja, pero tampoco es necesario viajar hasta Calcuta ni vestir el clásico uniforme del signo escarlata para encontrar la manera de ayudar.
En nuestro país hay varios comedores que necesitan ayuda, grupos organizados como El Ejército de Salvación, Casa Esperanza, Nutre Hogar; sólo se necesita voluntad, dar un poquito de lo que se pueda. Si no tiene tiempo, cuando haga sus compras en el supermercado adquiera unas latas de leche de más, cuando compre billetes de lotería, aparte un dólar para donar, ¿es mucho esfuerzo? Si no sabe cómo entregar las donaciones busque el directorio y localice los números de esos sitios, ellos con mucho gusto recogerán su aporte.
Dar y recibir debería ser ley de la vida. Que los que más tienen compartan con los menos favorecidos y que los adultos se preocupen por los niños, que son el futuro de la nación. En vez de pedir sanciones y cárceles, pidamos comida. En vez de penas máximas, mejores escuelas y en vez de jueces y abogados que creen que con aquellas medidas van a salvar al país, pidamos maestros, médicos y enfermeras dispuestos y dispuestas a brindar conocimientos, cultura, buenas costumbres, oficios honrados, control de enfermedades y un poco de alegría a esos niños que más que delincuentes son víctimas de la sociedad, del Estado y de todos nosotros.
Ya que el Estado no da la cara, no demos nosotros la espalda.
La autora es periodista
Además en opinión
•¡Por ser un buen compañero!: Daniel Pichel • Mi voto por los niños de la calle: Penny de Henríquez • Panamá y Martín en la ONU: Betty Brannan Jaén • La diplomacia y el petróleo: Edwin I. Pinzón V. • Seguridad en el Canal: Oscar Paz Arias
|